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Los “embilletados” son realmente grupos criminales

¿Qué sería del departamento del Chocó si no hubiese emergido una clase depredadora y saqueadora como el grupo delincuencial que llaman los “embilletados”?

¿Cuántas muertes y/o asesinatos hubiesen podido ser evitados si en el Chocó no surge una ralea tan depredadora y delincuencial como esa que llaman “los embilletados”? ¿cuántas empresas podrían haberse creado? ¿cuántos profesionales podrían haber permanecido en sus territorios ayudando con su saber a construir el presente y el devenir del Chocó? ¿cuántos hospitales y/o equipamientos hubiesen podido conseguirse? ¿cuántas escuelas construidas, reconstruidas y dotadas del mejor material didáctico y pedagógico tendríamos? ¿cuántas devastaciones por las inundaciones se hubiesen podido evitar? ¿cuántas enfermedades hubiesen recibido un buen diagnóstico y una eficiente atención? ¿cuántos talentos deportivos y culturales hubiesen podido surgir si niños, niñas y jóvenes contasen con los escenarios debidos para el desarrollo del talento deportivo y artístico? ¿cuántos niños, niñas y jóvenes hubiesen permanecido en las vías de conocimiento y no se hubiesen vinculado a grupos armados ilegales o legales decretados para acabar con la vida? ¿cuánta de nuestra riqueza hubiese sido aprovechada para crear sistemas económicos ecológicos y sostenibles? ¿cuántos alimentos estaríamos generando para nuestra región y otras regiones del país y del mundo? ¿cuántos niños, niñas y jóvenes estarían creciendo, aprendiendo idiomas, instruyéndose en las tecnologías actuales y potenciando sus saberes en grandes bibliotecas? Usted puede contribuir planteando otras preguntas…¿se ha planteado alguna a propósito de esta dolorosa y vergonzosa realidad?

 

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La nominación de “embilletados”, en una sociedad marcada por el parecer, ligada a una estructura del consumismo, el machismo y el individualismo, resulta ser un halago para los hombres que pueden ser cobijados por este vocablo. “Embilletados” deviene una palabra atractiva y sexy, además; que se convierte en una especie de modelo a seguir o un estatus a alcanzar, pues resulta bastante atractivo llegar a pueblos empobrecidos con camionetas lujosas, música a todo taco, unas botellas de Güisqui y acompañarse de algunas chicas, aspectos marcados de la mafia. Se establece una norma que construye relaciones y prácticas sociales de la indignidad y de humillación constante frente al que “no tiene”, sus actores sienten representar “una clase social”, “una mejor clase social”, o una “clase política”, incluso a veces se asumen eruditos, por dos conceptos que han aprendido en algunas universidades donde se han destacado más por jugar al “buen negro” que por capacidades intelectuales; lo que menos tienen es clase. Sin embargo, como por arte de magia, estos “buenos negros”, cuando se encuentran con sus semejantes en los territorios, devienen “doctores”. Aquí lo de los estudios poco importa, es más importante la herencia de unos privilegios producto de actos delictivos que, en medio de la miseria, resultan mostrar a los otros que existen “rutas” para salir del fango en el que se encuentran, universo de insatisfacción al que han sido relegados por esta misma gente. Son bastante humilladores con la gente de los territorios saqueados. Pero sus “doctorados” duran muy poco. Solo con ante un cambio “de color piel” del sujeto al que se enfrentan, por ejemplo, en otras ciudades y en otros eventos institucionales, desarrollan su sumisión, incapacidad y la victimización, lo servil. Entonces, algunos apellidos en sociedades precarizadas como la chocoana se convierten en títulos. Por tanto, resulta necesario desmontar este nuevo epíteto de una tragedia.

 

Los “embilletados” son grupos de personas organizados para delinquir. Aquí las muestras de creatividad están dadas para sembrar la indignidad y minar cualquier posibilidad de futuro en nuestro terruño. Los intereses personales o de pequeños grupos prima sobre el interés de la población general. Realmente son unos parásitos que solo a través de la cooptación de las instituciones del Estado logran acumular riquezas. Por esta razón, deciden involucrarse en la política electoral. Su naturaleza es realmente otra, como serían la de los colonos en tiempos de la invasión colonial o la de las clases dirigentes centralistas que no ven en el Chocó sino un territorio baldío en el que hay muchas riquezas que deben extraer para sus fines. Su comportamiento es igual al de los grupos al margen de la ley y el narcotráfico, “lo que les importa es aumentar producción, encontrar las rutas y mercados para las drogas”; lo que pasa con las poblaciones afectadas no tiene la más mínima importancia.

 

De este modo, apropiarse de los dineros destinados a la salud, la educación, las obras de infraestructuras, la vivienda, las posibilidades de desarrollo económico, de la cultura, etc, de las y los chocoanos, es su más destacado “talento”. Pero como ha sido planteado, los efectos colaterales de los delitos de estos grupos organizados para delinquir se miden en muertes y en la degeneración de una sociedad que pudiera ser una de las regiones con mejor calidad de vida en el país. En este sentido, robarse los dineros públicos no se reduce solo a un asunto de enriquecimiento ilícito. Este es un delito que, además, se diversifica en sus impactos en las sociedades.

 

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En consecuencia, estos delitos nos han posicionado como una de las regiones más empobrecidas y violentas del planeta en medio de tanta riqueza. Las condiciones de vida son los efectos colaterales de decenios de saqueo. Igualmente, el que Quibdó sea haya posicionado como una de las ciudades más violentas del país, llegando al punto de la naturalización del infanticidio y el juvenicidio, es producto de estos grupos asociados a partidos, casas o clanes políticos de la región. Los chocoanos y chocoanas directa o indirectamente hemos sido afectados por la degradación social y la pauperización de la vida. También, hemos perdido amigos, familiares, conocidos o hemos sabido de los continuos asesinatos, robos, desapariciones, jóvenes farmacodependientes, niñas prostituidas, etc. Las posibilidades de acceso a la cultura, a la educación y al empleo se reducen cuando los dineros públicos han sido expropiados a la ciudadanía chocoana, para acumularse en las arcas de unas pocas familias de la región.  Evidentemente, no contar con sistemas sanitarios robustos ha llevado a que la mortalidad de nuestra gente, producto de enfermedades prevenibles o curables sea de las más altas. En esta misma dirección, que Medellín se convierta en “la clínica de los chocoanos” que, generalmente cuando se desplazan, están en los últimos días de su existencia. Adicionalmente, antes las pocas posibilidades de empleo, el Chocó vive un éxodo de su talento humano. Jóvenes destacados por sus formación y pensamiento, se ven obligados a buscar opciones en otros territorios del país y del mundo porque este grupo delincuencial odia el saber y las capacidades de su gente. Encuentran en personas formadas no una fortaleza para sacar la región adelante, sino que los convierte en sus enemigos. De ahí que instalen el clientelismo, la palanca, como opción de acceso al derecho al trabajo.

 

Las sociedades que progresan se destacan por instituciones sólidas y articuladas. También, son pueblos que han construido sistemas educativos pertinentes. Sin embargo, estos grupos delincuenciales han logrado permear todas las instituciones, descartando cualquier posibilidad de acceso a educación de calidad-pertinente para toda su ciudadanía. Esta clase de criminales no entiende que las posibilidades de crear empresa, de progreso, cultura de paz, Buen vivir y Vivir Sabroso se generan en la medida en que las personas logran acceder al goce pleno de derechos fundamentales, formarse, desarrollar su creatividad y pensamiento crítico. Estos clanes no entienden que será el saber el único aliado fundamental para que toda la riqueza del territorio chocoano pueda derivar en Bienestar Social duradero. Como “embilletados” podría llamarse a las personas que ha logrado acumular una fortuna simplemente. Pero aquí el caso, como he sido descrito, es otro muy diferente. Su interés es delinquir no construir riqueza; en efecto, sus resultados son notorios: la miseria y muerte.

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

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Fotografía: Cortesía.

 

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