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Sanar la pérdida en el terreno fértil de la hermandad

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«Sanar los vestigios de una ruptura depende del lado de la raíz que quieras caminar y cortar»

 

Hay dolores que queman, que ahogan, que te hacen dar golpes secos en la pared. Dolores que infestan el cuerpo, lo enferman en silencio. Amar a varias caras, a varias versiones falsas de una misma persona es una lenta agonía. Agonía imperceptible que ciega, que se oculta entre los muros del amor romántico. El cuerpo alerta cuando a veces la mente no ha razonado claramente. Los órganos duelen. De repente la respiración se vuelve más corta menos profunda, el pecho se contrae, el estómago sin apetito se retuerce hasta vomitar expulsando el asco de la decepción y de la confusión. En ocasiones, puede ser que la espalda no quiera sostener el peso de la pérdida, que los pies duelan, que el cuerpo entre en un aletargamiento que durará hasta que deba. Y puede que en ese momento nos demos cuenta que algo no esta funcionando, que el juego del amor se ha vuelto un laberinto, que nos hemos perdido en un vínculo de pareja engañoso y manipulador.

 

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Como este juego es azaroso, una siempre debería tener un lugar al que volver. Un espacio, un placer, un hábito, un libro, un pensamiento que una misma haya cultivado para sí. Pero, puede que la mente se niegue a regresar, que este acostumbrada a la comodidad de aquella compañía. Esa compañía que era plácida, que se convirtió en terreno de calma, que quizá se había decidido que daba lo que se necesitaba, a partir de un autoconvencimiento que se negaba al caos y al dolor de la pérdida. Pero la propia mente también es territorio de desconfianza, también nos engaña y entonces quizá lo mejor sea apagarla. Y en ese momento si tenemos suerte, si nos hemos esmerado en fertilizar el camino de la amistad que se convierte en hermandad y en un poder sonoro inagotable, las voces de aliento de nuestras hermanas de vida se cuelan en los vacíos, en los huecos, en la tierra que tenemos árida; y sin exagerar, nos salvan, nos jalonan sin piedad con una cabuya, aún en contra de la voluntad insensata que se gesta para resistirse al vacío que deja la ruptura. Y ellas nos reubican en el lugar que nos merecemos, sin una misma saber que lo merecía.

 

 

Quién mejor que aquellas que te acompañan en el camino con ternura, que te ven en crecimiento y derrota constante, que comparten junto a una solo por el placer de estar, de hacer memoria sin importar en dónde se está; quién mejor que aquellas que lloran tus pérdidas, y saltan tus triunfos, quiénes mejor que ese aquelarre de hermanas para mostrarte la clase de amor que mereces recibir.

 

Una vez allí, en el despertar de la mente, con el tiempo a nuestro favor, el cuerpo pide ser renovado, pide sudar lo intoxicado, busca otras formas en el espejo, muta. Nos da la oportunidad de habitarlo nuevamente, de acariciarlo con compasión, de sudarlo al son de sonidos caribeños, de inundarlo de placer, de respirar desde el fondo.  Y puede ser que el tiempo corra a su ritmo en cada mente, y que sanar los vestigios de una ruptura dependa del lado de la raíz que quieras caminar y cortar; puede ser que se decida vivir el dolor hasta que este nos mutile el amor; o puede que se quiera buscar el amor en medio de la fetidez y de la obnubilación de la pérdida.

 

Sin importar el camino, esperemos siempre encontrar un retorno al amor; a través de una canción, de una mirada, de un plato de comida, del mar, de un libro, de una pintura, de una caricia, de una carcajada, de una fotografía. Esperemos no perder la mirada a la vida desde el amor, y que contemos con la dicha de que esta nos inunde de aquel que nos merecemos; y que florezcamos, y que los ojos nos brillen de nuevo, y la piel se vuelva firme, y el pecho se des contraiga, y el estómago procese mejor, y la mente se apacigüe, y el corazón entre en armonía con nuestra respiración; que la sanación y el despertar venga con una búsqueda interna más placentera, con la exquisitez del disfrute del cuerpo, con diálogo, con comprensión, y con el deseo de conectar con otres desde el cuidado mutuo de la vida.

 

Leidy Chaverra González
Productora de Arte
Redes:

 

Sarick Natalia De Avila Majul
Apoyo Fotográfico
Redes: @__majul_

 

Iyana Esters
Fotografa principal

 

Maria Fernanda Vizcaino Del Rio
Mar Del Rio
Escritora, Modelo y Apoyo Fotográfico
Redes: mardelrio_

 

Fotografía: Cortesía
 

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opinión

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