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RITUALIDADES

 “¿Con qué corazón me iré?” Alabaos, romances y gualíes

 

Viaje al Pacífico Norte colombiano: la muerte, los alabaos y gualíes a través de tres cantaoras (1) chocoanas; Carmen Romelia Palacios Hinojosa, Aura Palacios Hinojosa y Modesta Palacios Hinojosa.

❖ Crónica periodística sobre Romelia, Aura y Modesta y sobre los Gualíes, Alabaos y Romances por Erika Stephany Díaz Ramos, Lina Vanessa Bustos Estupiñan y Marilia Guelfi.

 

Nos encontramos unas setenta voces un cinco de septiembre del 2020, desde la distancia, escuchábamos voces emocionadas, expectantes y desconocidas, con objetivos diversos que confluían en el diálogo extendido del Patrimonio Cultural Afro descendiente, raizal y palenquero; cada una y cada uno decidimos Contar lo Nuestro desde diversos lugares rurales y urbanos, centrales y periféricos del país.

 

En el contar nos comenzamos a descubrir y en ello unas voces resonaron más que otras, personas que defienden los DDHH, que cautivan el alma con el arte y la música, que transforman la comunicación, que lideran en sus territorios, en fin, nos veíamos con los oídos cada miércoles y sábados sembrando ideas y sentido a lo que se aprendía desde el pertenecer.

 

Este flujo comunicativo, hace que crezcan las dudas y el querer saber más de cada una de esas voces, que contaban lo particular de la cultura afro descendiente, raizal y palenquera, movilizaron diálogos y conversaciones más cercanas guiadas por los intereses de cada una y cada uno; cuánto poder descubrimos y cuanta distancia había entre nosotras a causa de la virtualidad.

 

Uno de los grupos convocó el arte y la danza, en este nos encontramos mujeres actrices, bailarinas, diseñadoras, músicas, profesoras, sociólogas, comunicadoras, estudiantes y sabedoras, vimos nuestros rostros por primera vez y fuimos cercanas. La participación de Romelia Palacios Hinojosa, Cantaora y Sabedora, sentó ideas concretas para nuestra construcción, y coincidimos en que la narración tan poderosa de una cantadora podría desplegar un sin número de significantes  representaciones artísticas, tan valiosas para el patrimonio cultural afro que sería imposible narrar en una sola voz todo este sentir.

Romelia y sus hermanas Modesta Palacios Hinojosa y Aura Palacios Hinojosa nos compartieron parte de su vida y la de sus siete hermanas provenientes del territorio de Quibdó, Chocó.

 

Carmen Romelia Palacios Hinojosa, nació en la capital del Chocó: Quibdó, Colombia, hace 60 años, es Cantaora, Sabedora y Docente, Mujer afro descendiente, viuda y madre cabeza de familia, adulta mayor, de familia muy resiliente.

Carmen Romelia Palacios Hinojosa Hinojosa

 

Modesta Palacios y Aura Palacios Hinojosa, son también Cantaoras, afrodescendientes, Docentes, adultas mayores, madres cabeza de familia y hermanas de Romelia. Ellas han sido quienes le han dado forma a este relato, en donde a través de sus voces contaremos en qué consisten los rituales musicales conocidos como gualíes, alabaos y romances del Pacífico Norte colombiano y cómo han sido sus experiencias y trayectorias como cantaoras.

 

 

Las tres, desde hace 15 años viven en Medellín: “tuvimos que migrar para un futuro mejor”, dice Modesta, mientras Romelia repasa mentalmente los motivos por los cuales no está más en el Urabá, Antioquia, donde logró trabajar durante 23 años.

 

Modesta Palacios Hinojosa

Cantaoras: Portadoras de versos

Es así, como nos empiezan a contar que desde pequeñas participaron en las ceremonias fúnebres de su región, donde se interpretaban estos cantos tristes y alegres legados de antaño, siendo así como heredaron ese conocimiento, acompañando los cantos mientras se aprendían algunas estrofas: “Todo el mundo iba a los velorios… así que nos íbamos aprendiendo sobre todo los coros.

 

 

El gusto con el que ellas acompañan a las familias con rezos y cantos se ha convertido en su forma actual de vida. Con lo que pretenden que este abundante e importante legado cultural no se olvide: “queremos que se sigan generando y transmitiendo nuestros conocimientos y legados, para que esto no se pierda, de modo que toda la gente se entere. Nosotras somos educadoras y siempre que hago eventos, los entono, los cantó, sobre todo la canción insignia, la canción de Leonor González Mena, “La mina”, también entono el gualí “el cuervo”, nos dice Romelia.

 

Aura Palacios Hinojosa

 

– Canción “A la mina” de Leonor Gonzáles Mena:

 

Aunque mi amo me mate, a la mina no voy,

Yo no quiero morirme en un socavón…

Aunque me aten cadenas, esclavo no soy…

 

Las cantaoras son claves en los ritos mortuorios constituidos como una manifestación viva de la nutrida herencia ancestral presente en la región del Pacífico Norte Colombiano. Esta práctica representa para la colectividad un permanente recordatorio del espíritu inventivo, creativo y resiliente de aquellas que las antecedieron y encontraron en ella una fórmula para conmemorar la vida y apoyar la transición hacia la eternidad del difunto, además de brindar consuelo y aliento a los familiares. Esta tradición fue como una “silenciosa lámpara” que guio su comportamiento vital y los ayudó a confrontar en forma creadora la insensatez de sus amos (Jaramillo, 2006).

 

Durante los ritos mortuorios, las cantoras realizan un homenaje al difunto durante una vigilia que contempla canticos, arrullos, plegarias, rezos del rosario y de un altar muy bien ornamentado, que en conjunto expresan la gratitud, el dolor y el afecto que se profesaba por el que partió:

 

Antes no habían funerarias y se hacía todo en la casa, así que se hacía lo que es el acompañamiento, que es cuando las personas están ya muy graves, la familia necesita que se les ayude en ese tiempo de convalecencia, entonces cuando se moría alguien, a nosotros nos gustaba mucho ir a ver y a aprender esos alabaos… Ya en Medellín, en el 2000 conformamos un grupo y estamos aprendiendo muchos más alabaos, asistimos a varios eventos dónde se cantan alabaos y donde podemos tener un poco más de repertorio. Nos cuenta Romelia.

 

Para Romelia y sus hermanas, las cualidades de una cantaora se basan en conocer los alabaos, que los entone bien y que le guste hacerlo: “lo principal es saberse los alabaos y darle los remeneos, que les guste, porque si no les gusta, por más que se los sepa no los va a entonar… y que se haga la entonación que se requiere”.

 

Cantemos al negro, cantémosle

ya que esta alma hoy se ausenta

pa’ no volver más. (Bis)

Se murió el negro José

ya lo llevan a enterrá

en parihuela de palo

y cuatro velas nomá.

Juan Guillermo Rúa.

 

La muerte, los alabaos y gualíes

Los alabaos y gualíes encuentran su origen en los romances, cantos poéticos extendidos durante la colonia a las personas esclavizadas provenientes de África, con el fin de enseñarles el Castellano. Con el tiempo sienten la necesidad de aflorar su sentir y la aflicción que representa una pérdida a través de la tradición oral asimilada y amalgamada con el componente religioso (Alabaos: Rituales musicales del Pacífico Colombiano, 2017).

 

Alabao:

Interpretado por Romelia, Modesta y Aura

Dios te salve maría,

blanca azucena,

peregrina del alma,

se va y nos deja (bis coro)

mucho quiere la virgen,

a San francisco,

porque guarda la llave

de Jesucristo (bis coro)

Mucho quiere la virgen

a San Antonio,

porque guarda la llave del purgatorio…

 

Para nosotras y nosotros muchas veces la muerte, desde afuera, ha resultado diversa; en tiempos de guerra la hemos visto trágica e injusta, en otras ocasiones nos ha dado una cuestionable tranquilidad y en la mayoría de casos ha sido indolente. La cosa cambia cuando ya nos toca a cada quién y pasa a nuestra vida personal, todas y todos coincidimos en el dolor y a pesar de seguir teniendo infinidad de sentimientos, nos han enseñado que debemos demostrar el luto, la tristeza, que reír delante de un muerto es algo tan irrespetuoso y desconsiderado, que muchas veces ninguno de los presentes comprendemos por qué es natural sólo llorar sin decir más nada durante varios días. Para Romelia, Modesta y Aura, la muerte es algo innato que nos acompaña a todas las personas:

 

A veces la comunidad que no es afro, cree que cuando se hace un gualí, para los niños, cree pues que ¡eso es una fiesta!, pero… puede hacerse como una fiesta, pero es que esas son las formas de hacer los gualíes, se le canta al niño muerto y se va pasando de mano en mano y se danza. Se confunde con la alegría, van a un lugar donde no van a sufrir, pero los familiares están muy tristes porque se fue, ya el niño no va a vivir las dificultades que ellos han vivido … Nos expresa Aura.

 

 

Y Romelia complementa sus palabras: Para nosotros los del Pacífico, la muerte la percibimos como algo muy doloroso, que aunque hagamos esta serie de actividades, porque es algo cultural, no quiere decir que por eso no estemos sintiendo mucho dolor, inclusive como algunos alabaos son repentistas2, que salen en el momento de lo que está pasando, entonces eso inclusive hace llorar más a los dolientes y si a la persona muerta, al difunto, le gustaban los alabaos, mejor dicho, cuando se le están entonando, los familiares eso se privan, se desmayan, gritan…

 

 

Los gualíes se llevan a cabo cuando un niño trasciende y se convierte en ángel dependiendo de la edad en que se encuentre: “son como más bailables, más divertidos, se pueden cantar y bailar… así les decimos en el Pacífico Norte, Chocó”. En ambos casos existe la concepción de que estos pequeños, sin pecado alguno, van directo al cielo, por ello sus familiares y amigos cantan, bailan, lo arrullan con alegría y ternura, al tiempo que se tocan los tambores.

 

Los sentidos que cobran los rituales mortuorios con sus detalles, comienzan a tornarse tan románticos y sentidos que nuestro imaginario se comienza a transportar a uno de ellos, imaginar a las Cantaoras, fuertes y a la vez compasivas acompañando el momento con su voz y esencia, imaginando que una de sus mayores cualidades podría ser la empatía y la solidaridad, el comprender a los dolientes y fluir en un solo espacio  a capela, hasta erizar la piel.

 

Adriana Maya considera que con los alabaos o cantos funerarios se iniciaron procesos de re-socialización y humanización ya que los esclavos retomaban las matrices rítmicas y métricas de los rezos y alabanzas españolas en los que vertían nuevos contenidos y trazaban líneas de parentesco ancestral y sobrenatural con los santos. Así, pudieron guardar la memoria de sus antepasados y recobrar la dignidad negada por los esclavistas (Jaramillo, 2006).

 

Otro tipo de canto son los Romances Para los adolescentes están los romances, los que todavía no han pasado los 15 años, esos son también más bailables”. Tienen la misma dinámica y se cantan cuando los difuntos son jóvenes.

 

Estarían entonces tres cantos en los rituales, los tradicionales que son los más antiguos que se mantienen de generación en generación, los repentistas que surgen en el momento, brotando desde la espontaneidad y contexto, y los propios que componen las cantadoras y algunas llegan a tener una producción disquera.

 

La común- unidad y la simbología

Para llevar a cabo los rituales se requiere de mucha solidaridad, participación y fuentes económicas, ya que se necesita de bastante preparación previa para los mismos:

 

Nosotros cuando hacemos los velorios también repartimos comida, porque es toda una noche que se va a permanecer allí y se está en varias sesiones: una de alabaos, otra de juegos, otra sesión de chistes, otra de rezos, hacemos también rezos muy largos y muy cantaletosos. Para que estas comidas se puedan repartir se hacen aportes de la comunidad a la familia y entre la familia. Manifiestan las tres hermanas.

 

 

En ese sentido, hay cooperaciones de familiares, amigos y vecinos de distintos tipos allá todos los que van a los velorios van a colaborar, es cómo que todo el mundo fuera familia…; los aportes son diversos: para la comida, indumentarias de los familiares, decoraciones, velas y diversas bebidas, incluyendo el viche, que no puede faltar. Otros apoyos son por ejemplo como el de Romelia, que siempre presta sus cobijas o manteles, entre risas nos dice que casi siempre se los queman y no pasan del último día de la novena. Todo ello para organizar la manera en la que se va a realizar el ritual, dónde también se incluyen algunos elementos simbólicos:

 

En la habitación, el ataúd se coloca la primera noche sobre un trípode o mesa, en el altar 4 velas prendidas sobre un mantel, una mariposa negra o morada hecha con papel crepe, se hace amarrando la hoja en el centro y cuando se pega en la pared se abren las puntas. Algunos colocan es un cristo en una esquina o en la pared. Se le coloca un mantel bonito, con un vaso con agua con unas hierbas, llamado escubilla, en el levantamiento se cambia la tumba y el altar,  ahí se requiere más dinero. Ya al final con la cuota, se compra también la ropa de luto, antiguamente se guardaba mucho luto, por un año, los que se le habían muerto los padres o esposos se ponían ropa completamente negra y cerrada hasta el cuello y manga larga, a medida que pasa el tiempo se hace la transición de la ropa, puede tener flores pero por ejemplo de color blanco y negro, se va rebajando, ahora ya no se guarda ese luto, ahora lo llevamos en el corazón, además dicen que el color negro hace muchos daños en el cuerpo por eso también se influyó en el cambio del vestuario.

 

Todo está hecho con dedicación y al detalle, se trata nada más y nada menos que de lograr que el muerto o la difunta se puedan ir en paz y que sus familiares puedan despedirle satisfactoriamente. Según María Cristina Navarrete, la tradición de África Occidental, era que un funeral adecuado debería conducir al descanso del espíritu y evitar el retorno de un espíritu insatisfecho, puesto que los funerales eran la puerta de entrada al mundo de los espíritus (Navarrete, 1995, pág. 91)…

 

Recuerdos y narraciones sobre el Levantamiento de Tumbas

El levantamiento de tumbas es otro de los momentos importantes dentro de los rituales mortuorios, se realiza la última noche, ese día se cambia la tumba y el vestuario. Este se realiza para despedir de forma definitiva el alma del difunto el último día del novenario. Ese día, se construye un altar nuevo o se arregla el que se ha usado los días anteriores para sellar la partida del difunto (Ministerio de Cultura, 2018), según Romelia éste momento es demasiado duro y difícil de afrontar para algunas personas:

“Hay gente que del dolor se enferma duro y les toca hospitalizarlos, se pierden el entierro, el dolor está y los alabaos también hacen llorar, el proceso de levantamiento, es desbaratando cosa por cosa apagando las luces, quitando todo de él, porque se cree que el muerto sigue asustando a las personas y se golpean las paredes, eso también hace llorar mucho a la gente”.

 

Hace 21 años, durante el funeral del esposo de Romelia, la última noche se le hizo un altar, y ahí se colocó una cobija “que le decíamos ‘española’ y en el suelo con aserrín teñido con anilina, se escribió el nombre de él, con flores”. Tiempos atrás el levantamiento se hacía a las cinco de la mañana, pero actualmente es a las doce de la noche, Romelia explica por qué y cómo se hace:

 

La primera noche se sacan todas las cualidades del muerto, entonces todo el mundo dice ‘¡no! ¡Yo me quiero ir con él!, ¿por qué no me morí primero? mejor dicho ¡tan bueno que era!, y como ustedes saben que no hay muerto malo, está ahí todo el mundo sobre el ataúd, (diciendo) ¡tan bueno, como me quería!, ¡como la quería!, y empiezan a sacar todo lo que hacía esa persona. Son en total nueve noches, y nueve novenas. La última noche, se hace la levantada de la tumba, que es muy doloroso, porque según la cultura están sacando afuera de la casa el espíritu de la persona que se murió, a la media noche.

 

El día del fallecimiento del esposo de Romelia, se colocó a la persona rezandera en la tumba, se iban quitando las cosas del altar, se iban apagando las luces y se iban golpeando las paredes para que saliera todo lo malo, que no se quedara nada de él, “porque a veces se dice que el muerto sigue asustando a las personas, y eso hace que los familiares lloren, eso se vuelve la hora final, porque pues es lo último que se va a sentir de la persona que se muere, eso mejor dicho llora hasta el que no es familiar, porque los alabaos son muy sentimentales, las retahílas de los rezos ese día también son más largas, se va quitando la mariposa y cada elemento del altar”.

 

“Nueve noches son / las de mi novena / levanten la tumba / que esta alma es ajena” (Jaramillo, 2006, p.280).

 

El legado y el camino por recorrer…

Como hemos visto hasta este punto del viaje musical y ancestral, la riqueza cultural que encierran estos ritos musicales considerados por la UNESCO como expresiones del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, es inmensa. Todo este acervo cultural se ha transmitido de generación en generación a través de la tradición oral y se espera que perdure en el tiempo, por muchos siglos venideros más.

 

En la actualidad, la tecnología también ha permitido guardar múltiples memorias de los mismos: “De hecho algunas cantadoras ya tienen su CD, antes se manejaba mucho la oralidad, pero si no había hecho la tradición ese legado, era algo que se perdía, ahora como ya estamos muy permeados por el Ministerio de Cultura y muchas organizaciones que están en pro del acervo cultural, ya se consiguen y se encuentran a veces escritos. Es lo que hacemos con nuestros hijos, y en mi caso con mi nieta, ella está aprendiendo el legado y quiero que ella no deje perder esto cuando yo ya no esté en este mundo”. Puntualiza Romelia. De tal forma que la tradición oral y las nuevas tecnologías se han venido integrando en pro de la preservación.

 

 

 

Sin embargo, para Romelia siguen existiendo algunos factores de riesgo, que son de importancia y no deben dejar de tenerse en cuenta, entre ellos está: una evasión de la ancestralidad y una usurpación de la cultura afro descendiente:

 

Que no se tenga en cuenta la ancestralidad es un factor de riesgo, no puede ser que nos vayamos a quedar solamente con el reggaetón y la bachata, toda nuestra cultura es muy importante, porque viene desde tiempos inmemoriales, como dicen: el que no conoce de su historia está condenado a repetirla (…) también que nuestras costumbres se las han tomado otras personas, los mestizos o los blanco- mestizos.

 

Nos deja claro entonces que aunque ya hay un camino construido, aún falta mucho por hacer en torno a la valoración real de la cultura afrodescendiente, la cual está presente y viva en toda nuestra América y que va más allá de los reconocimientos institucionales o de la copia sin más de elementos culturales, pues la banalización de los bienes culturales y la homogenización de la identidad cultural, minimiza la pluralidad de expresiones y bienes, su valor, su historia y su significado.

 

Hay que crear lo que somos desde lo que somos, sin imitar, sin copiar nada. Y al mismo tiempo conocer ¿qué es lo que somos? y rescatar esa cultura, nuestra propia identidad, pues como dice José Martí: sólo conociéndonos sabremos qué es lo que hay que defender…

 

Escucha este podcast

Este trabajo sonoro habla sobre el origen y contenido de estos rituales funerarios del Pacífico, fue realizado  por Alejandra Vargas Rojas y Leopolda Rojas Mena.

Grupo de Cantaoras de Música ancestral Yemaya Hinojosa

Por su parte las hermanas Romelia, Aura y Modesta Palacios Hinojosa continúan con su proyecto de mantener viva la cultura afro, ellas fundaron y conformaron el Grupo de Cantaoras de Música ancestral Yemaya Hinojosa, del que también hace parte, la nieta de Romelia, Litzy Valentina.

Yemaya Hinojosa

Así mismo, participan activamente en las conmemoraciones de Bojayá, en la iglesia Jesús de nazareno, donde el Padre Emilio, que es afro descendiente, realiza la conmemoración cada año de la masacre de Bojayá.

 

También organizan misas en el San Pachito, que son misas con canticos afros y participan en múltiples conmemoraciones de víctimas del conflicto armado Colombiano: “cuando son víctimas del conflicto armado, hay alabaos propios para las víctimas, hay unos que hablan del secuestro, otros del asesinato, hay uno que se llama “El semanario”, éste habla de las victimizaciones. Hay se combinan los alabaos repentistas, como los tradicionales, si estamos cantando el del semanario, llora toda la comunidad reunida que es bastante doloroso”… en este punto ahí silencio… quizá no podemos ni imaginar el dolor…

 

En Medellín, la ciudad donde viven actualmente, se han presentado también en varios lugares, van a muchos barrios cantando los alabaos y enseñando a los niños los juegos que ellas jugaban de pequeñas en el Chocó, todo con el fin de transmitir la cultura chocoana, para que la cultura perviva y para que las tradiciones ancestrales no desaparezcan: “es para que los niños de ahora, que nacen por acá pero que son de descendencia chocoana, aprendan de la cultura de nosotros, la cultura negra, la cultura del Choco”.

 

Sus experiencias de vida en Medellín se traducen en situaciones tanto benéficas, ya que las siete hermanas han logrado ubicarse, conseguir empleo, y algunas ya están jubiladas. Pero también ha traído consecuencias negativas, pues ya no viven en sus territorios de origen:

 

Estamos en otro territorio y ¡nunca es lo mismo! las cosas no son tan permitidas, y el hecho de que ahora ya hay muchas funerarias y todo tiene que hacerse en las funerarias, sanidad no permite estas actividades en las casas, aparte es que con estos apartamentos tan pequeños no da para el cumulo de gente que nosotros manejamos, entonces como no se permite, ya en la funeraria pues el negocio lo tienen redondo, entonces en estas funerarias no se permite mucho.

 

A veces pues uno tiene que enojarse y decirles que nosotros estamos pagando aquí el servicio y nos deben dejar que nosotros realizamos las tradiciones culturales. Además, la parte ecuménica ya dice que se debe permitir que se realicen nuestros ritos culturales, ya sea en las misas, iglesias o en las funerarias, entonces sí, el dueño del velorio o del difunto, se le planta a la funeraria y siempre permiten algunos canticos.

 

Con todo, Romelia, Modesta y Aura, continúan avivando día a día la valoración de estos saberes y prácticas culturales ancestrales afrodescendientes, impulsando la transmisión y difusión de las mismas, fortaleciendo, visibilizando, educando y compartiendo en colegios, escuelas, festivales, barrios y ciudades. Ha sido todo un placer haber podido compartir este viaje cultural y el diplomado Contar lo Nuestro, junto a ellas. Esperamos que su trabajo cultural y educativo en honor a la memoria de los difuntos, junto con sus múltiples proyectos, labores, quehaceres, sueños, continúen germinando y esparciéndose por todos los rincones.

 

 

1 Cantaora*: Significa que canta y ora, dos acciones en una.

 

2 En palabras de Romelia, Repentista es: “Cuándo algunas personas son muy ágiles para que en el momento, de repente, se idean cosas y la meten ahí, ósea, componen ahí en el momento con mucha creatividad, hay muchas cantaoras muy habilidosas en ese aspecto.”

 

Bibliografía:

Alabaos: Rituales musicales del Pacífico Colombiano (2017). [Película]

Jaramillo, M. M. (2006). Los alabaos, los arrullos y los chigualos como oficios de difunto y ritos de cohesión social en el Litoral Pacífico colombiano. Revista de Literatura Hispánica, 278.

Ministerio de Cultura. (2018). Andagoya, Aquí Canta Mi Alma. Enamórate del Chocó. Obtenido de Andagoya: Aquí Canta Mi Alma. (2018).

Navarrete, M. C. (1995). Prácticas religiosas de los negros en la colonia. Cali: Universidad del Valle: Cartagena, Siglo XVIII.

Piñeros, L. (2019). Radio Nacional de Colombia. Obtenido de Colombia, ¿Qué son los alabaos y gualíes?

 

Esta crónica y podcast fueron un proyecto resultado del diplomado ´Contar lo Nuestro´ de la Revista Vive Afro.

 

Fotografías: cortesía y archivo Vive Afro

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