Cartagena de indias

Hace unos días llegué a pasar vacaciones en mi ciudad natal: Cartagena de Indias. Y me recibe la noticia de un vídeo viral en redes sociales, donde se ve una fiesta de niños que bailaban en la calle destapada mientras sostenían botellas de cerveza. La indignación no se hizo esperar porque “esas no son actitudes que deban tener unos niños”. Y aunque la premisa sea, de cierto modo, adecuada; me causa curiosidad ver los criterios que escoge la gente para indignarse selectivamente o para ignorar realidades de fondo en el asunto…

Respecto a la noticia, difundida en estos días sobre la fiesta infantil, donde se les veía a los niños sosteniendo cervezas mientras bailaban champeta, emulando a sus adultos, alguien comentó (muy acertadamente) que la expresión “restitución de derechos” con las que se jacta el  ICBF es una falacia, toda vez que las comunidades donde viven niños como los del vídeo, han sido históricamente ignoradas, segregadas y tratadas con violencia racista.

Siento además, un alto nivel de cinismo e hipocresía sobre la cuestión; porque es que en la Cartagena de los pies siempre polvorientos, la cuestión de los derechos, está seriamente limitada a una concepción de clientelismo político que se aprovecha del hambre y la necesidad de cientos de personas, que solo son vistas como votantes que llenan las urnas a cambio de una bolsa de cemento y 20 mil pesos cada cuatro años. Del resto, siguen siendo los “negros mugrosos” a los que hay que cercar, castigar e ignorar.

Y así, el ciclo se repite. Condenando a la miseria a muchos. Negándoles el derecho a existir en dignidad y con salud y  educación. Negándoles la cuestión más básica de tres comidas diarias o el acceso a los servicios esenciales de un estado ausente, que solo alimenta sus morbosas cifras drenando las vidas y los sueños de quienes están por fuera del interés político de los mandatarios de turno. Aquí lo que hace falta es la voluntad seria de querer mejorar la vida de todas y todos. Y esto no es una novedad.

La cuestión de fondo en el vídeo, (y no digo que éste no sea motivo de reproche); es que yo lo veo como un asunto de resistencia. Las comunidades se han inventado formas de seguir sobreviviendo, estando por fuera del sistema de cosas que les oprime y que genera violencias sobre sus cuerpos. El mecanismo de supervivencia se crea bajo la premisa de desarrollar nuevos universos que les alejen de sus cotidianidades diarias, donde la necesidad de resolver el día a día, el dolor del hambre y la falta de oportunidades, de alguna manera se aparta generando nuevos espacios donde poder compartir la miseria.

Por otra parte, me parece irónico que la gente se preocupe más por unos niños bebiendo cerveza y bailando en una fiesta, que por el abandono histórico de comunidades enteras que se mueren de hambre frente a sus propias narices. Las condiciones de vida en los barrios periféricos de la ciudad, que se da en medio de una incertidumbre crónica, solo puede ser entendida desde las dinámicas de exclusión a los que son sometidos sus habitantes; para quienes son escasas las posibilidades de ascenso social.

En ese sentido, a mí háblenme de restitución de derechos cuando haya la necesidad urgente de generar soluciones que ayuden a mejorar las perspectivas de vida de mis vecinos y conciudadanos. Quiero decir, ¿Para qué sirve que se monte todo el show y la parafernalia del noticiero y la policía llevándose a los padres de los niños, con el ICBF de por medio, si en la realidad cotidiana, no se resuelve el problema de fondo?

Y es que pueden ir a misa, pero la bendita restitución de derechos no es más que un show mediático que sirve para alimentar el morbo de la gente y sus ínfulas de superioridad moral. Reflejos ambos de su clasismo y de su discriminación racista, que no les permite ver más allá de lo aparente.

Y espero que la experiencia reciente que les estoy comentando, les ayude a reflexionar sobre el asunto. Porque si bien entiendo que no es adecuado que los niños consuman licor, no me pueden negar que ésta es una práctica común en todo el país. Yo lo que creo que más les incomoda es que sean niñitos negros, bailando música negra, en una calle destapada, porque es que creen que esta gente y sus necesidades no existen, mientras se hacen los de la vista gorda frente a la corrupción que les condena a la muerte y la miseria.

En fin. Que como decía esta persona en Facebook: “los niños pobres de Cartagena no aparecieron ayer bailando y bebiendo cerveza. [Ellos están ahí] hace años, comiendo una vez al día, con las casas al pie del caño, hechas de tabla y cartón. Sin educación ni oportunidades. Incomoda la imagen exotizada de niños pobres bailando champeta y bebiendo cerveza ante padres inmóviles. [Pero] no incomoda la pueril pobreza reproducida por años, sin más atención que en tiempo de elecciones…”

Y si usted cree que el problema son los padres de estas criaturas y que sobre ellos debe “recaer todo el peso de la ley” (una ley inoperante, lenta y absurda), déjeme decirle que no entiende nada sobre esto. Revisen su nivel de prioridades y las cosas por las que se indignan, porque por ahí no es. Ojo con eso manitos, ojo con eso…

 

Para más información:

Indignación por niños ingiriendo licor en Cartagena en medio de una fiesta con adultos

Mamás de niños que tomaron trago en fiesta dan la cara y explican qué sucedió

¿Qué hay detrás del video de niños tomando cerveza y bailando champeta en Cartagena?

 

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*Fotografías: Cortesía