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El Sueño político del colombiano blancoide

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El Sueño político del colombiano blancoide: el exterminio de lxs que habitamos las márgenes y derramamos la sangre

 

A propósito de toda la propaganda política ya que se acercan los próximos comicios presidenciales, recuerde que uno de los males políticos colombianos y recolonizadores de la clase dirigente tradicional, es el sueño de exterminar lentamente toda comunidad étnica en Colombia y eso, eso no tiene discusión, tiene pruebas y mucha historia.

 

Nadie nos podría decir con exactitud cuáles son las secuelas psicológicas que padecemos, cuál es el umbral del dolor cíclico y colectivo por el que cada cuatro años pasa el pueblo colombiano, ellos, los colombianos porque nosotrxs las comunidades negras, afrodescendientes, raizales palenqueras y pueblos indígenas, seguimos en pleno 2022 sin recibir el favor y el bautizo de ser reconocidos como ciudadanos (civiles).

 

Pero a pesar de esto vivimos donde la corrupción devora mayoritariamente nuestros territorios y donde la expoliación de nuestros recursos es pan de cada día para permitir el avance y desarrollo de esos que habitan el centro…mientras que los que fuimos obligados a habitar las márgenes seguimos derramando sangre para sostener un estado-nación plenamente fallida cuyo mayor deseo es nuestro exterminio a través de sus necropolíticas, la siembra de muerte a través de lxs nuestrxs y la perpetuación del deseo del amo blanco, si no vivimos una recolonización permanente, ¿entonces qué otra cosa es?

 

Dicho lo anterior, no hay suficientes argumentos ni lógica real para entender cómo, por qué y en qué momentos Colombia ha sido y es el país más feliz del mundo según las famosas encuestas de instituciones de renombre como las de Gallup International, cuando es evidente para cualquier ser humano con un mínimo de sentido común, entiende que ninguna persona nacida en los últimos cincuenta años en tierra colombiana conoce esa paz de la que tanto se habla, por la que un expresidente se llevó un Nobel de paz precisamente, nobel que parecía más una estrategia política en beneficio propio para animar su ego masculino y que al final esa posibilidad de darle respiro a este país, se nos convirtió en un terrorífico espejismo para el resto de los connacionales.

 

Esto, sin mencionar que debido a que somos un pueblo sin memoria, sin educación política, enemistados con la historia y sin educación financiera cada cuatro años recibimos la catástrofe de los comicios electorales con resignación y un “es que eso ya se sabía”.

 

De modo que el sueño de ese puñado de gente colombiana de bien, paraquita, blancoide (Pizarro 2016), criollita porque sabemos que fue apareada con lo más digno del europeísmo, cuya acumulación de sus riquezas proceden de todo lo que han robado desde el desembarco de esa escoria llamada Cristobal Colon, gentecita de bien que con una mano se bandean para esnifar toda clase de polvo blanco y con la otra se rezan un rosario que les sale de lo más profundo y sacrosanto de la moral judeocristiana.

 

pues si, ese puñado de gente que hace nuestra política, nos administra los recursos y nos gobierna, tiene como meta hacer un borrado de nuestra existencia y eso inicia con perpetuarse en el poder y administrar con la biblia en mano este desafortunado país, que finalmente no es un país, es una trampa de la cual no podemos escapar porque tenemos instaurados un falso orgullo nacional: “a mucho orgullo soy colombianx” y que por otro lado esa misma trampa nos tira de la mesa las migas y con esas tres comidas del día permanecemos en ese incierto y doloroso: “aquí luchándola mijx”, “ahi vamos”, porque llegamos siempre a fin de mes. Si esto no es un lento exterminio, ¿entonces qué otra cosa es?

 

En consecuencia, nadie puede decir que la política en el país también está construida por gente negra cuyo único papel ha sido ser instrumentalizada porque hay que cumplir con la cuota de inclusividad (allí tenemos una candidata), fuera de lo anterior, hemos sido históricamente el insumo de ese conflicto armado que se ha llevado la vida de muchos de ese proyecto de exterminio no de la pobreza sino del pobre, del campesino, de nuestrxs compañerxs, en la ciudad cuando una familia de clase media intenta cubrir sus necesidades con un sueldo mínimo degradante, con los 6402 falsos positivos y el sufrimiento de cada una de sus familias.

 

También de las madres, del soldado raso y el bachiller que piensa que esa es su única salida, del estudiante universitario que traduce su ejercicio en una pena de muerte, de lideres sociales, ambientales, comunales y otrxs quienes son los únicos que pueden defender los territorios y eso les cuesta la vida, de nuestras infancias que se supone que la institucionalidad debe velar por ellos pero están atrapadxs en un círculo de abuso, degradación y violencia sexual, de los curas, pastores y los escogidos de Jesús que hacen parte de todo ese entramado de problemas y guardan silencio.

 

Por ende, con toda evidencia digo que mis ancestras, mis bisabuelxs y abuelxs no pudieron conocer y mucho menos disfrutar de un país en paz; así como tu madre, tu padre, tus hermanxs mayores y menores, no conocen hoy que es vivir un día tranquilo en Colombia, es más, podríamos decir que los hijxs en gestación que aún no han nacido de alguna madre en el país, probablemente tengan que vivir de alguna forma ese conflicto armado que enriquece los bolsillos de esa clase dirigente, de los mismos ricos de siempre y cuyo único problema es los que no son como ellos. Eso quiere decir que no hay generación en Colombia que conozca la paz, esa misma que nos dijeron que sería estable y duradera.

 

En síntesis, diré que no hay dudas de que Colombia es un país hermoso, pero más hermoso seria poder ver como desaparece la corrupción, como nuestros campesinos regresan a sus tierras, como el estudiante no deserta, como la vida de lxs renacientxs es protegida, como la gente citadina se hace más consciente y entiende que son parte de la solución así tengan todo en la comodidad de sus apartamentos, cómo las lideresas y líderes sociales hacen lo propio.

 

Colombia sería hermosa si los medios de comunicación dejaran de ser comprados, si los coterráneos entendieran que somos un estado laico y que la iglesia en cabeza de sus pastores hoy día son organizaciones encargadas de lavar activos por aquello de las bendiciones de Dios, Colombia definitivamente sería hermosa si los carteles nacionales e internacionales de la droga se fueran de nuestros territorios, si gran parte de los funcionarios públicos y de políticos dejaran de comprar sus títulos universitarios y dejaran de hacer plagio, si las transnacionales dejarán de extraer nuestros recursos ambientales, sin la desaparición, secuestros, desplazamiento forzado.

 

Por último, si bien el sueño del político colombiano blancoide* quien representa con honestidad y a virtud a los colonos en pleno ejercicio, es el de acabar todos sus problemas que se traducen en la existencia de las personas, negras, afrodescendientes, raizales, palenqueras y los diferentes grupos indígenas, nosotrxs desde donde habitamos, tenemos la posibilidad de acabar realmente con esa ralea de lo peor.

 

Nosotros que habitamos las márgenes y no queremos su sucio centro, podemos esta vez resistir ese deseo de exterminio, podemos defender la vida en las urnas, podemos entender que el problema NO ES un presidente, es realmente un congreso, un senado, no importa si todas las opciones están llenas de excremento, podemos escoger lo menos peor, lo que menos untado esté… antes del sufrimiento durante cuatro años más y sumar más décadas de degradación de nuestras vidas, decidamos ¡HOY! que si no hay respeto por la gente negra, afrodescendiente, raizal, palenquera e indígena…quienes hemos construido este país, al menos tendrán que tener miedo.

 

*Blancoide: según  Yolanda Arroyo Pizarro (2013)
Mientras no se pueda decir blancoide, ningún ‘aclarado’ con privilegios me podrá imponer el decir «negroide». Ilumínese con conocimiento. Abandone el racismo lingüístico. Existen muchos artículos que lo explican muy bien, en especial uno escrito por Maria Reinat-Pumarejo. A que usted para ofender o humillar dice «intelectualoide», «sentimentaloide», et al. A que usted intuye la diferencia entre humano y humanoide y sabe distinguir cuál de los términos se percibe como inferior. A que le disgustan las hemorroides… No se resista. Es usted un ser humano adulto pleno, no un crudo espermatozoide. Acepte que ha dicho mal «negroide» todo este tiempo y retráctese. De ahora en adelante haga el compromiso de no aportar al l racismo, en especial si es usted escritor.

 

Puedes leer otros artículos de Fares Montaño

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación

 

Fotografía: Fares Montaño

 

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