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El feminicidio de Yolimar Beatriz Díaz: como si fuese ella la culpable

Desde que el bus va entrando por la Cruz del Viso, las montañas se ven más de cerca. La carretera larga, forrada de palma de aceite a ambos  lados, va indicando el desvío del camino que parece no tener fin, pero entonces miras el cartel que dice, María La Baja, y sabes que ya has llegado, y la palma de aceite sigue y los huecos en la vía derecha también.

 

Las cantinas a la orilla de la única carretera principal, las fondas de sopa y seco, los talleres de tecno mecánica, los tumba cucharas y panaderías de cachacos, y esos locales en cada esquina de venta de celular por crédito o con pago en mano, allá en aquel municipio, donde la gente toma y toma cada fin de semana, donde una niña es madre a los 13 años, donde los jóvenes parecen estar perdidos en ese horizonte que se hace invisible para ellos, donde el campesino ara la tierra en el pedazo que queda, y donde al llegar, un día antes de las elecciones, las madres y las jóvenes no dejaban de lamentarse, por el feminicidio de Yolimar Beatriz Díaz, y queda la pregunta ¿Por qué?.

 

Una joven de 17 años, que fue violada y asesinada, por quién sabe quién o por quién sabe quiénes. Su cuerpo fue hallado el sábado 28 de mayo, en horas de la mañana, en el patio de una casa abandonada en el barrio Buenos Aires, en María La Baja, donde los medios no aparecen ni porque llueva, y sus noticias publicadas en la página web y redes sociales es resultado de un teléfono roto a la distancia que parece no quebrarse jamás, porque ni los que escriben, ni los que investigan, ni los que graban se atreven a tomar el desvío del camino, y terminan haciendo un periodismo frío.

 

En la mañana húmeda del domingo, porque en la madrugada del sábado llovió a chorros, las calles embarradas no alcanzaron a escurrirse completamente, y la gente empezó a salir a votar, esquivando los charcos de los callejones, pero en las filas de las mesas de votación  o en el reposo bajo un palo de torombolo, no se hablaba de política, ni de ´Petro´ ni de ´Fico´ ni del mejor o el peor ni de lo que prometieron o estaban por prometer. Esas jóvenes hablaban de Yolimar, les dolía la violencia sexual y física a la que fue sometida, les dolía su muerte; y en la conversa intentaban buscar alternativas para protegerse en su condición de ser mujeres adolescentes y jóvenes, porque daban por hecho que, un hombre no atraviesa por estas violencias, y que son ellos los agresores.

 

A las siete de la mañana, cuando las personas se alistaban en sus casas para asistir a la marcha en nombre de Yolimar, convocada por el colegio la CDR, en el que cursaba décimo, se escuchó el megáfono en la esquina de cada barrio, una sola vez. Se anunciaba su sepelio en el barrió Buenos Aires: «conocidos y amigos están invitados al sepelio de Yolimar Beatriz Días Guerrero».

 

Con pancartas, y globos blancos la funeraria salió del sector de Buenos Aires a la plaza principal de María La Baja, y luego al cementerio local. Había un hombre que llevaba un megáfono, y le preguntaba a las jóvenes que llevaban los carteles y globos: “¿Qué pedimos?”, y entonces ellas contestaban a un solo grito vivo: “Justicia”. La madre se recostaba llorando al carro blanco que llevaba el cuerpo de Yolimar, su padre miraba el cielo azul cuando las jóvenes soltaron los globos blancos que se quedaron flotando en el aire alto, y pese al dolor y la pérdida se escuchaban voces arbitrarias en el adiós que decían:  “Ella vestía muy corto para ser una jovencita”, “Para qué andaba tan tarde en la calle”, “Ella llevaba una vida muy desordenada”, pero ¿Estas son razones para violar y asesinar a una joven?, ninguna razón se le debe acuñar para cerrar el hueco del daño y el dolor que sufrió la víctima y que ahora sufre su familia.

 

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Pero del otro lado, a mi oído entraban otras palabras, y es la incertidumbre del día siguiente que llega, y que no sabemos cómo vendrá, porque en los pesares y el sentir de las madres que lloraban por la pérdida de Yolimar Beatriz, también se preguntaban ¿Qué pasará con mi hija viva?, ¿Van a atrapar al responsable ?, ¿Qué va hacer la alcaldía?, al final, alguien dijo en voz alta ¿No voy a dejar salir a mi hija?, y alguien le respondió: “como si fuera ella la culpable”.

 

Foto: Betty Zambrano

 

Vive Afro, 7 años haciendo periodismo étnico digital

 

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