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La negritud en Colombia: ¿Cómo se enseña? ¿Por qué esto es importante?

Hace unos días llegó a mi bandeja de mensajes internos en instagram, la preocupación de una madre, quien me mostraba la evaluación de ciencias sociales de su pequeñita de 8 años. En el examen, llevado a cabo de manera virtual, le preguntaban acerca de cómo era concebida la población afrodescendiente en Colombia. Todas las opciones de respuesta (incluida la de “esclavos”) estaban cargadas de unos sesgos racistas increíbles.

Lo jodido de estar en un país, que, constitucionalmente se reconoce como “pluriétnico” y “multicultural”, es que las luchas en el plano de las reivindicaciones se despolitizan, hasta tal punto, que cuando se piensa en las poblaciones racializadas, se les desvincula de su pelea por el reconocimiento de sus aportes, y más gravemente, se les refuerzan los estereotipos negativos a través de una imagen reduccionista y folclorizada de su esencia en el desarrollo de la nación colombiana.

La negritud en Colombia siempre se ha pensado desde el toque del tambor y la pollera colorá, desde la historia de sufrimiento bajo el látigo fustigador de la esclavización y desde la exotización de sus costumbres rituales y ancestrales, pero jamás se le ha reconocido oficialmente como objeto de deudas históricas que deben ser reparadas en concordancia de ese acuerdo tácito que supone la multiculturalidad institucional.

Bajo este marco de pensamiento, se nos vende la idea de que todos somos “iguales ante la ley” y el estado, pero queda claro que la forma en que hemos sido dejados a un lado en las narrativas oficiales del mismo, influyen directamente en el mantenimiento del status quo que se sostiene, aún hoy, y que en muchos aspectos fortalecen las dinámicas de desigualdad y segregación en términos raciales.

 

La cuestión de la evaluación de la clase de sociales de la niña en la introducción me dejó pensando en todas aquellas veces que he sido objeto de violencias racistas. Porque es que es preocupante que desde la educación oficial del país se sigan reproduciendo las mismas imágenes representativas de siempre, en las que lo negro no trasciende de su esclavitud, y que además, desconoce sus aportes en la construcción de la nación.

El asunto es, por lo demás, tan delicado, que enmarca a las personas en unas categorías sociales, teniendo como base su condición racializada, para asignarles roles marcados por los estereotipos que se siguen enseñando tan naturalizadamente de generación en generación. Así es como la lucha se desgasta, y el mayor logro, aparentemente es una ley (ley 70) que se soporta en el papel, pero que no logra cambiar las realidades de fondo de las personas afro en Colombia ni les otorga más oportunidades de ascenso social.

La raza, como constructo social, tiene implicaciones más profundas que el mero hecho de tener o no ciertas características fenotípicas. Es que ésta refuerza diversas opresiones que se ciernen sobre los cuerpos que las poseen. La asignación de estas características de manera externa (que nada tienen que ver con las capacidades y las resiliencias de las comunidades racializadas), también se usan a modo de justificante de las desigualdades que se perpetúan incluso (y muy preocupantemente) desde el modelo educativo.

 

Imagen de Roselena Galeano.

¿De qué nos sirve que haya una cátedra afrodescendiente, que homenajeemos a Zapata Olivella, o que nos inventemos un marco jurídico para la protección y reivindicación de las comunidades racializadas, si en el diario vivir se desdibujan estos esfuerzos en los manuales de convivencia que no permiten cabellos naturales en las escuelas, o que ya de plano, te enseñan que las personas como tú tienen representaciones tan negativas en el imaginario colectivo?

Que toda una población, que además es considerada una minoría con poca oportunidad de voz y voto, sea representada desde la educación oficial como esclavizada, deja mucho que desear. El derrumbamiento del racismo está obligatoriamente atravesado por la necesidad de incluir en la educación de las nuevas generaciones de colombianoscolombianas y de seres humanos en general; nuevos puntos de referencia, que desencasillen a las personas racializadas de los imaginarios negativos que cargan, y le devuelvan su lugar en la historia y la dignidad que le fue arrebatada a sus antepasados.

Es por eso que hablar de racismo es duro, porque las personas te revictimizan cuando te tratan de resentido social, a la vez que reproducen sus imaginarios simplistas sobre los cuerpos racializados, pensando en ellos solamente como aquellos que fueron esclavizados, o ya de plano, creyendo que sus tradiciones, vestimenta, música; y demás elementos culturales, son pertenecientes a un disfraz que se quita y se pone, como si de una tendencia vacía se tratara.

También tengo la preocupación sobre esto último, pero lo discutiremos después…

 

Palabras clave: educación; etnoeducación, racismo, afrodescendecia en Colombia, representaciones.

 

Para más información:
Afro Up
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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

Fotografía:Roselena Galeano y cortesía

 

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