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RITUALIDADES

Tomasa Reyes: la última partera de Palenque

Tomasa Reyes es la última partera de Palenque, nació muy cerca a la Sierra Nevada de Santa Marta y como ella misma lo menciona, tiene raíces riohacheras y cienagueras. Atendió su primer parto a los 12 años y recuerda con nostalgia que gracias a su abuela, aprendió los secretos de las plantas para aliviar los dolores del cuerpoy los secretos de las manos para hacer los sobijos y acompañar la gestación y el alumbramiento.

 

“Es mi práctica heredada, yo la heredé, yo me fui ilusionando con mi abuela porque yo salía con ella, a veces no había espacio para que yo me quedara afuera y entonces me tocaba que yo estar en el cuarto con ella, verlo todo, y uno iba viendo eso. Y así me fui viendo, me fui viendo, me fui viendo, ya hasta con las muñecas yo jugaba partiando, ya cuando yo tuve por ahí como… mi primer parto lo recibí teniendo yo 12 años”. – Tomasa

 

La partería es una práctica ancestral que en regiones como el Caribe colombiano encuentra una armonía entre los saberes de los pueblos negros y los pueblos indígenas. Tomasa es la síntesis de esta armonía, pues fue ante el espectáculo que ofrece el encuentro entre el mar y la Sierra, que empezó adquirir la sabiduría indígena proveniente de sus mayores y compartida a través de su abuela, y fue en San Basilio de Palenque, territorio al que llegó a los 21 años, en donde afianzó sus conocimientos y amplió sus destrezas poniéndolas al servicio de la comunidad. Conoce las plantas de la Sierra que imponente se reviste sobre el mar Caribe y conoce las plantas del monte que crecen a orillas del arroyo.

 

En el solar que da la bienvenida a su casa, tiene cultivadas todo tipo de flores a quienes cuida y alimenta como si se tratara de las criaturas a quienes ha recibido en medio del llanto y la alegría. El patio trasero es el lugar obligado para conversar sobre su historia y sus saberes, pues allí permanecen las plantas que ha sembrado y que han acompañado su labor: hierbasanta, lengua e’ suegra, anamú, hierbabuena, hierba de limón y hasta habichuela, ocupan todo su patio y más de la mitad de su casa. Me cuenta orgullosa que descubrió el poder de una planta que “bien preparada y bien tomada hace las veces de pitosín”, y que son muchos los pelaos que hoy la llaman abuela, no por un lazo consanguíneo compartido, sino por haber sido ella, la mujer que los ayudó a llegar al mundo.

 

La partería en San Basilio de Palenque es una práctica en desuso, Tomasa recuerda que hace más de cincuenta años, cuando llegó al pueblo no había puesto de salud y las mujeres recurrían a ella y a las sabedoras que albergaban el conocimiento de la vida y la sabiduría de la tierra en sus manos, las buscaban incluso antes del embarazo, pues ante el deseo de ser madres, las mujeres se preparaban física y espiritualmente para la gestación, tomaban infusiones recomendadas y preparadas por las comadronas, acudían a ellas para sobarse el vientre y pedir los secretos de la luna y de las plantas, asegurando así una gestación en equilibrio con la tierra y con las mujeres de la comunidad.

Fue con la llegada del puesto de salud y la frecuencia con la que las palenqueras empezaron a salir del pueblo hacia Cartagena, con el propósito de vender los dulces y las frutas que sus esposos cultivaban en el monte, que la partería en San Basilio de Palenque se fue debilitando, a esto se suma el aumento de embarazos en niñas y adolescentes, pues según lo menciona Tomasa, en la mayoría de los casos, los cuerpos de las menores no están preparados para alumbrar y deben recurrir a cesáreas que, aunque interrumpen el proceso natural, garantizan menor esfuerzo y por lo tanto se reducen los riesgos de muerte durante el nacimiento.

 

Las grandes sabedoras y viejas comadronas fueron muriendo, y con ellas sus secretos. Hoy en día, Tomasa continúa adquiriendo conocimientos tanto de la medicina tradicional como de la medicina moderna, pues insiste en permanecer actualizada sobre los nuevos descubrimientos, sin dejar de lado los secretos que ha ido cultivando a lo largo de su vida gracias a su experiencia. Anhela que las niñas y las jóvenes del pueblo se acerquen a ella, con la intensión de aprender y no permitir que muera la práctica. En noviembre pasado cumplió 79 años y los celebró con música, sancocho y ñeque en frente de su casa, en donde permanece en compañía de sus plantas y sus flores, no se limita cuando de conversar se trata, pues su mayor orgullo es haber sido testigo de la vida y el milagro de la existencia durante tantos años.

“Yo quisiera que por lo menos una hija mía, una nieta mía cogiera este arte también, ¡porque es una cosa tan divina! yo no sé, yo me sentía tan feliz cuando venía un niño, una niña a este mundo, ver a esa mujer que se desgarra por entregarle su vida y yo que soy otra mujer ayudándola, curándole su cuerpo, arropándola, haciéndole su masaje, pa’ mi, una niña que llega es una cosa muy maravillosa, eso para mí significa una cosa muy grande, una vida que llegó ¡pero llegó a mis manos! del cuerpo de su mamá directamente a mis brazos, una vida que está por delante y que la voy a ver crecer ¡Ombeeee! ¡recibirla es recibir vida! y de manera natural, con sus plantas, con sus hierbas, con todo lo que aquí nos brinda el territorio.” – Tomasa

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