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Me niego a ser olvido

Me niego a ser olvido…

A perderme en los brazos de la indiferencia

A caminar sin destino, sin sueños, sin metas, ni utopías

A ver el mundo solo a través de mis ojos, sin el perpetuo encuentro de mi ser en la mirada ekobia

 

A imaginar sin malungas, a vivir sin sentir y a sentir sin vivir

A volar sin las aves, a no aprender del natural relevo del cambio de estación

A pensar sin magia, sin selva, sin los espíritus, sin mis ancestros, sin dolor

A atragantarme con la pesadumbre del sentimiento de odio contra la hediondez de una sociedad secuestrada por desgobiernos violentos

A entender que la paz llegará mediante el silenciamiento del sufrimiento o con apresarse en alguna ideología del pacifismo de eternas fronteras de muerte

A creer que dejar de gritar la rabia, la ira, la tristeza, el odio, que vivimos es un acto de buena educación

Me niego a aceptar que la esperanza sea concebida como ausencia de lágrimas, lamentos e insultos contra quienes intoxican la vida, contra quienes no nos dejan respirar

Me niego a dejar de sentir que el progreso se encuentra cuando se camina en dirección de la vida; el curso del agua no es marcado por el cause, es el universo, la transformación

Me niego a no disfrutar de la paz de un grito desesperado:

¡Muerte al patriarcado!

¡Son una maldición, políticos corruptos!

¡Abajo la reforma tributaria!

¡Viva el paro nacional, hijueputa!

¡Asesinos, criminales!

¿Dónde están? ¡Los queremos vivos!

«¡Ojalá le mataran un hijo a usted para que usted supiera lo que duele, lo que duela la muerte de un hijo cuando un hijo es bueno!» Le dijo el señor Raúl Carvajal al expresidente Álvaro Uribe Vélez

¿Dónde están? ¡Las queremos vivas!

¡Paraco hijueputa!

¡No queremos a las Farc!

¡Abajo la guerra!

¡El pueblo lo dice y tiene la razón…!

¡Sí a la paz!

¡El pueblo no se rinde, carajo!

¡Somos semillas!

 

Es que me niego a perderme en los bajos del infierno

 

A decir que sí, cuando quiero decir no

A olvidar los sentidos que experimentan las plantas de mis pies en las orillas de los ríos o en las arenas del mar

A dejar de cantar para recordar, para reescribir la memoria y autorreparar nuestras heridas

A escribir con la fuerza de la Loba Blanca. A olvidar las heridas al Muntu causadas por su avaricia

A desprenderme de las imágenes del vacío, la fuga de sentido, el suspenso de eterno dolor, que ha sembrado la Loba Blanca-criolla al arrancar a María del Pilar de los horizontes de sus hijos, familiares y la comunidad

A dejar de sentir miedo y a dejarle vencerme la existencia

A desocuparme de aborrecer todo aquel que escarbe las semillas con su antiestética barriga, que envenene los frutos con su saliva amarga, que seque los ríos con su sonrisa hipócrita, que sepulte las selvas con sus cabellos, que utilice sus manos para arrancar la flor, que celebre la acumulación brindando con copas de sangre en clubes privados o que declare la muerte al mambo

A no aborrecer con vehemencia las ideas de “la otra mejilla” impuestas como acallamiento. Solo el corazón sabe cómo, cuándo, dónde, con quién, por qué…El perdón no tiene tiempo ni espacio

A encerrar las leyes del alma en las leyes redactadas con tinturas de pólvora y promulgadas con los unísonos de la vergüenza, el cinismo, notas de muerte

Solo quien odia impone el “perdón y olvido”, “borrón y cuenta nueva”, o propone una “amnistía universal” sin el fluido de los cantos, las palabras, melodías de la inmensidad y la abundancia del cariño de quien se reencuentra realmente con su rostro de humanidad

Solo el odio incita a no sentir, a no decir y a caminar sin la experiencia, sin todos

Es el odio de facto el que se ha atrevido a tanto: invitar a la esperanza vacía a quienes viven los colores del dolor, alimentan sueños con platos vacíos, se bañan en la sed, eternos peregrinos e irreparables en el penar, la angustia, la zozobra y el desarraigo. Los des/ombligados

Este odio se cubre de risas, nuevos trajes, se gradúa de universidades, habla muy bien, está lleno de diversidades insulsas y vive una profunda nostalgia burguesa. No se hacen llamar “gente de bien”, ellos son “muy bien educados”, “los más educados”. De ahí que la rabia, la ira y el odio genuino sean representados como extremos. Poco saben de perder el poder de ser repetidamente, cuando se ha entregado el ombligo. Poco conocen de aguas y plantas que sanan y alimentan el espíritu. Poco saben del pulmón.

Las Lobas Blancas siempre han desconfiado de la memoria. Los fantasmas de la autodestrucción los persiguen. Ahora nos quieren arrebatar el viento, el fuego, el sol, la lluvia, las olas, la tierra fértil que nos permite ver la vida, sentir.

Lee otras columnas de Yeison Arcadio 

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

Fotografía: Cortesía

 

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