no todas somos victimas

Lx diversx, la maricada, lo contra hegemónico, lo queer, la lesbiandad, lo no heteronormativo: también reproduce la misma violencia contra la que lucha. ¿Irrisorio?, ¡hay chistes que son dolorosos!

No todas somos víctimas desde que entendí con muchísima claridad que yo no fui su víctima; en cuanto observé que toda su niñez estuvo marcada por abusos sexuales dentro y fuera del núcleo familiar y esta violencia había definido su vida.

Entendí que yo no fui su víctima cuando supe que toda su niñez, adolescencia y adultez, había sido construida por la violencia física del padre sobre su pequeño cuerpo y baja estatura.

Entonces entendí que yo no era su víctima al saber que su madre le había instrumentalizado todos los días de su vida para obtener réditos económicos sin mover un dedo (a veces movía el dedo pero alegaba no alcanzarle).

Entonces entendí que yo no era su víctima porque el abuso psicológico era natural en ellx; fue una constante durante su edad más tierna a mano de sus «cuidadores» adultos.

Entonces entendí que yo estoy lejos de ser su víctima y ella mi victimarix, que no todas somos cadáveres emocionales; que algunas fuimos capaces de recurrir al amor propio para salvaguardar el interior, la vida y el espíritu.

Entonces entendí que yo no deseo ser llamada víctima; porque mientras ellx no tuvo comida muchas veces, yo tuve madre, padre en sus ejercicios, roles, responsabilidades y otros privilegios puestos a mis pies.

Entonces entendí que yo no soy víctima en cuanto dentro de este sistema cishetero-patriarcal estoy marcada como la bonita y ellx le dan por desechadx. Mi puerta siempre será abierta.

Entonces entendí que no soy víctima en cuanto crecí escuchando el «te amo» de mi madre negra y el «te amo” de mi padre negro; ellx sólo recibió el asco del padre y el silencio de la madre.

Entonces, ¿cómo permitir la lástima de lxs otrxs y que me llamen víctima por sus múltiples actos violentos, en cuanto su lógica natural y forma de socialización tiene por raíz el odio, el rechazo y la deshumanización?

Entonces, reconozco que si bien es una verdad innegable que nada justifica las distintas violencias sobre la vida de una mujer negra, no se me da la gana de ser vista como víctima; entonces yo no soy víctima, ni ellx mi victimarix. Porque para ser victimarix se necesita poder, y el poder no se halla en el contenedor de basura, ser victimarix ¡exige poder! y el poder no se encuentra erguido en medio de lo vomitivo y lo desechado.

Entonces pienso que no podré borrar los hechos de mi currículo, de mi vida pública, de mi vida privada. Que aún la vergüenza me visita y debo pedirle que se vaya; aún así yo no fui, no soy, y nunca seré su víctima.

Entonces, ¿Quién es víctima, quién es victimarix, quién necesita las migas de la lástima, quién necesita habitar la vida con un poco, con un algo de dignidad?

¿Cómo se puede ser víctima de alguien en cuanto su vida tiene absoluta ausencia de salud mental y tú puedes pagar para conservarla, repararla y tienes ventajas de acceso a la información?

Entonces, no  todas somos víctimas, y yo no soy su víctima:

Uno, porque a algunas no se nos da la gana. Dos, porque hay que reconocer el propio lugar de enunciación y con este, las ventajas y desventajas que se poseen dentro en este sistema que nos arrincona, que dicta que tan empobrecida serás en toda y cada área de tu vida; y tres, porque recuperarse de cualquier hecho que atente contra ti, requiere: tiempo, dinero, terapia y transitar un camino multidimensional muchas veces doloroso para hallarse, y al final de todo ello, cuando logras rescatarte por tu propia gestión, no te haría justicia nombrarte víctima.

 

Entonces NO todas somos victimxs.

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