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Ángela Robledo corre el riesgo de hipotecar su liderazgo al lado de Fajardo

 

Ángela Robledo es, sin duda alguna, una mujer con un liderazgo importante para el país, que desde pensamientos periféricos se viene construyendo.

 

Es real que representa una clase media posicionada en la política de la decencia, que tanta falta nos hace como sociedad. Su liderazgo puede ser clave en el contexto político actual de cara a las elecciones presidenciales del 2022 y, lo que es más importante, el camino que se abre hacia un escenario mucho más esperanzador en la política. Sin embargo, su liderazgo puede verse totalmente perjudicado por las recientes alianzas, fundamentalmente, su apoyo acrítico y ruidosamente silencioso frente a los procesos judiciales que enfrenta Fajardo, como le ha pasado al Senador Jorge Robledo después del voto en blanco en un momento determinante en la política colombiana (el tiempo lo dirá).

 

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Esto puede restarle mucha credibilidad a sus planteamientos, incluso desde el corazón de su lucha, el feminismo, que muy probablemente juegue un rol de mayor categoría esta vez en los comicios. El camino del silencio por el que ha optado quizás no sea el más apropiado para avanzar en los grandes pactos sociales que espera Colombia en aras de adentrarse realmente en el siglo XXI. En efecto, tarde o temprano, ella tendrá que hablarle con precisión y decisión al país sobre estos aspectos.

 

Es necesario plantear aquí, que no creo que la postura insultante y caricaturista asumida por algunos fanáticos votantes de la Colombia Humana contra Ángela deban tener lugar. Siempre será necesaria la crítica, pero esta debe contar con soportes que lleven no a enturbiar el panorama, pero sí a brindar referencias claras para avanzar hacia el proyecto de transformación que esperamos los-as ciudadanos-as. La señora Ángela no merece el trato que parte de la militancia le ha brindado, como tampoco fue pertinente que ella asociara al líder de la Colombia Humana con estos insultos fundamentándose en un montaje.

 

En la carrera por la Alcaldía Mayor de Bogotá, en la cual se enfrentaban Claudia López y Hollman Morris, entre otros, después de los desacuerdos entre el Partido Verde y la Colombia Humana, Ángela fue muy contundente respecto a la candidatura de Morris en medio de un proceso judicial que cursaba contra él, por una denuncia realizada por su exesposa por presunta violencia intrafamiliar. Esta posición fue muy acogida y valorada por seguidores-as de la Colombia Humana (no todos-as). Quienes deseamos y trabajamos para que la decencia sea la norma en la política colombiana, creo, compartimos que personas con procesos judiciales, como el que se supone enfrentaba Hollman, o procesos judiciales por corrupción, crímenes, enriquecimiento ilícito, etc, deben renunciar, por lo menos parcialmente, a sus candidaturas. Estimo que en esta vía la Colombia Humana perdía coherencia y reconocimiento, pues aparentemente “no se solidarizaba y menos integraba” en su proyecto político un aspecto que debe ser central en la transformación del país. En otras palabras, no se hacía visible como esa gran alternativa para la Colombia de cara al siglo XXI, una Colombia de alta cultura. Soy de los que piensa que todavía hay mucho camino por recorrer al respecto en la Colombia Humana, pero que haya disposición para conversar, ya es un avance. No me quiero ocupar de otros partidos por el momento.

 

No obstante, hay una realidad de país bastante lamentable: la justicia ha sido permeada por las estructuras criminales. Gran parte de los organismos judiciales asumen roles “políticos” y electorales, al mejor estilo de las dictaduras. Por tanto, este estado de cosas se convierte en una puerta abierta para que se intenten sacar de la contienda a candidatos-as opuestos, generalmente alternativos. Además, se naturaliza por esta irregularidad que candidatos con procesos judiciales pendientes puedan aspirar o activamente hasta señalar quiénes deben ser elegidos, pues para mucha gente envuelta en pasiones electoreras “estos son solo montajes de campaña para que no gane”. Estos pululan y les dan parcialmente la razón; son por menores del desafío frente a la Nueva Ética Ciudadana de lo Público que debemos seguir construyendo.

 

Entonces, volviendo al tema de la representante Ángela Robledo, resulta bastante importante que ella haga un alto en el camino para no hipotecar su liderazgo a la sombra de un cuestionado Fajardo. Sobre este último pesan procesos en los cuales hay una implicación directa o indirecta. Estos procesos judiciales no son de poca monta: HidroItuango y lo que llaman “Donbernabilidad”, entre otros. Son trágicas las implicaciones del gran proyecto eléctrico de orgullo antioqueño y de las presuntas alianzas entre el gobierno de Medellín del entonces, liderado por Fajardo, y las estructuras paramilitares que controlaban la ciudad. Amén de las dimensiones catastróficas ambientales, muchos conocimos el centenar de personas que fueron des/ombligadas (desplazadas) de este sector por las acciones de grupos al margen de la Ley y la poca capacidad de agencia del gobierno antioqueño ante las justas demandas de los-as sobrevivientes; además, son bien reconocidas las memorias de las masacres y desapariciones que tanto el río Cauca como la Escombrera, aún esconden, ante voces de familiares, amigos, cercanos y líderes que reclaman encontrar los cuerpos de estas personas.

 

Mientras escribía esta nota me enteré que Fajardo sería posiblemente imputado por la Fiscalía por irregularidades en procesos de contratación…y no sabemos de los otros procesos mucho más inquietantes. Para algunos esto puede ser una acción de campaña o “jugadita” para impulsarle en las encuestas. Estos suponen que él saldrá bien librado y se creará la noticia del mártir, el perseguido Fajardo para ver si iguala o remonta a Petro. Por su parte, otros grupos, incluido Gustavo Petro, se han solidarizado con Fajardo, planteando que es una evidencia del influjo del Fiscal, amigo personal del presidente y militante del Uribismo, en las elecciones del 2022.

 

Sin embargo, sea parte de una propaganda electoral o no, no hemos escuchado o leído esa voz vehemente de Ángela para pedirle a Fajardo hacerse a un lado de la “Alianza de la Esperanza”, como en el caso de Morris cuando ella hacía parte de la Colombia Humana. ¿Acaso sí son tolerables en la Alianza de la Esperanza los cuestionamientos por corrupción, alianzas con grupos ilegales, des/ombligamiento, entre otros? Esto puede estarle costando gran parte de su capital político para ser una posibilidad representativa femenina en la transformación de Colombia, en la idea de ser parte protagónica, con voz propia, de las Nuevas Páginas que se escribirán.

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

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Fotografía: Cortesía.

 

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