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“Boomerang”

Margareth Paz-columnista

La dominación política es una categoría fundamental de la teoría social, un concepto central de la sociología política y uno, tal vez el principal, de los objetos de la ciencia política. ¿Cómo surge y desaparece la dominación? sobre todo ¿Cómo ella misma se fundamenta? éstas son las preguntas centrales de la vida política. ¿Quién domina? ¿Y quién es dominado?  es una diferencia sustancial del pensamiento político; sin embargo, “la palabra se utiliza en gran parte sin reflexión crítica”.

 

El boomerang, conocido también como búmeran en algunas regiones, es un arma arrojadiza que lanzada con movimientos giratorios puede volver al punto de partida. La palabra bumerán deriva del inglés “boomerang” que se centra en las acciones del ser humano, es decir, todo lo que un individuo realice a él regresa.

 

El presente escrito pretende asemejar este término «Boomerang» con la dominación política que vivimos día a día, no sin antes plantear dos tópicos:

 

No es casualidad, que los problemas que nos aquejan como sociedad, sin importar el tiempo, el lugar, la generación y avances tecnológicos sean los mismos.

 

No es casualidad que sin importar las diferentes realidades a las que como sociedad nos enfrentamos, terminemos optando por lo mismo.

 

Sin duda alguna existe una variante que sin importar cuánto avancemos nos hace regresar al mismo lugar.

 

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La dominación política es una categoría fundamental de la teoría social, un concepto central de la sociología política y uno, tal vez el principal, de los objetos de la ciencia política. ¿Cómo surge y desaparece la dominación? y sobre todo, ¿cómo ella misma se fundamenta? éstas son las preguntas centrales de la vida política. ¿Quién domina? ¿Y quién es dominado?  es una diferencia sustancial del pensamiento político; sin embargo, “la palabra se utiliza en gran parte sin reflexión crítica” (Sternberger, 1980: 153).

 

Bajo la “dominación” se comprende una relación social recíproca y asimétrica de dar órdenes y brindar obediencia, en la cual una persona, un grupo o una organización pueden obligar a otros (temporalmente) a obedecer. Solo la regularidad y el éxito caracterizan a la dominación como institución. No importa si las instancias de la misma son representadas por personas o permanecen anónimas: ellas otorgan una estructura central estable al mundo social caótico y cambiante.

 

La mayoría de las teorías de dominación desde la Antigüedad hasta nuestros días se desarrollan bajo una estructura social y política en donde un sujeto manda y da órdenes a determinados destinatarios, quienes cumplen con ellas (o se niegan). Al sistema de dominación se le asigna la función de tomar decisiones vinculantes de manera autoritaria y de imponerlas frente a las otras estructuras de la sociedad.

 

La constitución política de 1991 establece en su artículo 1: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”.

 

Se supone que en un Estado democrático este tipo de dominación no existe, pero bueno, ¿Qué sucede en Colombia?

 

El orden de dominación aparece aquí no como ordenamiento jurídico fundado racionalmente, sino como un ensamble de dispositivos y estrategias de poder difusos y no localizables.

 

Representación sin representación

 

Soy originaria del Departamento del Chocó, en donde todos sus habitantes, al igual que en el resto del país, vivimos un Boomerang constante e interminable, en materia electoral = los mismos; en materia laboral= lo mismos; en materia de representación = los mismos, pareciera que durante estos 30 años nada pudiera hacernos soñar con la ilusión del cambio.

 

Cuando escribí “Y es que a mí no me gusta la política” hice referencia a la importancia de ejercer el derecho constitucional del cual nos habla el artículo 258. “El voto es un derecho y un deber ciudadano. El Estado velará porque se ejerza sin ningún tipo de coacción y en forma secreta por los ciudadanos en cubículos individuales instalados en cada mesa de votación sin perjuicio del uso de medios electrónicos o informáticos”.

 

Situación que nos ha llevado a estar no solo a nivel territorial (municipios, Departamentos) sino a nivel nacional en lo que yo llamo una “representación sin representación”, es decir, elegimos ciudadanos(as) para que velen por la protección y cumplimiento de nuestros derechos, pero ese mandato no se materializa.

 

Memoria selectiva

 

La memoria selectiva es un fenómeno que se utiliza de forma popular para justificar por qué una persona puede acordarse muy bien de una cosa y haber olvidado, por absoluto, otros sucesos.

 

En Colombia sin importar el municipio o Departamento en donde se resida son un hecho notorio quienes, de una forma u otra, nos han arrebatado todo, definiéndonos así con palabras como: pobreza, falta de oportunidades, servicios básicos esenciales inexistentes e inviabilidad, pero paradójicamente si y solo sí son estas personas gozan de renombre y respeto dentro de nuestros territorios y con el respaldo total de la mayoría, que ha vendido su silencio.

 

Con lo anterior debemos preguntarnos lo siguiente;

¿Nos ha servido de algo o sirve de algo guardar silencio?

Luego de responder dicho interrogante es necesario recordar lo siguiente:

 

“La historia de nuestro país, ha estado marcada por escenas de desgobiernos, inequidades, sectorizaciones, discriminaciones, racismo, violencias, vulneraciones de derechos, omisiones e invisibilidad ante las cuales nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc, decidieron guardar y de cierta manera aceptarlas como normal por obvias razones; solo así se podían garantizar quizá una mejor calidad de vida y que de paso no se les arrebatara la misma”. El poderío del silencio – Margareth Paz Valencia.

 

*Abogada.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

Fotografía: Cortesía

 

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