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La agenda política de Francia Márquez nos representa: a propósito de una candidatura presidencial afro

En las últimas semanas se ha despertado un interesante debate respecto a la necesidad de una candidatura presidencial Afro para las elecciones en 2022; desde finales del año 2020 y presentada ante los medios colombianos en la primera semana de enero por el representante a la cámara por el Partido Renaciente, Jhon Arley Murillo.

Sin dudas, como lo comprendemos quienes desde hace décadas venimos participando de movimientos, organizaciones, encuentros, congresos y colectivos académicos desde las orillas de las africanías; consolidar una presencia con agenda propia en el país es una necesidad fundamental para los pueblos de ascendencia africana de Colombia.

Empero, no es la primera vez que esto se propone en el escenario nacional, solo que ahora quizás gozamos de redes y accedemos a una mayor visualización en medios nacionales. También, no solo Estados Unidos, el mundo experimenta evidentes transformaciones en su demografía que tarde o temprano ratificarán el hecho fundante de la civilización humana: África como el ombligo del mundo.

Intelectuales africanos, como el camerunés Achille Mbembe, lo han destacado en varios de sus libros, artículos y entrevistas, “el devenir negro del mundo”; vale decir, que está marcado por su juventud y el espíritu de cambio que este representa.

En Europa también se ven cada vez con mayor fuerza esta transformación generada por la globalidad, no comercial, sí cultural, y las creolizaciones que dan lugar a lo imprevisible, como lo anota el conocido intelectual martiniqués Édward Glissant. Fenómeno, además, agenciado por la conectividad y las conversaciones e intercambios de sentidos que se están produciendo en nanosegundos y segundos.

En breve, esto constituye ya enormes posibilidades de la radicalización y fortalecimiento de movimientos e intelectualidades en favor de relaciones más equitativas, igualitarias, humanistas, justas, desracializadas, ecologistas, feministas, populares, campesinas, entre otras. De hecho, las élites del poder necropolítico mundial temen a la posibilidad de encuentro entre tantas agendas alternativas en el mundo.  

Pero, volviendo al tema sobre el cual deseo reflexionar, hemos tenido referentes que lo han intentado en otras épocas: Juan Manuel Zapata Olivella, Jesús Lozano, entre otros; todos sin el mayor éxito. De lo que hay que aprender, hacer poiesis, comprender los tiempos, contextos y crear con mayor altura. Podríamos nombrar esto desde las africanías como la Sankofa, en términos simples: “ver pa’ traj porque vamoj pa’lante”, como lo acuñamos en CADEAFRO (Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos).

Sin embargo, en medio de los debates, por un lado, ha emergido una corriente que se deja llevar por el ejemplo estadounidense; una corriente que no se  detiene pensar en la historia y el camino recorrido del pueblo afroestadounidense para lograr ser determinantes en el momento Obama, y ahora con Biden y Kamala, entre otras conquistas.

Esto ha impulsado a un sector afro (incluidos algunos participantes del movimiento social afro) liderado por Jhon Arley Murillo y otros, para promover a Luis Gilberto Murillo vinculado en la campaña electoral en Estados Unidos como la promesa de la representación de los pueblos afrocolombianos ante el público estadounidense y de cara a las elecciones en el año 2022.

Una falsa representación, tiene poco asiento su “liderazgo” en estas poblaciones actualmente. En términos reales sus banderas no han sido las de las luchas étnicas, sociales, territoriales, ambientales, civiles, feministas, etc. De hecho, cuando los pueblos se han levantado en paros cívicos por Derechos Fundamentales sistemática e históricamente negados; estos grupos han brillado por su ausencia, por su ensordecedor silencio o por la simpleza de su complicidad criminal con las élites que han malgobernado el país intentando restarles importancia a las justas movilizaciones y acallando.

Poco y nada hemos sabido de ellos ante el desproporcionado des/ombligamiento (desplazamiento forzado), las masacres, los asesinatos contra líderes sociales, entre otras. Por tanto, es evidente que de una forma u otra estos grupos han sido más altavoces de las agendas de las élites mestizo-criollas vallunas, paisas y bogotanas, que voces empoderadas de las luchas populares en las agendas de quienes ostenta el poder en Colombia.

De este modo, no quiero imponer una verdad, pero sí llamar la atención frente a lo que puede estarse configurando. No podemos dejarnos llevar por impresiones actuales, pero sí dedicarnos a estudiar trayectorias y propuestas.

Así que veo con enorme crítica esta necesidad que se construye de una nueva campaña afro o contra-campaña a la presidencia (Francia propuso su nombre en agosto del 2020); particularmente, porque durante los últimos años estos han gozado de poder en ministerios, representaciones, gerencias relevantes y muy poco hemos conocido de agendas sólidas populares de cara a las notorias constantes vulneraciones a los Derechos Humanos contra la población afrocolombiana y sectores subalternizados del país, amén de favores individuales que poco pesan a la hora de reflexionar sobre lo sistémico de las inequidades y desafíos socio-políticos en nuestro país. Han dejado solos los liderazgos comunitarios o poco sabemos de su respaldo hacia ellos y ellas.

De ahí que otro sector estime que esto obedezca más a una pesca en río revuelto, probablemente auspiciada o, por lo menos, muy conveniente para las élites colombianas en el gobierno, quienes han identificado lo determinante que fue en las pasadas elecciones el voto afrocolombiano en las regiones Pacífica y Atlántica, favoreciendo la candidatura de la Colombia Humana; convirtiéndola, además, ya no en la relegada oposición que representaba un grupo de la izquierda tradicional colombiana, sino en una alternativa de poder para transformar desde el poder.

¿Intentan dividir el voto afrocolombiano para darle paso a un centro muy a fin al status quo? ¿desean aglutinar votos afrocolombianos para negociar vicepresidencia, ministerios y puestos que ante la agenda económica necropolítica de las élites solo “ennegrecerían” la foto de gobiernos racistas, sexistas, clasistas y corruptos? ¿”ennegrecer” el rostro de los gobiernos para que todo siga igual?

De otro lado, estos sectores críticos relacionados con agendas de movimientos sociales y académicas; nos preguntamos no si hay que tener o no una candidatura presidencial afro, sino que planteamos otras preguntas más estructurales y estructurantes: ¿para qué una candidatura afro? ¿cuál sería la agenda de esta candidatura? ¿es posible consolidar una conciencia popular afrocolombiana que impulse representaciones desde agendas propias y con capacidad flexible para articularse con otras alternativas?

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Incluso, también nos preguntamos si es realmente pertinente una candidatura ante la avanzada del fascismo en Colombia (me siento acogido por el texto escrito en Facebook por el amigo periodista e investigador independiente José E. Mosquera), si esto no es quizá ponerle un palo en la rueda a las alternativas de poder ante la avanzada fascista que legítimamente lograron vencer en las elecciones pasadas; si nos detenemos en la notoria compra de votos, el inflijo del narcotráfico, los delitos en la registraduría, entre otros esperpentos que poco a poco han ido saliendo a la luz.

De las alianzas tipo inclusión vivimos desde las colonizaciones y esclavizaciones de los pueblos originarios (indigenizados y afrocolombianos) y campesinos mestizos. Las mayorías no se desplegaron en los palenques y rochelas, las mayorías asumieron seguir comiendo de las migajas de la mesa de la clase esclavócrata hasta nuestros días.

En términos reales, sin negar que esto haya generado posibilidades para individualidades, lo que se caía de la mesa del esclavista no era para edificar la DIGNIDAD. Al contrario, estas representan la gota de hambre para mantener pueblos sometidos al pedir y hasta mendigar lo que por humanidad les corresponde. Es fortalecer la agenda neoliberal del individualismo, no por nada esta misma élite impone el discurso del “esfuerzo”, pero poco se compromete con el goce de derechos desde la universalidad, como lo supone la democracia y la misma idea de república.

Por consiguiente, en lo que a mí respecta, considero que se debe construir una agenda no de INCLUSIÓN en los modelos económicos necropolíticos para ver si se desprenden algunas migajas de su “esperada bondad”; sino construir una agenda multisectorial que proponga al país una transformación SUSTANTIVA del modelo político y económico imperante para plantar las semillas de una era por la vida, en plural. Esto es, la implementación de políticas de Estado  desde una economía del Vivir sabroso, “el desarrollo” de los territorios en torno al cuidado del agua, la celebración y protección de vida de todos los seres, la hospitalidad y el cuidado de nuestras niñas y niños, el tejer una cultura de paz desde cada rincón del país, la profundización en acuerdos de paz con TODOS los grupos armados, el fortalecimiento del feminismo como escenario de la política, el desterrar los feminicidios, la erradicación de los asesinatos sistemáticos a los gestores de la democracia (líderes-lideresas sociales, humanistas, ambientalistas, feministas, étnico-territoriales, educadoras-es, entre otros-as), la ecología de saberes, la democratización del saber, la producción sustentable de alimentos, la redistribución democrática de las tierras, el reconocimiento sustantivo del campesinado, la desracialización de la política económica, radicalizar la justicia social, etc.

Para seguir abriendo el debate, al revisar cada uno de los puntos señalados en esta gran agenda política, siento que el liderazgo de Francia Márquez la encarna con lujo de detalles. Francia Márquez representa un liderazgo fresco, no-violento, vanguardista y propositivo que ha estado al margen de las élites y sus mieles. En consecuencia, si en verdad estamos interesados en una candidatura afro para la transformación de la sociedad colombiana y que estructuralmente proponga una Vida sabrosa para las comunidades afrocolombianas, debemos encontrarnos sin egos, anteponer la apertura de un camino de esperanza popular ante el fascismo y tercerizar los intereses individualistas para apostarle a una candidatura a la altura de los retos del siglo XXI y que representa justicia histórica (mujer, mujer negra, mujer campesina), tejido social, coherencia, juventud, ecología (en el más amplio sentido), renovación política en Colombia. Representa esa política del amor que abrirá el camino de PAZ en Colombia.

Asimismo, Francia porta una agenda flexible y conversacional con múltiples sectores del país que alimenta la confluencia de sentidos para marcar popularmente en victoria nuevas páginas de la historia de Colombia. Celebro en gran medida que desde ya Francia le haya dado un marco planetario a esta agenda y recientemente haya enviado una carta a la nueva vicepresidente de los Estados Unidos Kamala Harris. No estamos para esperas y juegos de entretenimiento. La Agenda Francia Márquez nos representa.

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación. 

 

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