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Escritores africanos: ¿Y si Obama fuese africano? (traducción)

 

¿Cuál es la imagen que tenemos de África? Aparte de ser el continente con más países del mundo, nuestra amada África tiene una gran cantidad de escritores y escritoras de habla portuguesa. Nuestro Corresponsal Vive Afro, Juan Sebastián Mina, nos trae un recorrido por las obras más importantes de José Eduardo Agualusa, Fátima Bettencourt y Mia Couto. 

 

               ¿Y si Obama fuese africano?*    

Por Mia Couto

Traducción de Juan Sebastián Mina

 

Los africanos se celebraron con júbilo la victoria de Obama. Yo fui uno de ellos. Luego de una noche en vela, en medio de la penumbra irreal de la madrugada, las lágrimas corrieron por mi rostro cuando él pronuncia su discurso de vencedor. En ese momento, yo también era un vencedor. La misma felicidad me atrapó cuando Nelson Mandela fue liberado y elegido como nuevo estatista surafricano, consolidando un camino de dignificación para África.

La noche del 5 de noviembre, el nuevo presidente norteamericano no era solo un hombre que hablaba. Era la voz sofocada de la esperanza que se erguía, libre, liberta, dentro de nosotros. Mi corazón había votado, aún sin permiso: habituado a pedir poco, yo festejaba una victoria sin dimensiones. Al salir a la calle, mi ciudad se había transformado en una Chicago, negros y blancos comulgando una misma sorpresa feliz. Porque la victoria de Obama no fue la victoria de una raza sobre otra; sin la participación maciza de los americanos de todas las razas (incluyendo la de la mayoría blanca) los Estados Unidos de América no nos darían motivos para festejar.

En los días siguientes, fue recogiendo las reacciones eufóricas de los más diversos rincones de nuestro continente. Personas anónimas, ciudadanos del común que quisieron testimoniar su felicidad. Al tiempo, fui tomando nota, con algunas reservas, de los mensajes de solidad de los dirigentes africanos. Casi todos llamaban a Obama como “nuestro hermano”. Y pensé: ¿estarán todos esos dirigentes siendo sinceros? ¿Será que Barack Obama es familiar de tanta gente políticamente tan diversa? Tengo mis dudas. En el afán de ver preconceptos solo en los otros, no somos capaces de ver nuestros propios racismos y xenofobias. En el afán de condenar a Occidente, nos olvidamos de aceptar las lecciones que nos llegan desde ese otro lado del mundo.

Fue entonces que cayó en mis manos un texto de un escritor camerunés, Patrice Nganang, titulado: “¿Y si Obama fuese camerunés?”. Las cuestiones que mi colega levantaba me surgieron diversas preguntas, formuladas ahora alrededor de la siguiente hipótesis: ¿y si Obama fuese africano, y se candidatara a la presidencia de un país africano? Son estas las preguntas que me gustaría explorar en este texto.

¿Y si Obama fuese africano y candidato a una presidencia africana?

  1. Se Obama fuese africano, un competidor (un cualquier George Bush de las Áfricas), inventaría algún cambio en la Constitución para prolongar su mandato más allá de lo previsto. Y nuestro Obama tendría que esperar algunos años más para volver a candidatarse. La espero podría ser larga si tenemos en cuenta la permanencia de un mismo presidente en el poder en África. Unos 41 años en Gabón, 39 em Libia, 28 en Zimbabue, 28 en Guinea Ecuatorial, 28 en Angola, 27 en Egipto, 26 en Camerún. Y así podría seguir con la composición de presidentes que gobiernan hace más de veinte años consecutivos en el continente. Magube cumplirá 90 años cuando termine el mandato por el que se impuso sobre el veredicto popular.
  2. Se Obama fuese africano, lo más probable era que, siendo un candidato del partido de oposición, no tuviera espacio para hacer campaña. Harían con él como, por ejemplo, en Zimbabue o en Camerún: sería agredido físicamente, sería preso consecutivamente, le sería retenido el pasaporte. Los Bush de África no toleran opositores, no toleran la democracia.
  3. Se Obama fuese africano, no sería si quiera elegible en gran parte de los países porque las élites en el poder inventarían leyes restrictivas que cerrarían las puertas de la presidencia a los hijos de extranjeros y a los descendientes de inmigrantes. El nacionalista zambiano Kenneth Kaunda está siendo tildado, en su propio país, como hijo de malauíes. Convenientemente “descubrieron” que el hombre que condujo a Zambia a la independencia y que gobernó por más de 25 años era, al final, hijo de malauíes y durante todo ese tiempo había gobernado “ilegalmente”. Prepo por alegadas intenciones golpistas, nuestro Kenneth Kaunda (que da nombre a una de las más importantes avenidas en Maputo) será interdicto de hacer político y así el régimen vigente se veré libre de un opositor.
  4. Seamos claros: Obama es negro en los Estados Unidos. En África es un mulato. Si Obama fuese africano, vería su raza lanza en ristre contra su propia cara. No es que el color de piel fuese importante para los pueblos que esperan ver en sus líderes competencia y trabajo serio, pero las élites predadoras harían campaña contra alguien que designarían como un “no auténtico africano”. El mismo hermano negro que hoy es saludado como nuevo presidente americano sería vilipendiado en casa como siendo representante de los “otros”, de los de otra raza, de otra bandera (¿o de ninguna bandera?)
  5. Si fuese negro, ese “hermano” nuestro tendría que dar muchas explicaciones a los moralistas de servicio cuando pensó en incluir en su discurso de agradecimiento el apoyo que recibió de los homosexuales. Pecado mortal para los abogados de la llamada “pureza africana”. Para estos moralistas -tantas veces en el poder, tantas veces con poder -la homosexualidad es un inaceptable vicio mortal que es exterior a África y a los africanos.
  6. Se ganase las elecciones, Obama tendría probablemente que sentarse a la mesa de negociaciones y repartir el poder con el derrotado, en un proceso de negociación degradante que muestra que, en ciertos países africanos, el perdedor puede negociar aquello que parece sagrado: la voluntad del pueblo expresada en los votos. En esta cultura, estaría Barak Obama sentado en una mesa con un cualquier Bush en infinitas rondas de negociación con mediadores africanos que enseñan que nos debemos contentar con las migajas de los procesos electorales que no favorecen a los dictadores.

Inconclusas conclusiones

Queda claro: existen excepciones en este cuadro generalista. Sabemos todo de qué excepciones estamos hablando, y nosotros mismos, mozambiqueño, fuimos capaces de construir una de esas condiciones a parte.

Queda igualmente claro: todos estos cuestionamientos a un Obama no serían impuestos por el pueblo, sino por los dueños del poder, por élites que hacen del gobierno una fuente de enriquecimiento sin escrúpulos.

La verdad es que Obama no es africano. La verdad es que los africanos -las personas simples y los trabajadores anónimos -festejaron con toda el alma la victoria americana de Obama. Pero no creo que los dictadores y corruptos de África tenga el derecho de ser invitados a la fiesta, porque la alegría que millones de africanos experimentaron el 5 de noviembre nacía de que invistieron a Obama exactamente con lo apuesto a aquello que conocen desde su experiencia con sus propios dirigentes. Por mucho que nos cueste admitir, solo una minoría de los estados africanos conoce o conoció dirigentes preocupados con el bien público.

En el mismo día en que Obama confirmaba la condición de vencedor, los diarios internacionales abarrotaban de noticias terribles sobre África. En el mismo día de la victoria de la mayoría norteamericana, África continuaba siendo derrotada por las guerras, mala gestión, ambición desmesurada de políticos gananciosos. Luego de matar la democracia, esos políticos están matando a la propia política. Resta la guerra, en algunos casos; en otros, la resignación y el cinismo.

Solo hay un modo verdadero de celebrar Obama en los países africanos: es luchar para que más banderas de esperanza puedan nacer aquí, en nuestro continente. Es luchar para que Obamas africanos puedan también vencer. Y nosotros, africanos de todas las etnias y razas, venceremos con esos Obamas y celebraremos en nuestra casa aquello que ahora festejamos en casa ajena.

 

*Texto publicado a mediados de noviembre de 2008 en el periódico Savana, en Maputo.

 

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Imagen tomada de HBO.

 

Vive Afro, 8 años haciendo periodismo étnico digital

 

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