Del 29 de septiembre al 23 de octubre Participa de nuestro premio Contar lo Nuestro

LITERATURA

¡Ay qué dolor!  ¿Qué fue de Chambacú?

 

Chambacú

 “También dicen que tiran bombas. ¿Qué es eso mamá? Con una sola dizque hundirían a todo Chambacú.

 No lo creo. Aquí hay muchas casas y mucha gente. ¿Por qué han de tirarla? No hacemos mal a nadie. 

A mi tío le darán uniforme. Eso sí me gusta. Un fusil y polainas. 

Podrá caminar por entre el barro sin mojarse los pies. ¡soldado! ¡Mamá, yo quiero ir a la guerra!” 

-Dominguito – Manuel Zapata, 1990. P 66 

 

¿Dónde está mi Atilio? […]

¡se lo llevaron para Corea para matarlo!

Le taparon la boca. La cabeza contra el suelo para que se tragara las palabras […]

¿qué hacemos con esa loca? – preguntó Sardinilla

Todavía estaba tendida en el suelo. Un pedazo de camisola sujetaba su boca. El sargento solo vio sus ojos cuando la pusieron boca arriba. Miraba fijamente. Los había visto en otro lugar con esa misma expresión. Lo ojos de Atilio

¡se ahogó! 

Muerte de la madre de Atilio, Manuel Zapata, 1990. P.p. 225, 226. 

 

Este trabajo, tiene la intención de desglosar un pedazo de la historia de Cartagena, una Cartagena que el Estado se niega ver y que aún hoy, refleja parte de la realidad que viven algunos y algunas de los/las afrocolombianos/as en la Costa Caribe del país. Esta historia es la de Chambacú. A los ojos de la novela Chambacú, corral de negros de Manuel Zapata Olivella, caracterizada por ser una literatura en donde el narrador es un cronista que con los ojos registra acontecimientos y vivencias propias (Díaz, 2009), como se verá a continuación, refleja las reminiscencias de la esclavitud, la opresión y el abuso de la autoridad por parte del Estado y la policía, una denuncia al contexto de desigualdad social, racismo y pobreza en Colombia, pero sobre todo la alusión a la lucha constante, ya sea por sobrevivir y recuperar los derechos y la dignidad que alguna vez se le quito al pueblo afrocolombiano en el país y la importancia de los procesos colectivos. Y finalmente, la mirada del blanco, representada en Inge (la esposa sueca de José Raquel, la cual conoce cuando se va a la guerra de Corea).

 

Chambacú

“Desde finales del siglo XIX y principios del XX, inició la expansión urbana de la ciudad [de Cartagena] proyectada allende las murallas. La servidumbre desterrada del centro histórico venido a menos formó barrios como El Boquetillo, Pekín y Pueblo Nuevo, que a finales de los años treinta fueron desalojados en nombre del desarrollo urbano. En consecuencia, sus habitantes se reubicaron en Chambacú”. (ICANH Y MUSEO NACIONAL 2019)

 

Chambacú fue un barrio segregado de Cartagena, ubicado irónicamente, entre los extremos del centro histórico amurallado. Conformado a mitad del siglo XX, era una isla separada de la ciudad por un simple puente, rodeado de la tierra firme por cañones y lagunas que envolvían el centro de la ciudad. Para 1928, fue propiedad del presidente Rafael Núñez, quien la cedió, hasta ser comprada por la alcaldía municipal, influida por los diversos asentamientos que se estaban dando en el territorio en medio del auge del turismo en Cartagena.

 

“acarreaba piedras para cimientos de su casa de calicanto. Cincuenta años después lo rodeaban los ranchos de palo y cartón […] Recordaba que diez años atrás su madre, viuda y empobrecida, sembró su rancho en las propias orillas. Los cuatro hermanos recogían desperdicios en la ciudad y afianzaban las raíces, levantaron las paredes con retazos de fique, tablas, y lonas envejecidas. El techo de ramazones, palma de coco y oxidadas hojas de zinc. […] un día, extraños reclamaron la propiedad del litoral. Su hermano Máximo, que había leído códigos, alegó derechos de ocupación […] La policía llego en apoyo de los intrusos. Destruía y desalojaba. Ellos calzaban y volvían a armar sus casuchas” (Zapata, 1990. P.p. 110; 51; 52) 

 

La novela, como su nombre lo indica, se desarrolla en medio de las calles de aquel barrio olvidado. Teniendo como eje la vida de La Cotena, una mujer afro, viuda, como consecuencia de un espuelazo que produjo la muerte de su marido y sus cinco hijos; Máximo, “defensor de los pobres” como ella misma le dice; José Raquel, dedicado al vicio, contrabando y las mujeres; Críspulo, que siguió el gusto del padre y se dedica a la pelea de gallos; Media Luna, dedicado al boxeo; y la única hija, Clotilde y su hijo Dominguito; y la tía Petronila, hermana de Cotena, una mujer que lleva un dolor de nunca haber podido ser madre.  

 

Tal cual como en la novela, Rivas (2016) y Ortiz (2006), exponen que Chambacú se forja entre el mar y la tierra, donde las familias fueron construyendo, con sus propias manos y con ayuda de basura, arena, cascaras de arroz y demás material sólido, un lugar para vivir; “- No se crea, para mí también fue muy duro el día que nos metimos aquí. Todo esto era agua. No teníamos techo y llovía-” (Cotena hablando con Inge, 110). Así poco a poco se consolidaron “tugurios” de población, en su mayoría, afrodescendiente, que constituía aproximadamente 1300 familias (Deávila en Monsalve, s,f) “-aquí en Chambacú se aprenden malas costumbres, aunque no se quiera. Tanta gente apretada. Dice Máximo que somos más de diez mil familias en la islita. – sí, ya lo sé. Eso de que los niños se acuesten en la misma cama donde se calientan los papás.” (Cotena hablando con Clotilde, 99)

 

El primer escenario que expone Zapata en el texto, refiere a la guerra de Corea y la participación de Colombia. Para diciembre de 1950, bajo la presidencia de Laureano Gómez, se crea el decreto 3927 con el fin de conformar el primer batallón de infantería del país, con destino al ejército de Corea, Batallón Colombia se le denomino, se ordena el reclutamiento de soldados colombianos que vayan, junto al ejército norteamericano, a la lucha en contra de los comunistas en Corea. Lo que no era más que el cumplimiento de un acuerdo entre el gobierno de Gómez y la secretaria de Estado de EE. UU por “el apoyo” prestado para controlar la situación en Colombia a raíz de la violencia (Ortiz, 2006). 

 

Dentro del texto, Zapata expone muy bien la manera forzada e inhumana en que obligaron a la gente a participar de la guerra; específicamente hablando de la población negra, salen a flote la discriminación y el racismo; la intención de erradicar a toda costa Chambacú, encarnado en el capitán Quirós de la policía,  quien busca diluir los procesos de lucha social que se empiezan a vislumbrar, propiciada por Máximo, quien en el proceso de buscar su identidad y así  defender su territorio y los derechos de su gente, es violentado y encarcelado, viviendo en carne propia los abusos excesivos de la fuerza policial: 

 

“El capitán inspeccionó los alrededores y regresó con órdenes precisas. – Agarren a todos los hombres que encuentren. […] Derribaron a culatazos las cercas de cañabravas y penetraron a los patios. […] – ¡Tío Máximo, corra que aquí está la Policía! […] – ¿qué mal han hecho para mandarlos a la guerra? – ¡hijos de putas han de ser para venir a cazar hombres! […] pero como no hay más y necesitan completar el Batallón de Colombia, cargará con ellos” (Zapata, 1990. P.p. 41; 43; 45; 57) 

 

Lo anterior no es más que el reflejo de como los habitantes de Chambacú, fueron vistos como simples negros sucesores de esclavos liberados, no merecedores de derechos, que “[…] sólo merecían ser despreciados y quitados de en medio, como estorbo. Son entonces las personas idóneas para ir a la guerra.” (Díaz en Monsalve, s.f. p. 9). 

 

 “Pudieron inmovilizar a la Cotena, la cabeza hacia atrás, pisándole contra el suelo los cortos cabellos. Su grito retallaba colérico: ¡No se lo llevarán! […] los policías le quitaron a manotazos los pantalones y los calzoncillos […] una bota, la del Capitán, le comprimía el cuello contra el piso. La cánula de hierro se atornilló entre sus nalgas. Pretendían inflarlo. – ¡Asesinos!  La acusación salía del grupo de los negros. Había sido uno. – ¿Quién fue el mierda que gritó? – preguntó el Capitán […] ¡asesinos! ¡ustedes son unos cobardes asesinos! […] el oficial pensó que era muy delgado para inflarlo. […] – Métanlo al cepo. Aprenderá a ser disciplinado. […]  Nos defenderemos. La policía comete un atropello. Cumplen órdenes de los que se dicen amos de esta isla. Ni siquiera la nación tiene derecho sobre la tierra que pisamos. Bien saben que, bajo este basamento de cáscaras de arroz y aserrín, solo hay sudor de negros. No hemos venido acá por nuestra propia voluntad. Nos han echado de todas partes y ahora quieren arrebatarnos la fosa que hemos construido para mal morir. (Zapata, 1990. P.p. 44; 66; 67; 68; 183)

 

Así mismo, estos acontecimientos evidencian la situación de pobreza y marginalidad en la que se encontraban los chambaculeros, un ejemplo de esto, lo evidencia Zapata en un acontecimiento transversal al libro y es el hambre como una de las características de los habitantes. 

 

“Decía que era el beriberi (enfermedad debida a la desnutrición, que produce trastornos nerviosos y digestivos) […] ¿y el hambre? Decía el otro día un médico que cuando dos chambaculeros subimos al cuadrilátero le parecía ver combatir a kid paludismo contra kid Berirberi […] ¿está muy malo primo? – Es apenas hambre – Eso mismo dijo el médico de Barranquiilla- afirmó Camilo […] Máximo asegura que llenan de mentiras la cabeza de los soldados antes de que vayan a las trincheras. Libertad, Patria y Democracia. Vainas que nunca hemos conocido. Ni el mismo Máximo, que ha leído tantos libros, sabrá que quieren decir esas palabras. Para mí no hay sino Chambacú. Ni siquiera Cartagena. Con lo mal que nos miran, ¿por qué ha de ir uno a pelear por ellos?” (Zapata, 1990. P.p. 47; 142; 148; 72) 

 

Esto deja entrever el abandono, el atropello y la vulneración del Estado frente al reclamo de la población negra por reivindicar sus derechos y su territorio. El abandono Estatal y el abuso de autoridad, como ya se expuso, se hace evidente en la novela de Zapata, pues en Chambacú se carecía de servicios públicos básicos como agua, alcantarillado, electricidad, educación y salud. Elementos, que dentro del texto se exponen bien como son suplidos, de manera carente por la misma comunidad, y ni hablar de las situaciones laborales, que tampoco les permite tener un mínimo para vivir dignamente, justo como se evidencia en la conversación entre Camilo, compañero de Boxeo de Medialuna y Cotena, “[…] – Usted ha trabajado bastante y nunca ha tenido suficiente para alimentarse – pero he criado a cinco hijos, ellos son mis alcancías –  alcancías para otros para quienes los explotan […]”  (167).  

 

Si bien este texto, como expuse antes sirvió una forma de denuncia sobre la situación de miseria en Cartagena, es importante también mencionar unos elementos fundamentales dentro de la identidad de la región, que el autor trae a colación. Los ritmos y las danzas, característicos de la música tradicional del Caribe, por ejemplo, en el caso del tambor, su ritmo se mezcla con la tradición oral y la danza para narrar una historia. (Pérez, 2006). Siendo estos elementos el reflejo de las formas de sentir y pensar la cotidianidad en el territorio, desde su propia historia.

 

“- ¡Toque, toque abuelo hasta reventar ese tambor! […] El canto de gaitas alboroto los callejones. La melodía de las flautas indígenas. En las manos de Anacleto, el fotuto caribe vibraba por los orificios pentagonales. Los tonos melódicos de la gaita hembra ascendían agudos, camino abierto a la angustia, a la miseria, al hambre. Resonaban más allá de la isla. Y abajo, hundiéndose en sus propias carnes, en lo hondo de la herida, la queja de la gaita macho. Sus notas sumadas al respirar de los tambores. Mestizaje despierto, diluido en la sangre” (Zapata, 1990. P. 114)  

 

Por otro lado, la mirada del otro, en este caso del blanco, como se evidencia en la novela, tiene que ver con el personaje de “Inge”, esta mujer es vista como el estereotipo norteamericano, pues al principio de denomina “gringa” y la llegada de ella no es vista positivamente, pues le comenta la Cotena a Clotilde “[…] los dolores de cabeza que nos traerá esa mujer. Ahora si comprendo por qué dicen que la guerra es la peste” (Zapata, 2009, p. 98). De igual forma, “Inge …representa al foráneo, la mirada del otro, “blanco y civilizado”, quien ha permanecido ciego ante la realidad de una comunidad que es sólo un ejemplo entre tantas oprimidas alrededor del mundo” (Ortiz en Monsalve, s. f, p. 32) esa mirada de otro, refleja dos cosas, uno “la superioridad” que buscan los chambaculeros, pues en la novela, le comenta Máximo:

 

“Tu presencia nos hace sentir extraños. No es debido a la diferencia de piel. Nos revela nuestras limitaciones culturales. Vejados por la miseria, ni siquiera los instintos pueden realizarse normalmente. Pero no sólo somos un saco de apetitos contenidos. Nuestra cultura ancestral también está ahogada. Se expresa en fórmulas mágicas. Supersticiones. Desde hace cuatrocientos años se nos ha prohibido decir <<esto es mío>>. Nos expresamos en un idioma ajeno. Nuestros sentimientos no encuentran todavía las palabras exactas para afirmarse. Cuando me oyes hablar de revolución me refiero a algo más que romper ataduras. Reclamo el derecho simple de ser lo que somos.” (Zapata, 2009. P. 189)

 

Lo otro, que refleja Inge, es la idea de es la del blanco que no ha dado la oportunidad de ver en la gente negra a su igual, de permitir sentir, vivir y entender, formas de vida diferentes a las propias, pues como expone Zapata, al principio la llegada de Inge a Chambacú le es muy difícil, pues los olores, el clima, la gente y demás son formas muy diferentes a las que ella ha estado acostumbrada, sin embargo, a medida que Inge convive con la gente y comprende la lucha de Máximo, encuentra en Chambacú un hogar, pues lo escribe Zapata, cuando José Raquel le propone irse de ahí, 

 

“Me das miedo y repugnancia. ¡Huir solos de Chambacú! […] Déjame. Aquí en Chambacú he conseguido lo que nunca tuve. Amor. En mi país jamás supe que existían otras condiciones de vida que son una afrenta a la dignidad humana. Ahora no podría vivir sin el calor de los pobres. De tu madre y de tu hermana, de todos. Luchar por ello no solo ha llenado mi soledad, sino que ha dado sentido a mi existencia. ¡Lárgate!” (Zapata, 2009. P. 216

 

Finalmente, la novela termina, con la llegada de los Cuerpos de Paz en Colombia para los años 60, situación que en la novela termina con la muerte de Máximo y la madre de Atilio, su amigo y seguidor en la lucha, pues en medio de las promesas falsas por mejorar las condiciones del barrio, la indignación y la justa rabia ocasionan lo que sería el primer levantamiento en el lugar, “el despertar” frente la lucha colectiva. Este despertar se puede reflejar muy bien en una conversación entre Cotena y Camilo, cuando este va a su casa en busca de un libro prometido por Máximo, “Me interesan [haciendo referencia al libro] porque se refieren al hambre y a la miseria de los pobres. Yo hubiera sido un campeón de no ser porque nunca me alimente bien. – ¿te quieres meter de redentor de los hambrientos? – quiero saber por qué lo soy–” (167).  

Chambacú inicia como un asentamiento como consecuencia del desalojo en nombre del desarrollo urbano y termina como un desalojo en nombre del turismo, con una deuda inmensa con la comunidad afrocaribeña, los negros y los mulatos pusieron la sangre sin ganancias. Hoy, la ciudad está en venta. […] Chambacú es hoy el sello de una estafa millonaria hecha a la ciudad y a los negros por un combo de políticos millonarios […] La valorización se ha convertido en el arma para sacar a los cartageneros pobres de su ciudad nativa” (Molano, 2012)

 

Chambacú, finalmente erradicado en 1971, por haber sido considerado como una amenaza frente al desarrollo urbanístico y turístico que se daba Cartagena (Pertuz en Núñez, 2012). Fue una iniciativa Estatal que se fue dando desde 1955 y que toma fuerza en 1969, con un auge del turismo en Cartagena, bajo la presidencia de Carlos Lleras Restrepo, se da inicio al proceso de erradicación de Chambacú, tras varias negociaciones entre las autoridades y los habitantes de Chambacú, se genera el proceso de reubicación, propuesto por el instituto de Crédito nacional, a 5 puntos diferentes a 10 kilómetros de Chambacú (Rivas, 2016). Para 1972, la gente ya estaba reubicada, y un estudio realizado en el 96 “[…] reveló que la condición económica de [la población] no había variado sustancialmente, y que el analfabetismo y el desempleo seguían siendo elevados. Por otra parte, el traslado había generado una ruptura social con las comunidades receptoras.” (Rivas, 2016, p. 31). El territorio de Chambacú, tomado por la alcaldía, con la finalidad de generar proyectos urbanísticos, que para 1999 terminaron envueltos en temas de corrupción, en manos de los políticos  Fernando Araújo Perdomo y Luis Alberto Moreno, conocido como el escándalo de Chambacú. (Revista semana, 1999). 

 

“– La isla crece. Mañana seremos quince mil familias. El <<cáncer negro>>, como nos llaman. Quieren destruirnos. Temen que un día crucemos el puente y la ola de tugurios inunde la ciudad. Por eso, para nosotros no hay calles, alcantarillados, escuelas ni higiene. Pretenden ahogarnos en la miseria. – La policía dice que todos los negros tendremos que salir de Chambacú. – quieren arrebatarnos lo que hemos alcanzado con sudor y sangre. – Dizque van a construir aquí en la isla un hotel de lujo para los turistas. ¡Así no verán a tantos negros mugrosos!” (Zapata, 2009. P.p. 197; 183) 

 

 1.Es importante contextualizar al autor de la obra ya que da una idea de las intenciones y motivaciones que se tuvieron al crear la obra de Chambacú. Zapata Olivella nace en Lorica, Córdoba el 17 de marzo de 1920. Estudio en la Universidad de Cartagena, donde inicio un pre médico y finalmente se graduó de medicina en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá (1948). Fue un viajero, mientras realizo sus estudios viajo por Centroamérica; en Guatemala fue boxeador y se autonombro “kid chambacú”. Para 1944, fue practicante residente en la Clínica de ortopedia de Alfonzo Luis Tirado. Para 1947 publica “la dialéctica aplicada al diagnóstico clínico” texto que le permite optar al título de médico. Para el 48, viaja por la Guajira y el Magdalena junto con García Márquez. Viaja a EE. UU, donde se enfrentó con la discriminación racial y la desigualdad social, experiencia que plasmo en el libro “he visto la noche (1952)”. Muere el 19 de noviembre de 2004 en Bogotá.

2. Herida causada por un espolón de gallo de pelea. Un espolón es un crecimiento de hueso cubierto por una vaina de cuerno que se encuentra en varias ubicaciones anatómicas en algunos animales. (tomado de Wikipedia)

 3.Los chambaculeros vivían en una constante lucha con las autoridades del Corralito de Piedra porque estos buscaban desalojarlos, para entregar el territorio a unas particulares, que se consideraban los dueños legítimos de la isla, frente a esto, el gobierno local, ponía la negativa de poner servicios públicos básicos en Chambacú, sino que se les ofrecía estos servicios y viviendas dignas en otros barrios alejados del centro amurallado. (Núñez, 2012)

 

Bibliografía

 

 

Este  fue un proyecto final resultado del diplomado ´Contar lo Nuestro´ de la Revista Vive Afro.

 

Fotografía: La palabra, Museo Nacional, Repositorio UTB y cortesía

TAGS

cartagena
libro
manuel zapata olivella
reseña crítica

Recomendados

Literatura, contar nuestras propias historias bajo la mirada Raizal

RECOMENDADOS / 9 de diciembre de 2020

La comunidad raizal, habitante del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina se des . . .

Literatura Afro en el Pacífico

RECOMENDADOS / 7 de diciembre de 2020

La literatura afro y su incidencia en el Pacífico colombiano. Luz del Carmen Valencia Serna, invita . . .

“No leas por cultura, lee para no seguir siendo esclavo”

RECOMENDADOS / 7 de diciembre de 2020

Era un Domingo de esos donde lo que queremos es quedarse durmiendo en casa, debido a todo el cansanc . . .