Viernes, 16 Octubre 2020

País de papel

Como sociedad también nos hemos quedado en el papel debido a que todas y cada una de nuestras inconformidades y descontentos no llegan más allá de los muros de nuestras redes sociales; quizá en el momento no nos sirva de nada, pero es necesario fijar precedentes que en un futuro, si bien no eliminen las cargas sociales que históricamente hemos soportado, sí las alivianen.

 Por: Margareth Paz Valencia*

Desde el año 1991 hasta el 24 de julio de 2020, en nuestro país se habían expedido alrededor de 2000 leyes que, como todos los colombianos sabemos, abordan temas de interés para la sociedad a nivel económico, político y social.

Se preguntarán el por qué mi cuenta no llega hasta el mes actual y la realidad es que a veces ver tanto más de lo mismo y dentro de tanto papel elaborado bajo la figura de un Estado Social de Derecho, mi atención y actitud se tornó indiferente, pero bueno aquí estoy de nuevo.


La falta de funcionalidad de lo público a través de los preceptos normativos es tan desgastante. Que como transeúntes de a pie, el lograr integrar armónicamente la palabra poder público con el aparato jurídico resulta complejo y termina por traducirse en desconfianza.


En nuestro país (Colombia) las formas que adquiere la apropiación privada del poder estatal corresponden a prácticas como el clientelismo, el corporativismo, la corrupción y la criminalidad. De la misma forma, el poder público no se construye exclusivamente a partir de las dinámicas propias del ejercicio del poder estatal sino también de la sociedad, de sus formas de organización, de expresión y de comunicación; cada cuatro años nos venden ilusiones en papel, que además de acarrear un alto impacto negativo para el medio ambiente, su contenido se pierde y queda dispersos en el aire, dispersos como nuestros sueños, oportunidades y ambiciones.


De igual forma este proceso se presenta en el ámbito de la comunidad internacional, cuando los Estados establecen valores superiores que se identifican directamente con el concepto de humanidad, y por lo tanto recurren al mismo proceso de monopolización jurídica. De ahí es donde vienen sistemas como el Derecho Internacional Humanitario, esto sin desconocer que en la perspectiva internacional también nos hemos empapelado pues pareciera que ninguna de las medidas que se han adoptado para garantizar la protección real y efectiva de los derechos humanos surtiera efectos más allá del papel.


El DIH es parte del derecho internacional que regula las relaciones entre los Estados. Está integrado por acuerdos firmados entre Estados –denominados tratados o convenios–, por el derecho consuetudinario internacional que se compone a su vez de la práctica de los Estados que éstos reconocen como obligatoria, así como por principios generales del derecho.


Como sociedad también nos hemos quedado en el papel debido a que todas y cada una de nuestras inconformidades y descontentos no llegan más allá de los muros de nuestras redes sociales; quizá en el momento no nos sirva de nada, pero es necesario fijar precedentes que en un futuro si bien no eliminen las cargas sociales que históricamente hemos soportado, sí las alivianen.


Pero no solo resulta importante analizar el papel físico en el que están contendidos los preceptos normativos, sino que también se hace necesario observar el papel y el rol que cumplimos todos dentro de la sociedad y realizarnos los siguientes interrogantes:
¿Cuál es mi papel cómo ciudadano? ¿Estoy cumpliendo a cabalidad con mi papel? ¿Cuál es el papel de mis representantes? ¿Será que si me están representando, y de no ser así a quién o a quiénes representa? Y sí efectivamente en la generalidad tenemos las mismas respuestas a los interrogantes planteados.


Es usual escuchar la frase: “El conocimiento es poder”, y sin duda alguna cuando nos involucramos en el mundo del conocimiento adquirimos poder, el poder de cuestionarnos y levantar nuestra voz clamando por un presente –futuro diferente.


En mi cotidianidad me resulta difícil ignorar las diversas realidades que se presentan en el país de papel, pero a veces suelo detenerme a observa a mi alrededor y se percibe una sensación de renuncia al cambio y siempre recuerdo esta frase:

 

“Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”, By Mandela.

 

*Abogada.

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

 

 *Fotografías: Cortesía

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