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ORGANIZACIÓN SOCIAL

Casilda Cundumí Dembelé – ¿Mito o personaje real de la lucha antiesclavista?

Crédito de la foto: pueblosencamino.org

Casilda fue una lideresa afrodescendiente que luchó en el siglo XIX contra los grandes hacendados del valle del río Cauca, en favor de la dignidad de los esclavizados y los llamados negros cimarrones.

 

Debido a supuestas inconsistencias en la reconstrucción de su biografía, se cuestiona la existencia de Casilda desde el punto de vista académico. En la búsqueda de evidencias históricas de la heroína negra, descubrimos testimonios orales y evidencias que hasta hoy día no se tomaron en cuenta. Visitamos al barrio Casilda en Florida, al suroriente del Valle del Cauca, donde incluso se conserva parte de la que era su casa, según los relatos de habitantes del barrio.

 

Casilda Cundumí Dembelé como símbolo de la resistencia negra contra la esclavitud

 

La enciclopedia del Banco de la República de Colombia[1] muestra algunos datos principales de la vida de Casilda Cundumí Dembelé. Nació en 1823 en Mali (África occidental), fue capturada junto a su padre y vendida como esclava en el puerto de Cartagena de Indias, un centro principal durante la trata de esclavos en la época de la colonia[2]. En esa ciudad, los separaron y Casilda pasó a ser propiedad de un comerciante español, quien compraba esclavizados y luego los revendía en el interior del país[3].

De esta manera, la futura lideresa llegó a una plantación de caña de azúcar en Palmira, en el actual Departamento del Valle del Cauca, creado en 1910. “Desde luego, en la zona azucarera por excelencia, la de Palmira, El Cerrito y Guacarí, se constituyeron los partidos donde los remates de rentas alcanzaron los niveles más altos, pues sólo en esta zona había trece trapiches a finales del siglo XVIII” [4]. En ese entonces, la Villa de las Palmas pertenecía a la Capitanía del Gran Cauca y se administraba desde Popayán.

Casilda aprendió a leer y escribir el español, “pero nunca aceptó la evangelización, lo que causó disgustos entre los blancos esclavistas” [5]. Para la historia afrocolombiana en particular, Casilda se vuelve emblemática por su fuga y por organizar la lucha contra la opresión y la esclavitud. En 1840, cuando tenía 17 años, lideró un grupo de 45 personas hacia la fuga, desde una plantación hasta la zona montañosa ubicada entre los actuales municipios de Palmira y El Cerrito. Allí se instalaron en lo que hoy es el corregimiento Los Ceibos[6]. En resumidas cuentas, Casilda participó en la resistencia de los “negros cimarrones”[7] contra el trato inhumano de los esclavistas. Su fuga es, de lejos, un caso singular y se une en una larga historia de rebelión de esclavizados.

Anthony McFarlane[8] demuestra que, en el siglo XVIII, aun en la misma región, existieron planes de fuga colectivos; su nivel organizativo era avanzado al enfrentar una servidumbre perpetua. “Desde los inicios de la esclavitud en la Nueva Granada, los africanos respondieron al cautiverio mediante la rebelión, ya fuera bajo la forma de una insurrección en contra de sus opresores tratando de escapar a su control o bien, bajo otras formas de resistencia menos abiertas”. En particular, los nuevos asentamientos de fugitivos, llamados palenques, representaron una forma organizativa que cuestionó y amenazó el orden social de la sociedad esclavista imperante.

 

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Los palenques continuaron como una constante durante todo el siglo XIX. Según Mateo Mina, en el Valle del Cauca, las condiciones para los asentamientos de cimarrones eran propicias para organizar nuevos asentamientos de autosuficiencia; su tierra era fértil y la selva brindaba abundancia de alimentos[9]. Se puede deducir que las condiciones naturales facilitaron que “Casilda y su grupo mantuvieran una comunidad libre durante un tiempo prolongado, lo que motivó a muchos otros esclavos a fugarse y refugiarse junto a ellos”.[10]

Casilda tuvo dos parejas: primero convivió con un criollo con el que tuvo cinco hijos. Compartía su lucha y le ayudó activamente en la organización de fugas de esclavos de las plantaciones. Las autoridades se dieron cuenta de estas actividades, lo condenaron de muerte y lo fusilaron en la plaza pública de Palmira[11]. Su segundo esposo fue Anatolio Chalá Lucumí[12], un esclavo liberto de Guapi, contratado en la plantación de caña del ingenio Manuelita donde conoció a Casilda. Ella tuvo nueve hijos con él.

Otra fuente describe a Casilda como lo que hoy llamamos una curandera, con saberes en medicina ancestral y sanación: “Curaba con hierbas y semillas, se especializaba en picaduras de serpientes y otras alimañas. Era devota de sus dioses africanos y no aceptó convertirse al catolicismo, consideraba esta como la religión de sus verdugos y esclavizadores. (…) Era esbelta, alta, cantaba cantos nativos y tenía buena voz para el canto; tocaba la marimba, se sentía muy orgullosa de su raza, era dueña de un espíritu libre y guerrero” [13].

Casilda era muy activa en la lucha por la libertad de los negros esclavizados, aprovechó sus conocimientos curativos, se cuenta que pasó a esclavizados de las plantaciones de caña un polvo tóxico y narcótico para que lo echaran a sus amos en la bebida y así poder huir. Ayudó así a muchos en su escape y a unirse a la lucha de los palenqueros.

 

El tortuoso camino en la lucha por la libertad

 

La abolición de la esclavitud fue un tema latente desde los inicios de la República y trajo consigo enfrentamientos permanentes. A los esclavistas les interesaba mantener el sistema productivo de minería y agricultura mediante la mano de obra esclavizada y se resistieron a los diferentes intentos de abolirla. Sin embargo, en 1821 se decretó la libertad de vientres, según la cual, a partir de su expedición, todo nacido de esclava era libre. El proceso de resistencia, fuga e incluso de enfrentamientos bélicos, culminó en 1851. El gobierno de José Hilario López declaró la libertad de todos los esclavos en el territorio de la República y les garantizó los derechos ciudadanos fundamentados en la constitución vigente[14].

Antonio Galvis, historiador, propone tres etapas en la historia de la esclavitud y su abolición en Colombia. La tercera, entre 1820 y 1852, coincide con la independencia y la fundación de la República de Colombia. Esta época, en la que se promulgan las leyes de la libertad de vientres y de manumisión de 1821, abrieron la brecha para llegar, por fin, a la declaración oficial de la abolición de la esclavitud. La primera etapa de la vida de Casilda en Colombia transcurrió justo en esta tercera etapa.

Sin embargo, “pese a la declaración de la abolición de la esclavitud, en la práctica, en el suroccidente los terratenientes y antiguos esclavistas continuaron buscando métodos para oprimir a los ex esclavos y sujetar su mano de obra” [15]. Por esta razón, Hermes Tovar habla de “la lenta ruptura con el pasado colonial”[16]. Natalia Botero Jaramillo, por ejemplo, muestra como las leyes de vagancia fueron usadas para reprimir a la población negra y prolongar su situación de esclavitud[17]; así, el modelo económico colonial persistió y afectó la distribución de tierras hasta hoy día.

El proceso de liberación implicó una serie de tensiones entre las élites abolicionistas y las antiabolicionistas de la nueva república. El suroccidente colombiano sufrió la Guerra de los Supremos, de 1840 al 41, una confrontación entre caudillos de la élite política nacional que contó con una amplia participación de sectores populares. De hecho, el rechazo de la élite de Popayán a reconocer a los ex esclavos como ciudadanos con todos los derechos “afectó especialmente la relación de las élites caucanas y el gobierno nacional” [18]. Botero narra que:

Estas élites, especialmente las caucanas, se antepusieron a las medidas abolicionistas reclamando la preservación de sus capitales. Sin embargo, los discursos emitidos en documentos gubernamentales y en la prensa local, como El Payanés, permitieron rastrear que el problema no solo radicaba en la pérdida de un capital económico, sino que implicaba un problema simbólico, moral y social, pues la esclavitud para estas élites permitía el mantenimiento de un poder, una superioridad y una diferenciación social[19].

En fin, hay que “precisar que el proceso de abolición de la esclavitud fue gradual y tortuoso” y que las élites esclavistas inventaron siempre nuevas “medidas represivas que pusieron en jaque los procesos de concesión de la libertad en el periodo republicano”[20]. En la biografía de Casilda se hace mención de un acontecimiento emblemático con relación a esta represión prolongada. Casilda Cundumí participó en un enfrentamiento entre el Ejército, enviado por las autoridades de Palmira, y los integrantes del palenque de Los Ceibos el 14 de febrero de 1862[21]. Finalmente, los palenqueros triunfaron en esta batalla, a pesar de su inferioridad en armamento y número de combatientes.

Casilda se dedicó el resto de su vida a defender la población afrodescendiente. Murió en Palmira, se presume fue en 1945, a la edad de 123 años. Sin embargo, en las biografías no se encuentra mucha información sobre su vida a partir de la década de 1870.

 

La popularización del personaje Casilda

 

La biografía de Casilda, en primer lugar, se volvió viral en diferentes redes sociales y sitios web; cada uno reprodujo más o menos la misma narrativa. Piedad Córdoba Ruíz, reconocida política liberal, contribuyó, junto a otros personajes públicos, a difundir su relato; la elogió como “un personaje excepcional de la memoria histórica afrocolombiana” que “derrotó los estereotipos de género y raza, tomó su libertad y la hizo estandarte” [22].

Trailer del docudrama “Casilda: Grito de Libertad”

 

Derby Arboleda, director de cine, en un segundo lugar, retomó los datos biográficos mencionados y lanzó en marzo de 2019 el docudrama “Casilda: Grito de la Libertad” sobre la fuga y la fundación del palenque[23]. Esta propuesta ganó un estímulo del Fondo para el Desarrollo de la Televisión en 2018. Apareció, por primera vez, una puesta en escena audiovisual de la historia de esta heroína negra y la dio a conocer a un público masivo.

 

Otra evidencia de que la historia de Cundumí se convirtió en un referente de la cultura popular, es la canción La Negra Casilda, de la orquesta de salsa Tromboranga, lanzada en 2019[24]. Su letra dice “Casilda Cundumí, Negra Casilda, tu historia sigue inspirando”.

Por si fuera poco, el 9 de julio de 2020, Carlos Jiménez, historiador, crítico de arte, profesor de la Universidad Europea de Madrid y columnista del periódico El País de Cali, lanzó una propuesta audaz: En medio de “una nueva oleada iconoclasta (que) recorre el mundo”[25] reemplazar la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar, fundador de Cali, por una de Casilda Cundumí.

Argumenta que “es lo menos que podemos hacer por quien durante tantos años hemos condenado al ostracismo y el olvido” [26]. Estos monumentos oprobiosos, sobre todo para las comunidades afro e indígenas, representan íconos del racismo y del colonialismo. Demuestran la importancia de recuperar personajes emblemáticos alternativos y narrar la historia de Colombia desde perspectivas tantas veces marginadas.

 

La Negra Casilda entre mito y personaje histórico real

 

El artículo en la enciclopedia del Banco de la República de Colombia plantea la pregunta “Casilda, ¿un personaje mítico?” La investigación concluye que su historia “se diluye entre lo que podría ser un personaje rastreable con evidencia histórica y un personaje enriquecido por la tradición popular” [27]. Piedad Córdoba argumenta en la misma línea: “hay personajes cuya existencia, cuya memoria péndula entre el mito y la realidad. Tal es el caso de Casilda Cundumí, un personaje excepcional, que transita los territorios de la memoria histórica afrocolombiana” [28].

La primera vez que aparece la historia de Casilda no está cien por ciento clara. Según la investigación del autor de este artículo, la primera vez podría ser la de la revista La Griot, Gaceta Afrobogotana de Interés Cultural, Científico y Tecnológico, en septiembre de 2016. Cinco meses después, se volvió viral la publicación de Nicolás Hernández Contreras en una página de Facebook[29]. Ninguna de las fuentes antes citadas sobre la negra Casilda cita documentos históricos o relatos de tradición oral. Es difícil, pues, rastrear la veracidad y el origen de los datos sobre su vida, lo que ha llevado a algunos desmentir la historia en general.

 

Ilustración del artículo de ColombiaCheck,

que marca el artículo de La Griot como falso.

José Felipe Sarmiento, el 11 de marzo de 2020, argumentó en ColombiaCheck que “no hay pruebas de que el relato que circula en redes sobre la supuesta heroína afro de Palmira sea verdad. Por el contrario, la historia tiene varias inconsistencias” [30]. El referente para sustentar este argumento es el historiador Felipe Arias Escobar, quien pone en duda varias fechas y hechos de los homenajes arriba mencionados.

Es cierto que la micro-biografía viral de Casilda contiene bastantes inconsistencias. En primer lugar, la fecha de llegada al país en 1830 es dudosa, puesto que el comercio esclavista en Colombia fue prohibido en 1825 [31]. En segundo lugar, su origen no puede ser de Malí, pues ese país no existía en el siglo XIX. En tercer lugar, se desmiente que Casilda trabajaba en el ingenio Manuelita, porque fue fundado en 1964, o sea, después de la abolición de la esclavitud y de su fuga[32].

No obstante, es de pleno conocimiento que la historia oral resalta nombres que a las comunidades les interesa defender y conservar por carecer de referentes históricos. Por lo menos, podría explicar las menciones de Malí o Manuelita en la narración. En un cuarto lugar, la ejecución del primer esposo en la plaza de Palmira es poco probable: en el tiempo de relato la pena de muerte para delitos políticos ya estaba prohibida. En quinto lugar, pasa lo mismo con “la gran rebelión cimarrona” liderada por ella en 1862. En ese año, ya el gobierno de José Hilario López había suprimido la esclavitud como práctica legal. Por último, se cuestiona la fecha de su fallecimiento; su edad, 123 años, al morir, puede parecer excesiva.

Paisaje al pie de la cordillera central entre los municipios de Cerritos y Palmira con monocultivos de caña los cuales en su mayoría se encuentran en manos de los ingenios de Manuelita y Providencia.[33]

 

En la búsqueda de un palenque en Los Ceibos el autor de este texto se desplazó a esta zona en la cercanía de la cordillera occidental de los Andes entre El Cerrito y Palmira. Precisamente entre los corregimientos de Los Ceibos y El Tablón se encuentra un caserío de una familia negra con apellido Cantuní que tenía grandes terrenos en esta zona. Uno de los habitantes sostiene la hipótesis que en el transcurso de la historia habría poder pasado que se distanció el apellido original Cundumí por errores en la escritura. De hecho, la biografía de la negra Casilda es muy conocida en la región.

Sin embargo, después de algunas entrevistas no se puede corroborar que existía un palenque. Según Diego Fernando Portocarrero Madrid [34], líder social y educador del Consejo Comunitario Bajo Calima, Buenaventura, no existe ninguna evidencia que en el corredor interandino del Valle del Cauca había algún tipo de palenque. Más bien quedaron unas comunidades de ex esclavos que después de la abolición de la esclavitud recibieron “pequeñas tierras a cambio de terraje, que es un pago de arrendamiento de la tierra en especie o trabajo”[35]. Esto puede ser la razón porque hasta hoy encontramos comunidades negras entre El Cerrito y Palmira donde había una densidad única de haciendas coloniales esclavistas. Cabe mencionar que en los tiempos de Casilda la zona montañosa en los alrededores de Palmira supuestamente estuvo lleno de bosques y selva que les sirvió como refugio a los ex esclavos frente los intentos de los terratenientes a obligarlos de trabajar en sus tierras. En efecto, en el libro de Mateo Mina sobre “Esclavitud y libertad en el Valle del Río Cauca” se encuentra un relato de viaje del señor Von Schenck –con tendencia bastante racista– que da una pista en torno a la rebeldía de los negros libertos en esta región:

 

“Los negros más malos e irrespetuosos del Cauca viven en la región de El Bolo y Pradera, cerca de Palmira; son ellos los soldados siempre listos a cualquier héroe de revolución cuya acción promete botín. En los bosques de las vertientes de las dos cordilleras que encierran el Valle del Cauca, vegetan numerosos negros que se pueden comparar con los negros cimarrones (o sea palenques) (…).”[36]

 

El mismo testigo menciona en otra parte:

 

“Antes, quiero decir en el año de 1862, la situación era distinta. En esa época, bajo el régimen del partido conservador, todo el Cauca era una tierra rica y bien cultivada; a través de la amplia y fértil llanura desde Cartago hasta Quilichao se encontraban grandes haciendas, propiedades de ricos hacendados, donde el viajero era bien recibido. (…) Con todo acabó de un golpe la revolución de 1862. Debido a esta revolución, llegó en Colombia al poder el partido liberal, o lo que era para el Cauca lo mismo, el populacho negro, bajo la dirección de unos políticos sin escrúpulos.”[37]

 

Según este testimonio es perfectamente factible que Casilda formó parte de “una rebelión cimarrona” en 1862, sobre todo si se toma en cuenta los enfrentamientos bélicos y diferentes intereses de protagonistas en la Guerra de las Soberanías entre 1860 y 1862.

No obstante, de todas las presuntas equivocaciones en la reconstrucción de la vida de Casilda, la que sí deslegitima es la supuesta foto de Casilda de la revista La Griot, la misma que acompañaría varios artículos posteriores. La foto es un retrato de una esclava afrobrasileña de autoría de Albert Henschel, fotógrafo alemán. La misma es, en la actualidad, propiedad del Museo Etnológico de Berlín[38].

Arias Escobar, en otra ocasión, reacciona al lanzamiento de Casilda: Grito de la Libertad, en 2019. Escribió el siguiente comentario crítico en la publicación en YouTube: “Es una pena que, con tantas historias documentadas de cimarronaje y resistencias a la esclavitud, sigan insistiendo con UN CUENTO que sólo existe en Facebook y que apareció hace apenas tres años. De hecho, el o la guionista ni siquiera se tomó el trabajo de cambiar la redacción de la ÚNICA FUENTE que existe sobre ese personaje. La historia de la Negra Casilda, mientras no aparezcan evidencias que la sustenten, es PURA CARRETA llena de inconsistencias históricas, pues la información no coincide con el contexto de la esclavitud en la época” [39]. Después de desmentir algunos datos en el relato viral, este historiador concluye que “no hay ninguna evidencia documental ni relatos orales que sustenten la leyenda”.

No obstante, aparte de la discusión sobre las publicaciones en internet, sí existen relatos orales sobre Casilda. A través de María Grangela Murillo Riva, formadora de etnoeducadores, integrante de la Pastoral Afrocolombiana de Cali y nacida en Florida, Valle, se encontró otra huella en la reconstrucción de este personaje. Una que permite deducir que se trata de una persona real. Es sorprendente que ninguno de los autores e investigadores se ha desplazado a este pueblo, en el corazón del monocultivo de la caña, en el Valle del Cauca.

Incluso en 2008 –ocho años antes de la primera publicación- se fundó el barrio La Casilda, en la administración municipal de Abel Nieves Velásquez. Esta fundación, al contrario, a la rotunda afirmación de Arias Escobar, muestra que Casilda es más que “un cuento que sólo existe en Facebook” apenas en 2017. Según los habitantes de Florida, la heroína vivió mucho de su vida en el pueblo. El desplazamiento a Florida permitió encontrar relatos de tradición oral y lugares auténticos que sirven para evidenciar su existencia.

 

La tradición oral en Florida, Valle, como evidencia de la vida de Casilda

 

Luz Mery Salazar González, hija de Milda González y nieta de Encarnación Salazar, es profesora de la Institución Educativa “Las Américas” en Florida. Allí es responsable de la Cátedra Afrocolombiana. En el siguiente video relata lo que su mamá y su abuela le contaron sobre la negra Casilda. Su abuela llegó a la ciudad en los 60, despojada por la violencia. Ahí conoció a los descendientes de Casilda. Le contó la historia de la lideresa a sus hijos y sus nietos. Aquí se enriquece lo que se sabe de ella hasta ahora.

 

La vida de Casilda en Florida. Luz Mery Salazar González, entrevista en el barrio La Casilda, Florida, Valle del Cauca, noviembre 8 de 2020.

El Cauca y el Valle del Cauca todavía albergan muchas familias con apellidos de origen africano, como Cundumí, Carabalí, Lucumí, Mina, etc. En su investigación sobre el comercio y el mercado de esclavos negros en Cartagena de Indias Gutiérrez explica que estos nombres se refieren a grupos étnicos originarios de la costa occidental de África. Por ejemplo, Los Mina provinieron de la Costa de Oro (la actual Ghana), los Lucumí del Golfo de Benín o los Carabali del golfo de Biafra[40]. Diego Fernando Portocarrero Madrid comenta en la siguiente entrevista cómo estos nombres nos dan hoy pistas sobre la parte de África de la que provinieron los ancestros del pueblo afrocolombiano actual. Son un motivo también para seguir con la investigación sobre Casilda Cundumí Dembelé y corregir el registro tan pobre sobre su vida.

 

El origen africano del nombre Cundumí. Diego Fernando Portocarrero Madrid, líder social del Consejo Comunitario Bajo Calima, Buenaventura, Valle del Cauca, noviembre 10 de 2020.

 

Los integrantes del equipo de comunicación de la Pastoral Afro de Cali visitamos, en el barrio La Casilda en Florida, la antigua casa-hacienda, con el único aljibe de agua potable en la ciudad y donde vivía Cundumí Dembelé. Sus hijos la llevaron a Palmira cuando se enfermó donde pasó los últimos años de su vida.

 

Visita a la antigua casa donde vivía Casilda, con Luz Mery Salazar González. Florida, Valle del Cauca, noviembre 8 de 2020.

 

Apartes de la antigua casa donde vivía Casilda en Florida, Valle del Cauca. Noviembre 8 de 2020.

 

El contexto socioeconómico de la vida de Casilda: las haciendas como lugares de explotación de esclavizados

 

Lo que hoy se conoce como Departamento del Valle del Cauca perteneció, en el tiempo de Casilda, a la Capitanía del Gran Cauca, con su capital en Popayán. Esta región, en los siglos XVIII y XIV, conformaba los cantones de Palmira y Caloto. La Villa de las Palmas, antes de 1824, se llamaba Llanogrande. Hasta hoy día en la entrada a Palmira por la carretera nacional se conmemora este origen de la ciudad.

Monumento en la entrada a Palmira desde Cali al lado de la carretera nacional conmemorando el nombre del caserío Llanogrande lo cúal dio origen a la ciudad de Palmira.

Los cantones de Palmira y Caloto tenían una población notable de esclavizados, mucho mayor en comparación con otros territorios del país:

La Colombia de las postrimerías del período colonial no era, por supuesto, una sociedad esclavista comparable a la de las regiones costeras del Brasil, del sur norteamericano o de las Islas del Caribe. Aunque en términos absolutos el número de esclavos era alto – en el censo de 1778-80 se calculó en cerca de 65.000 – conformaban sólo el 7,6% de la población de la Nueva Granada (…). La población esclava, sin embargo, estaba distribuida en forma desigual entre las diferentes regiones de la colonia y la proporción entre esclavos y gente libre variaba considerablemente de un área a otra. (…) En las provincias de Popayán y de Antioquia, los esclavos constituían el 20% de la población y eran usados en la minería como en la agricultura” [41].

No se puede decir con certeza en cuál hacienda trabajó Casilda como esclava hasta su fuga, pero la hacienda de Perodías, cerca de Florida, ejemplifica la esclavitud y la explotación en la colonia y da una impresión del contexto socioeconómico en el que vivía la lideresa. Además, esta hacienda dio origen al Municipio de Florida, la patria adoptiva de Casilda.

El primer documento se encontró en el archivo de Popayán, con fecha en 1667. Es decir, 131 años después de la fundación de Santiago de Cali, lo que permite deducir que el establecimiento de estancias en esta región se dio a comienzos o mediados del siglo XVII. La producción de caña y la ganadería eran las principales actividades en la Hacienda de Perodías. La mano de obra consistía en 50 esclavos o más, según investigaciones[42]. La docente Luz Mery Salazar González explica en el siguiente testimonio que el nombre Perodías viene de los esclavos de la hacienda. Así pronunciaron el nombre del esclavista y propietario Pedro Díaz.

 

 

Fuente: Franco, Frenell (1965). Vista parcial de la casa de la hacienda Perodías, Florida. Biblioteca Departamental Jorge Garces Borrero. Fondo Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca. Fuente: s. n. (s.f.). Plano arquitectónico de haciendas del Valle del Alto Cauca, Florida. Biblioteca Departamental Jorge Garces Borrero. Fondo Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca.

 

Comparando fotos antiguas con el estado de hoy, uno nota la falta de conservación del monumento nacional.[43] Un recorrido por ella, prácticamente en ruinas, demuestra que era casi un pequeño pueblo independiente. Incluía la casa del esclavista, un tanque de agua, un mercado y una capilla que sirvió como Parroquia, con grilletes en la pared para amarrar y castigar a los esclavos. Las guerras de Independencia llevaron la hacienda al declive. “Los aires revolucionarios provocaron la huida de esclavos y junto al reclutamiento obligado, dejaron casi sin peones la hacienda” [44].

Vídeo 4: Visita a la hacienda esclavista Perodías cerca de Florida, Valle del Cauca, con Luz Mery Salazar González. Noviembre 8 de 2020.

 

Vistas de la hacienda esclavista Perodías. Florida, Valle del Cauca, noviembre 8 de 2020.

 

Casilda y su importancia para la memoria histórica afrocolombiana

La indagación sobre Casilda en Florida presentó indicios antes desconocidos sobre la historia de esta heroína negra. Los relatos y la existencia del barrio Casilda comprueban su sustento histórico, aunque todavía falta mucho por investigar, para encontrar más datos precisos. “Aun con estas imprecisiones”, -dice Cobo – “que a todas luces resultarían inconvenientes para historiadores y académicos, la historia de Casilda ha servido a las colectividades afrodescendientes como movilizador en las luchas contra la discriminación y el racismo, la reivindicación de los afros como sujetos históricos con agencia política, y el avivamiento de un sentimiento de orgullo por sus antepasados” [45].

Al mismo tiempo, el debate sobre la veracidad de algunos datos biográficos nos conciencia sobre la deficiencia de las investigaciones académicas en torno a la historia y la resistencia afro. El discurso hegemónico y los libros de enseñanza raras veces toman en cuenta los héroes de la población negra y su importancia en la historia colombiana. Por supuesto, también tiene que ver con la falta de fuentes y documentos en los archivos que dejaron los colonialistas, simplemente por no conservar huellas de personas que consideraban infrahumanos.

Este trabajo destaca la importancia de la historia oral para la recuperación y la conservación de la memoria histórica del pueblo negro. Es una llamada a seguir indagando en hechos de resistencia de esclavizados para descolonizar la historia de Colombia. Esto incluye narrar las vidas y los destinos de los esclavos en los hacienda-museos en vez de exponer solamente los objetos y casas coloniales de los esclavistas. De esta manera resignificamos y comprendemos estos lugares como sitios de memoria para los afrodescendientes y el pueblo negro.

 

Este artículo no hubiera sido posible sin el conocimiento, el acompañamiento y la asesoría de los integrantes de la Pastoral Afro de Cali. Agradezco en especial a p. Venanzio Mwangi Munyiri, Rodrigo Alonso Daza Jiménez, Dayra Pamela Mina Garcés, Germán Fernando Ángulo Asprilla, Deisy Sánchez Lerma y María Grangela Murillo Riva.

 

Este reportaje es el resultado del diplomado ´Contar lo Nuestro´ de la Revista Vive Afro.

Conoce más aquí

 

Bibliografía

[1] Banco de la República/Natalia Cobo (2019). La Negra Casilda. Banrepcultural, recuperado: 09.02.2021.

[2] Gutiérrez Azopardo, Ildefonso (1987). “El comercio y el mercado de esclavos negros en Cartagena de Indias (1533-1850).” Quinto centenario, 12: pp. 187-210.

[3] Arboleda, Derby (2018). Casilda, grito de libertad [registro audiovisual].  Recuperado: 09.02.2021.

[4] Bermúdez Escobar, Isabel Cristina (1997). “La caña de azúcar en el Valle del Cauca. Una historia de su desarrollo industrial”. Credencial Historia, 92, recuperado: 09.02.2021.

[5] Banco de la República/Cobo Ibíd.

[6] Real Black History (2016). “La gran guerrera. Casilda Kundumi Dembele”. La Griot. Gaceta afrobogotana de interés cultural, científico y tecnológico, 6: p. 3.

[7] Cimarrón en esa época era un término despectivo, se utilizaba para el ganado que se criaba por fuera de fincas y haciendas. Los movimientos afro lo reivindicarían como un grupo heroico en la lucha por la libertad.

[8] McFarlane, Anthony (1991). “Cimarrones y palenques en Colombia: siglo XVIII.” Historia y Espacio, 14: pp. 53-78, acá p. 54.

[9] Mina, Mateo (1975). Esclavitud y libertad en el valle del río cauca. Bogotá: La Rosca, p. 19.

[10] Banco de la República/Cobo Ibíd.

[11] Real Black History Ibíd.

[12] En otra fuente se habla de Juan Gregorio Caicedo Caicedo. Véase Everybody Wiki. Casilda Cundumí, recuperado: 09.02.2021.

[13] Everybody Wiki Ibíd.

[14] Zuluaga Ramírez, Francisco Uriel/Romero Vergara, Mario Diego (2007). Sociedad, cultura y resistencia negra en Colombia y Ecuador. Cali: Universidad del Valle, p. 285.

[15] Banco de la República/Cobo Ibíd.

[16] Tovar, Hermes. 1987. “La lenta ruptura con el pasado colonial (1810-1850)”. En Historia económica de Colombia, coordinado por José Antonio Ocampo. Bogotá: Siglo XXI, pp. 87-117.

[17] Botero Jaramillo, Natalia (2017). “El peligro de los otros: represión de esclavos en el suroccidente colombiano durante la primera mitad del siglo XIX.” Maguaré, 31 (2): pp. 97-128, acá p. 114.

[18] Botero, N. Ibíd.; p. 120.

[19] Botero, N. Ibíd.; p. 123.

[20] Botero, N. Ibíd.; p. 102.

[21] Real Black History Ibíd.; p. 3.

[22] Córdoba Ruíz, Piedad (2019). “La Negra Casilda del Valle, insurrecta y liberta.” Las2Orillas, 17 de abril de 2019, recuperado: 16.02.2021.

[23] El corte final del docudrama de 26 minutos se puede ver en YouTube,  recuperado: 16.02.2021.

[24] El audio oficial de la canción se puede escuchar en YouTube;  recuperado: 16.02.2021.

[25] Jiménez, Carlos (2020). “Una estatua para Casilda”. En El País, 9 de julio de 2020. recuperado: 09.02.2021.

[26] Jiménez, C. Ibíd.

[27] Banco de la República/Cobo Ibíd.

[28] Córdoba Ruíz, P. Ibíd.

[29] Hernández Contreras, Nicolás (2017). “La Negra Casilda.” Crónicas De Barrio – Cali Viejo (Página de Facebook), recuperado: 09.02.2021.

[30] Sarmiento, José Felipe (2020). “Historiador desmiente el ‘cuento’ de Casilda Cundumí”. ColombiaCheck, 11 de marzo de 2020.  recuperado: 09.02.2021.

[31] Sarmiento, J. F. Ibíd.

[32] Para conocer la historia completa de la creación del ingenio Manuelita, véase Bermúdez Escobar, I. C. Ibíd.

[33] Todas las grabaciones de vídeo y las fotografías son realizadas por el equipo de comunicación de la Pastoral Afro de Cali.

[34] Entrevista informal, 15 de febrero de 2021.

[35] Mina, M. Ibíd., p. 51.

[36] Mina, M. Ibíd., p. 63.

[37] Mina, M. Ibíd., p. 62.

[38] La foto original y sus metadatos se puede consultar en el banco de datos del Museo Estatal de Berlín, recuperado: 09.02.2021.

[39] Arias Escobar, Felipe (2019). Comentario al material audiovisual ‘corte final casilda’ , recuperado: 09.02.2021.

[40] Gutiérrez Azopardo, I. Ibíd.

[41] McFarlane, A. Ibíd.

[42] Zúñiga, Mauricio (s.f.). “Haciendas Perodías, La Chamba, Tarragona.” En Florida y su tradición, coordinado por Mauricio Zúñiga.

[43] Para un plan de renovación y conservación de la hacienda, véase “Hacienda Perodias, patrimonio cultural de Florida”, propuesta realizada por las estudiantes de la asignatura de gestión del patrimonio cultural Pilar Torres y Karen Tatiana Moreno de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja-Boyaca.

[44] Montaña Narváez, Homero (s.f.). “El Pedregal. La primera piedra.” En Florida y su tradición, coordinado por Mauricio Zúñiga: pp. 42-47, acá p. 43.

[45] Banco de la República/Cobo Ibíd.

 

Fotografías: Cortesía

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