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La culpa y el odio

Hemos vivido en una sociedad permeada por el odio y la culpa. Desde niños nos enseñaron a odiar, odiamos a los ateos,  a las personas sospechosas de llevar vidas desordenadas, a los comunistas que porque eran personas raras que no creían en el trabajo ni en la propiedad privada, odiamos a los negr@s que porque son perezos@s y sin vergüenzas, a los indígenas que porque son gente rara que aun habiendo pasado los años siguen resistiendo en su cultura, a los gordos, a los flacos, a los paisas, a los santandereanos, los rolos, los caleños, los costeños a los extranjeros, etc.  Los hombres hablando mal de las mujeres “ya no hay mujeres buenas” y las mujeres mal de los hombres, “ya no hay hombres buenos”, construyendo mitos.

 

Creamos odios hacia las religiones, ante la diferencia de orientación sexual, de creencias, discursos, odiamos a otros que porque a el o a ella todo le sale bien. Y así sucesivamente, a lo largo de nuestras vidas siempre estamos en contra de algo o alguien, hemos aprendido a defendernos y contraatacar, para no dejarnos y para protegernos de los demás. Tod@s contra tod@s.

 

Y al hacer todo esto llegamos a una práctica que replicamos en nuestros entornos rodeados de machismo, maltrato infantil, indiferencia, segregación social, racismo, violencia física, verbal, psicológica, económica, negligencia, sexual, abandono, discriminación y se convierten en conductas que naturalizamos; llegando a tal punto que lo hacemos que se ha contagiado en la cotidianidad de la vida, convirtiéndose en una pandemia con la que hemos vivido y se ha propagado a velocidades alarmantes, y frente a esta pandemia hemos vivido dormidos.

 

La relación con los otros se vuelve estéril, porque se vive desde una posición narcisistas en donde solo me importa lo que me sucede a mi y anulo la existencia de los otros, invalido sus emociones, y esto deja unas consecuencias físicas y mentales de ese exceso de presencia en sí mismo y se convierten en algo negativo.

 

Olvidamos que en cada mujer están todas las mujeres y que en cada hombre están todos los hombres, porque somos los mismos en diferentes cuerpos y mentes. Y nos encarcelamos en un odio que se convierte en un circulo vicioso que se retroalimenta en el día a día, dejando consecuencias de todo tipo y nos castra ciertas actividades que hasta nuestro cuerpo no los ha dicho, tener dos manos, dos pies, dos labios, dos ojos, dos oídos, etc. Y cada parte de nuestro cuerpo nos los dice a diario: que el trabajo en equipo, cooperar, colaborar o compartir dan resultados excelentes en cualquier cosa que nos propongamos como colectivo en las diversas realidades de la vida.

 

Otro mal que se refleja en la relación con el demás, mediada por la culpabilización, es la manipulación en los diversos contextos de relacionamiento. La identidad moral es derivada respecto a la formación cultural, nos queda un trabajo muy grande para desaprender esa manía de odiar y culpabilizar; porque a esas personas que odiamos, las hacemos sentir culpables, porque según nuestros juicios siempre carecen de algo para poder aceptarlos, la culpa por defecto ante los casos de ausencia de sentimientos (psicópatas); lo difícil es entonces precisar en que consiste el mal por el debemos sentirnos culpables y cuales serian esos principios morales comunes que permitan delimitar el daño hecho a los otros como efecto de la propia decisión.

 

La culpa tiene sentimientos asociados como vergüenza, miedo y se convierten en los enemigos del amor y es solo este, el que lograra salvarnos de vivir en cadenas; llegó la hora de romperlas y darnos la oportunidad de ir a un SPA y  solo sentir, pensar y actuar y cada uno de nosotros darse la oportunidad de mirar con ojos nuevos y dejar atrás la culpa y el odio y practicar el amor, él esta en cada uno de nosotr@s sin importar lo que hayas hecho y dicho, borra tu tablero y escribe nuevas historias desde el amor, el perdón y la gratitud.

Referencia: Lectura en medio de la peste la cultura del odio de Mario Mendoza

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación. 

Fotografía: Cortesía 

 

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opinión

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