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ESPIRITUALIDADES

El olvido de Ecce Homo, el Santo de Raspadura

Desde 1810 se conoce de las acciones milagrosas del Santo Ecce Homo de Raspadura, cuando la minera María de la Paz Salamandra le compró un óleo al esclavista Juan José Mosquera, un retablo con la imagen de un Cristo flagelado, con aspecto melancólico y apacible. 

 

Desde que el Santo Ecce Homo realizó su primer milagro, muchas personas de pueblos cercanos, que escuchaban las buenas nuevas sobre esta deidad milagrosa, empezaron a visitar el pueblo en busca de milagros de todo tipo y a cambio ofrecían mandatos al Santo. Hoy en día, aunque en menor medida la tradición se mantiene, y las personas siguen yendo a Raspadura en busca de la ayuda del Santo que hace milagros.

 

Raspadura es un pequeño pueblo del departamento del Chocó ubicado en el municipio de Unión Panamericana, en la vía que comunica a Itsmina con Quibdó, su población no supera los 4.000 habitantes, y sus casas rodean la iglesia que está ubicada en el centro del pueblo. Las personas que viven ahí se dedican a la minería artesanal y a la venta de artículos religiosos.

 

 

Desde la llegada del Santo Ecce Homo, hace más de 200 años, la historia de Raspadura se reescribió y todo lo que el pueblo es, se cimentó en su historia religiosa, la vida que viven los raspadureños ha estado en función de la cultura religiosa y se puede decir que en alguna medida esa es su tradición cultural más fuerte, toda la comunidad, pero principalmente los adultos mayores participan en todo lo que se relaciona con el Santo.

 

Si bien es cierto que hay tradiciones culturales ligadas a lo afro, como la chirimía y los alabados, muchas se han mezclado con la tradición religiosa y han exaltado, la creencia y también la cultura de Raspadura, sin embargo, con los años y con las nuevas generaciones todo esto se ha ido olvidando y la memoria colectiva e individual que conforma la tradición del pueblo y que ha sido la base de la historia cultural y social, se ha ido perdiendo.

 

 

Son las 7:00 a.m. Domingo, las campanadas de la iglesia dan aviso a la comunidad de que la misa está empezando, en el fondo se escucha tenuemente la voz del sacerdote invitando a las personas a asistir a la iglesia.

Paulatinamente algunas personas de la comunidad y algunos visitantes que llegan al pueblo desde temprano, empiezan a ingresar al templo mientras se persignan e intentan tocar la imagen del Santo Ecce Homo como muestra de respeto y devoción. En la tarima cerca del púlpito, las mujeres del grupo de alabanza empiezan a entonar las canciones que fervorosamente siempre cantan, mientras el padre se dispone a empezar con el sermón; las caras de ancianos, y uno que otro joven o niño están expectantes, a la vez que aplauden al ritmo de las alabanzas.

 

 

Hace varios años atrás, las personas de la comunidad de raspadura, sentían mayor veneración por el patrono del pueblo, y la misa del domingo rebosaba de personas. Sin embargo desde unos años para acá los únicos que mantienen las tradición y conocen la historia de la llegada del milagroso al pueblo, son los mayores, quienes siguen asistiendo a la misa, permanecen en su creencia y en su fe. Las nuevas generaciones parecen desconocer y no estar interesados por la religión o por el Santo Ecce Homo.

 

Raspadura como lugar de turismo religioso y social, parece estarse perdiendo; el problema no es que las personas ya no sean religiosas, sino que la no creencia de los habitantes más jóvenes del pueblo, está desconociendo la propia historia y las bases de su identidad social, por lo tanto el olvido de las tradiciones, el de la memoria colectiva y las prácticas religiosas.

 

 

 

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