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“Juventud en apuros”

Frecuentemente se percibe al joven como sujeto de alta peligrosidad por su protagonismo en fenómenos de violencia y criminalidad. Esta situación es más relevante para aquellos que viven en situación de pobreza y que habitan en las zonas marginales de los centros urbanos y se correlaciona directamente con procesos sistemáticos de aniquilación de jóvenes, bien sea por operaciones como las denominadas de «limpieza social», por asesinato selectivo o como víctimas de los homicidios de la delincuencia común.

 

De manera progresiva la sociedad colombiana ha venido manifestando una exclusión de la juventud de los procesos sociales y políticos, y una marcada dificultad para el diálogo y la comprensión intergeneracional. A menudo se percibe al joven como sujeto de alta peligrosidad por su protagonismo en fenómenos de violencia y criminalidad. Esta situación es más relevante para aquellos que viven en situación de pobreza y que habitan en las zonas marginales de los centros urbanos, y se correlaciona directamente con procesos sistemáticos de aniquilación de jóvenes bien sea por operaciones como las denominadas de «limpieza social», por asesinato selectivo o como víctimas de los homicidios de la delincuencia común.

 

Siento la necesidad de recordar el reconocido y popular adagio utilizado por todos los colombianos que dice “Los jóvenes son el futuro de Colombia”, lo que nunca nos explicaron era a qué tipo de jóvenes se referían o si por el contrario este llevaba implícito una acepción de personas, ya que este adagio ha pasado de generación en generación y aún se siente disperso.

 

La falta de participación ciudadana de los jóvenes, en general, y de los jóvenes en situación de pobreza, en particular, se expresa también en la debilidad de sus organizaciones. La acción colectiva es escasa y tiende a tener un deficiente apoyo, cuando no una oposición de parte de la comunidad y del Estado; contribuye a esta situación la imagen estigmatizada negativamente de los jóvenes populares que prevalece en la opinión pública, difundida por los medios de comunicación masiva, reforzando así su segmentación espacial y social.

 

El poco o nulo reconocimiento en el espacio público es tan intensa en los jóvenes populares, que padecen el silenciamiento y el desconocimiento sistemático de sus contribuciones culturales, afectando ámbitos como la relación entre géneros, el respeto al medio ambiente o la tolerancia hacia la diversidad, donde las nuevas generaciones muestran nítidos signos de transformación respecto de prejuicios y limitaciones de la sociedad adulta establecida.

 

Se hace entonces indispensable y de vital importancia que se potencie la visión de y sobre los jóvenes como «sujetos de derechos», en su doble significación de construcción de condiciones para el ejercicio pleno de la ciudadanía y del establecimiento de garantías sociales e institucionales para el respeto y cumplimiento de sus derechos fundamentales.

 

Un secreto a voces

 

“Los jóvenes estamos sufriendo de manera más aguda la crisis laboral y en ello se hace más evidente la brecha de género que está presente en todos los grupos etarios, sumándole a lo anterior el hecho de que tenemos un riesgo aún más grave y peligroso: la muerte violenta nos ronda de manera mucho más cercana que a los demás. Su posibilidad de morir asesinados es muchísimo más alta.”

 

¿Ve´ y cuál es la prioridad?

 

En situaciones de máxima turbulencia, como las que se viven actualmente muchas de las zonas periféricas del país, no es posible pensar en el largo, ni siquiera en el mediano plazo. Como nadie tiene claro qué hacer, como es tan desgastante negociar con nuevos gobiernos o líneas de mando que se suceden vertiginosamente produciendo nuevas agendas cada seis meses, como no hay representatividad ni iniciativas sostenibles, como las reformas políticas se quedan en el papel, como no se ven resultados de los programas, como sólo hay presupuesto para asuntos de emergencia y prioridad (los jóvenes no lo son)… se buscan salidas radicales que fluctúan entre la desmovilización, las soluciones de fuerza o la completa transformación de leyes, instituciones y concepciones vigentes.

 

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 Ser joven en Colombia un sinónimo de criminalidad

 

En los últimos años, ha estado en juego la vida de lo jóvenes que se encuentran ubicados en las zonas periféricas del país, quiero traer a referencia un caso el caso puntual de mi ciudad natal Quibdó, Chocó, en donde el asesinato de jóvenes se ha vuelto constante bajo el argumento de que estas personas pertenecen a algún grupo delincuencial sin que medie ninguna investigación que dé cuenta de la veracidad de los mismos.

No cabe duda de que cómo la población joven necesita de la aplicación real y efectiva del nuevo vasito de agua nacional llamado “políticas públicas”, a través de las cuales se atiendan las necesidades de la población joven de la ciudad de Quibdó, del Departamento del Chocó y de Colombia en general.

No sé si lo de ser el futuro de Colombia le pertenezca a mi generación, pero lo que sí es evidente es que nos estamos quedando sin presente, no solo los jóvenes, sino todos los colombianos.

No tenemos garantías, pues cada día con los ruidos de la inequidad, invisibilidad, injusticia y falta de oportunidades apagan nuestra esperanza, esa que siempre nos hace pensar en un mañana mejor.

 

“Juventud en apuros”…

 

Referencias

González ,Germán Temas y problemas de los jóvenes colombianos al comenzar el siglo XXI

Codees. (1997). El Desplazamiento en Colombia. Bogotá, D.C.

Muñoz, G. (2000). «Otra década perdida». Revista Nómadas

Rodríguez, E. (2001). Políticas públicas de juventud en Colombia: desafíos inmediatos y prioridades estratégicas para una gestión institucional renovada. OIJ.

 

*Abogada.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

*Fotografías: Cortesía

 

 

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