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“Sin odios y sin miedo”: un discurso indignante y revictimizante, típico de la derecha tradicional

Se acercan las elecciones presidenciales y parlamentarias en Colombia. Los colombianos tenemos un desafío enorme que no se resuelve solo con lo electoral: el país tendrá que seguir creciendo en la organización popular y la movilización colectiva, por tanto, profundizar su conciencia histórica y política, puesto que la realidad histórica y la actual no demandan solo de votantes de domingo, sino de fuerzas colectivas dispuestas a superar la oposición, la resistencia y convertirse en poder económico y político.

 

Además, el reto comprende la construcción de un modelo económico sostenible que frene el cambio climático (el cual aumenta sus cifras de víctimas recientemente en Alemania, China y Bélgica) y, particularmente, el agotamiento del neoliberalismo, motor de la acumulación por desposesión y la exacerbación de la miseria, promotor de las crisis económicas mundiales, la emergencia de pandemias como el Covid-19 (que puede convertirse en endémica) y del calentamiento global, por señalar algunos.

 

Todo esto implica transformaciones profundas que quienes han ostentado el poder no están prestos a realizar ni a asumir. Aún en tiempos de “crisis” y de pandemias a ellos les sigue yendo muy bien. De manera que las ciudadanías están convocadas a pensar en procesos asociativos robustos transregionales, nacionales e internacionales. Igualmente, ante las posibilidades de gobiernos alternativos, la única posibilidad de cambio reside en la organización popular en diferentes dimensiones.

 

Lo que ha sucedido en los últimos meses de resistencia, ha marcado un ejemplo del camino a recorrer: fortalecimiento de la solidaridad como corazón del cambio, la internacionalización de la movilización, la reflexión desde la pluralidad, la alegría y pacifismo notorio en las manifestaciones (ya conocemos la estrategia de los gobiernos y medios tradicionales para vandalizar), la toma en manos de las preguntas y respuestas frente a las problemáticas, la dinamización de medios de comunicación propios, etc. La interdependencia de las naciones es cada vez más determinante y será clave.

 

Asimismo, “la crisis capitalista” también genera movimientos de adaptación, generalmente alejados de la justicia histórica, social, la ecología y el humanismo. Colombia y la humanidad tienen dos opciones: se impone la democracia, el poder popular para verdaderas transformaciones o será la naturaleza la que se seguirá imponiendo poco a poco. Los grandes capitales poco se inquietan, pues no serán los primeros afectados, obviamente están en mejores condiciones para enfrentar las tragedias del cambio climático y su naturaleza saqueadora los llevará hasta su último respiro de avaricia.

 

Colombia tiene elementos adicionales frente al grupo endogámico que hasta ha desgobernado que he nombrado como el caotismo o disipativismo político; una mezcla entre feudalismo, conservadurismo, criminalidad, mediocridad, servilismo, mendicidad, violencia, clasismo, sexismo, racismo, xenofobia, homofobia, multiculturalismo, lo subsidiario, etc. En medio de estas dinámicas “de río revuelto”, como acuñan en el lenguaje de mi natal Condoto, surgen discursos que resultan muy atractivos y pertinentes, pero que en el fondo obedecen a la misma naturaleza extractivista y concentradora de las riquezas, lo que sucede con la coalición fajardista.

 

De esta coalición participan: el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo; el senador Jorge Enrique Robledo; el exjefe negociador, Humberto de la Calle; el exministro Juan Fernando Cristo y el excongresista Juan Manuel Galán. Las personerías jurídicas corresponden al Partido Verde, el nuevo partido Dignidad, la Alianza Social Independiente y Colombia Renaciente. Estos sectores, además, representan la continuidad del neoliberalismo solo que, con un discurso solapado, endulzado y recientemente “multicultural”, con la llegada del Partido de Jhon Arley Murillo, quien clama la presencia como candidato presidencial a Luis Gilberto Murillo y hemos visto ferviente con el discurso de “la polarización, los extremos, el centro” y otras, producto de la amnesia histórica asumida.

 

Uno pudiera preguntarse ¿en las trayectorias políticas de esta alianza, ¿cuáles han sido las grandes apuestas frente a los problemas fundamentales de Colombia? Y para conversar con el “representante de comunidades étnicas afro” ¿cuáles han sido los grandes debates de la coalición fajardista respecto a los temas fundamentales de la gente afrocolombiana? ¿a quién representa? Amén de algunos debates del natural opositor Jorge Robledo (nunca le había interesado ser gobierno), poco lograríamos evidenciar, además de dos palabrejas para capturar la atención de bobos o la defensa del acuerdo de paz con las FARC.

 

Paradójicamente, en las elecciones del 2018 decidieron apoyar el neoliberalismo uribista, ignorando el clamor popular y de la juventud, y abrigando solo sus egos e intereses personales y familiares. Notablemente, eran conscientes de las implicaciones de sus decisiones políticas respecto a una Colombia que pide a gritos consolidar la paz, detener la corrupción, desplazar la criminalidad de las instituciones del Estado, eliminar los abismos de la desigualdad, universalización de la educación superior, más oportunidades para la juventud, entre otros, propuestas que el candidato de la Colombia Humana reiteradamente compartió.

 

La decisión fue clara: importa un bledo lo que suceda en las elecciones, pero no nos abriremos a una coalición ampliada con la Colombia Humana. A regañadientes algunos del sector más poderoso del Partido Verde se adhirieron a la campaña, con las penosas “tablas de Moisés”. ¿Acaso no sabían lo que implicaría la continuidad o para algunos, el regreso del uribismo?

 

Volviendo sobre lo que nos interesa, encontramos expresiones como: “no polarizar”, “superar los odios”, “sin odios ni miedos”, “sin rabia ni miedos”, etc; muy parecido al lema de Duque, “soluciones no agresiones”. Todos conducen a un lugar: la revictimización de las poblaciones empobrecidas, la acomodación de una clase media con síndrome de doña Florinda y la imposición del olvido, más violencia. De otro modo, los medios de comunicación elitistas y gobiernistas, con el ánimo de restarle popularidad a los sectores políticos alternativos, han promovido idea de que cualquier reclamación de justicia social, oposición al extractivismo, denuncia contra la corrupción, denuncia de la criminalidad de cuello blanco, movilización social, etc, sea convertida en “polarización”, “muestra de odio” o “agresión”.

 

Quieren hacernos creer que las divisiones que hay en el país obedecen a “ideologías de odio” que provienen de los sectores oprimidos, racializados, vilipendiados e violentados históricamente, quienes las denuncian, las padecen, las resisten y las confrontan, de hecho. De forma cínica, intentan esconder que la verdadera polarización en Colombia tiene que ver con la acumulación de riquezas, la exacerbación de la miseria, la concentración de tierras, la promoción de grupos armados, la corrupción, el nepotismo, entre otros, a manos de los clanes que han venido gobernando.

 

Evidentemente, lo que encontramos es una defensa acérrima al status quo construyendo una imagen culpabilizante, de injusta y perversa de los sobrevivientes del régimen de desgobierno. En breve, si deseamos hablar de “odios” tenemos que preguntarnos por ¿quiénes son responsables de que Colombia sea el quinto país más desigual del mundo? ¿quiénes son los responsables de la muerte de miles de niños por desnutrición, hambre y sed? ¿quiénes son los responsables de la concentración de la tierra mediante la violencia en Colombia? ¿quiénes han creado y promovido grupos al margen de la ley para desterrar campesinos y apropiarse de la tierra? ¿quiénes son los responsables del conflicto armado más largo del continente? ¿quiénes se roban al menos 50 billones de pesos anuales? ¿quiénes son los protagonistas de los escándalos diarios de corrupción? ¿Quiénes son los que se roban el dinero de la educación y la comida de la niñez? ¿quiénes han generado tantas leyes que profundizan la miseria y la pobreza? ¿Quiénes son los que han destruido y desfinanciado las instituciones públicas? ¿quiénes son los que deciden profundizar en la guerra?

 

Dadas nuestras realidades, tal vez sean precisamente el pacifismo de los colombianos el que no haya llevado a peores tragedias de las que ya hemos vivido; y/o quizá esto implique también el cinismo con el que las élites han seguido ejerciendo toda forma de violencia contra las mayorías.

 

Ahora bien, también he escuchado hablar de la superación de “la rabia”. Comprendo inicialmente que esta sea una invitación a la reflexión antes de tomar una decisión, pero en la medida en que se escucha o se lee más los discursos de la coalición, entiendo un llamado al perdón y olvido. En este orden de ideas, quieren pasar de agache en todas las discusiones que tocan las estructuras del proyecto económico neoliberal. Es claro que no procuran debates críticos sobre los temas que le duelen a la gente, sino que tienen una agenda prefabricada, una retórica de jean, camisa y sin correa, que no tiene la más mínima intención de incomodar. Las transformaciones reales en cualquier sociedad conllevan per se a la turbulencia y, para el caso colombiano, los acumuladores tendrán que ser desplazados del confort. Entonces, el pacto es estar bien con “dios y el diablo” (son intereses, por eso Dios en minúscula). Intentan arrancar el derecho natural que tiene toda ciudadanía para indignarse y vehementemente denunciar la tiranía.

 

Finalmente, la sobrevivencia y la esperanza que contemplamos hoy los colombianos obedece a saber navegar en medio del miedo. Suficientes son las razones para temer en un país con el mayor número de desplazados internos por causa de la guerra y los megaproyectos (8,3 millones, de 50 millones de habitantes). Ahora bien, comprendo que la noción del “miedo y el odio” se relacionen continuamente con la cabeza visible de la Colombia Humana, como estrategia de la política sucia tradicional, la podrítica, para debilitarle y perpetuarse en el poder. Aquí coinciden las llamadas Extrema Derecha, Derecha y el Centro. Sin embargo, lo que no comprenden estos partidos y muchos de sus seguidores que intentan capturar “una clase media con síndrome de doña Florinda”, indiferente frente a la pariferización y cómoda con las migajas que se caen de la mesa, es que su estrategia política se une a un nuevo ciclo de violencias contra los sobrevivientes.

 

De forma directa se nos obliga a “callar” ante las injusticias sostenidas y, también, intentan invalidar a grupos sociales que desde hace décadas le proponen la democracia sustantiva al país. Muestran su clasismo y racismo, los sectores que sostienen el hoy Pacto Histórico tienen que ver con la amplia mayoría empobrecida, la gente trabajadora, las juventudes, sobrevivientes de la violencia, mujeres, movimientos sociales, los pueblos y comunidades indígenas y afrocolombianos.

 

Por su parte, la Coalición fajardista corresponde a un sector reformista un poco menos poderosos que los de siempre, quieren revelarse, pero siempre manteniendo el principio de que siguen siendo “blancos”, “saben expresarse”, “saben comportarse”, “no son tan pobres”, “son andinos”, “no son costeños”, “ellos son tolerantes”, “ellos son respetuosos” y “ellos sí saben gobernar”.

 

Recientemente, el precandidato Sergio Fajardo rechazaba el hecho que el senador Gustavo Bolívar se refiriera a Claudia López, alcaldesa de Bogotá, como “rastrera”, luego de que esta relacionara al senador y a la Colombia Humana como promotores y financiadores del “vandalismo” en las manifestaciones. Sobre estas violentas declaraciones, el precandidato no mencionó una sola palabra. Si buscan reconciliar al país y desarrollar la justicia social ¿Cuáles son los impedimentos para que los temas centrales que afectan a las mayorías estén en la mesa con seriedad y los sujetos sean poder? ¿por qué incomoda tanto que se digan las cosas como son? ¿Por qué este juego retórico del miedo y el odio? “A otro perro con ese hueso”, llamado Coalición de la Esperanza.

 

Lee otras columnas de Yeison Arcadio 

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

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