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La arrogancia del deseo

blancoide, deseo

La arrogancia del deseo-tener-(te) es tan absurda, que te pide saltar al vacío sin analizar que habrá un fondo emocional esperándote y seguro te partirás no el alma, lo siguiente, porque es parecido a lo que dijo Cortázar: “es un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”.

 

¡Yeyé Kari, Omoriyeyeo, diosa Oshún! Por qué no escribimos desde el eros blanco, griego, naturalmente occidental, masculino e instalado internamente: en la psiquis, en lo corpóreo, en lo vaginal; escribimos desde la integridad del ser de nuestrxs ancestrxs negrxs, seductorxs, cimarrones, estrategas, llenxs de deseo, sensualidad y ganas de sexo. ¡Yeyé Kari! porque Oshun nos enseña que si bien el deseo erótico explicado desde la psicología gringocentrada obedece a ese impulso o anhelo de alcanzar algo, que surge al mismo tiempo por una experiencia vivida anteriormente asociada al placer, y comprendemos que el deseo surge para revivir esa experiencia de satisfacción, por lo tanto, no se puede desear sino lo que hemos conocido; nosotrxs desde esta orilla, entendemos que el deseo enseñado por la divinidad, obedece a uno que pide miel para encantar, que controla los ríos de agua dulce como quien controla o no un squirt, que bendice, no juzga, construye y tiene pulsión de vida.

 

Entonces diré en consecuencia, que muchxs de nosotrxs no logran evidenciar que en las relaciones vinculantes que entre mujeres establecemos, no solo la finalidad en este contexto sociopolítico se centra el espectro sexoafectivo contrahegemónico, y más allá de ese espectro sexo-afectivo debemos reconocer contemplativamente que también nos suceden los vínculos netamente eróticos movilizados por otros estímulos donde no necesariamente se habite en la tensión sexual, donde no se busque el consumo del cuerpo del otre, el juego de rol y el título para formalizar el suceso; sino que en ese acuerdo erótico muchas veces silencioso, delicioso y espontáneo, donde una parte es fuente inagotable de placer y la otra se sacia y retribuye esa dinámica, sobreviene el deseo de poseer pero viene lleno de arrogancia, he allí el “pecado”.

 

Así pues, explico que en un momento donde las mujeres seguimos careciendo de libertades y luchamos por obtenerlas, en una realidad donde nos hemos dado cuenta que el pájaro se ha convertido en la jaula contrario a lo que diría Pizarnick, ninguna quiere más habitar la jaula llena de un silencio impuesto donde el bautizo que te acompaña limita esa libertad peleada, a punto de conseguir o conseguida. Estamos ante las que se aman y no se nombran para no perder el permiso de vida, de excarcelación y el permiso de sumar otra más a la lista de amantes, otra más a la lista de amigas, otra más a la lista de compañera de dramas, otra más a la lista de intensas, de cómplices, esa, la que sabe la contraseña de tu móvil y el último mensaje recibido y leído, la que sabe qué fotos hay que borrar; o simplemente la que en su pleno y absoluto disfrute de soltería y soledad sin anhelar lo contrario, desea amar y ser amada, pero el problema emerge cuando la otra quiere desde su deseo erótico poseer, nombrar, bautizar y reclamar en propiedad y uso exclusivo.

 

Por eso Eros está escrito en masculino, porque lo es, Oshún en femenino porque lo somos o no y entre nosotrxs ella no siempre se alimenta de la libido, más bien se alimenta del deseo de conversaciones jocosas, de querer tomar el cafecito juntas, de esos “amores parchaditos”, apretaditos, cálidos, sin presiones. Se alimenta cuando le miramos a esa la ropa que lleva puesta y sabemos que se ve riquísima y sin ese morbo incómodo le lanzamos un cumplido, se alimenta de reconocer que esa otra también es una mujer espectacular, de perrear juntas en la mitad de la pista de baile, de ayudarle a escoger un novio porque es la hetero. Sí, Eros se alimenta del deseo de querer meterle los dedos a la que te gusta, pero también la arrogancia desaparece cuando desmontamos el deseo-tener-(te), y hay placer en las miradas cómplices que nada tiene que ver con el coqueteo, desaparece cuando sabes que te gusta el olor del cabello de la otra, de leerse toda la tesis que trabajó y presentó en la universidad, de conversar un montón de cosas que en una semana ni siquiera se van a acordar, de saber que la amas sin el deseo erótico; ese deseo que se alimenta de las conversaciones intelectuales sin que se llamen sapiosexuales.

 

Además, el problema no es el bendito rayo aquel que cae encima y te parte los 206 huesos del cuerpo y acaba con los órganos internos y te deja estaqueada en el patio, no. El problema es cuando ese deseo lleno de arrogancia te rebasa y en subordinación te lleva al camino de partida de esa procesión que debes iniciar en cuerpo, psiquis y espíritu para reparar todo el daño sufrido al perder tu libertad; arrogancia porque aún no entendemos que lo que conocemos como deseo y el deseo erótico y la exigencia de recibir una respuesta a ello, es una idea promovida cuya motivación es solo el placer sexual, no entendemos el deseo como fuente de liberación sino que lo interpretamos en clave del sistema capitalista, ese, que remite a poseer, a tener, deseo entonces adquiero como un intercambio mercantil.

 

Por último, suscribo a una invitación que alguna vez leí Cuyx autore que no recuerdo, pero dice más o menos así: “besa más las mejillas de tus amigues, destruye la creencia de que la intimidad debe estar reservada para las parejas monógamas. Sé más amorosx, abraza y acoge la intimidad y la vulnerabilidad. Usa la emocionalidad como táctica radical en contra de una sociedad que enseña que las emociones son signos de debilidad. Cuida, apoya, sostiene y ama”; y si no lo sabes hacer, yo Fares te ruego que aprendas. Entiende que, para esta realidad tan jodida en el planeta, solo el amor y la ternura podrá salvarnos. Piénsate y acciona el deseo desde una respuesta bidireccional a otros disfrutes también placenteros llenos de libertad, enamórate y concédete el permiso de estar en tu silencio contemplativo; se lee muy cliché, lo sé, pero ama sin depender, ama y honra esas conversaciones intelectuales que también te dan placer, disfruta las conversaciones livianas, el feeling, el silencio juntxs. Se Oshún, no seas Eros, distribuye miel, háblale a la otra con palabras bonitas, perdónala, dale tu favor y honra ese tipo de deseo erótico que nadie lo nombra porque no está destinado al consumo sexual. Renuncia a ser Eros el pálido, se Oshún.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación

 

Fotografía: Fares Montaño

 

Vive Afro, 7 años haciendo periodismo étnico digital

 

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