Lunes, 04 Marzo 2019

Yndira Perea: la resistencia también se hace desde la danza

Yndira no baila para que la vean, baila para que la escuchen.  Sus días están llenos de movimientos, ensayos y mucha danza.

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Por: Redacción Vive Afro

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En la tierra chocoana de selvas y ríos doña Ramona García, cuidaba a sus nietas y en sus ratos libres asistía a las danzas del pellejo – baile de chirimía -. Su nieta se sentaba en un banco a observarla y admiraba cada movimiento cargado de fuerza, energía y alegría. Esa abuela amorosa que la cuidaba, se transformaba en una mujer poderosa con el sonido de los tambores y mientras danzaba, no imaginaba lo que estaba despertando en el corazón de esa niña de tan solo 5 años.  

Fue en esa admiración por su abuela, que Yndira Perea Cuesta comenzó su gusto por la danza. Una pasión que no le caería bien a sus padres, porque dentro de su prejuicio social, la danza no era considerada una profesión digna.  

 

 

Pero como ya las cartas estaban echadas, conoció a la maestra Madolia De diego Parra—considerada una de las mayores exponentes del folclor chocoano –. Con ella se acercó a la técnica, la danza y la contradanza. Ella fue su segunda maestra, después de su abuela.

 

El que busca encuentra

Yndira llegó a Medellín a los 17 años. En su viaje llevaba a cuestas un equipaje de sueños, pero no por ser la contadora pública que sus padres querían, sino por ser la danzarina que su ser pedía. Su interés la llevó a aprender ballet clásico y jazz contemporáneo. Y mientras para sus padres estos acercamientos eran un hobbie, para ella, eran la confirmación de su destino.

 

 

Y como el que busca encuentra, en ese camino conoció a Rafael Palacios (Ver artículo: Rafael Palacios, el maestro de la danza afro contemporánea), el gran maestro que la formó. Rafael la inspiró con una técnica, hasta ese momento, desconocida en Colombia. La animó y la impulsó. 

Ya estaba decidido que lo suyo no sería la contabilidad – aunque se graduó como auxiliar contable - su vida es la danza, por la que la lleva moviéndose y formándose 21 años. 

 

Sankofa, un regreso a sus raíces 

 

Mientras tanto en el Chocó, un padre no puede creer que su hija quiera tomar la danza como una profesión. Le dicen que elija algo distinto, que si no tiene otra opción.  Nunca hubo otra, la danza fue siempre la primera, la única. 

Entonces, casi a escondidas, Yndira comenzó a danzar, y para sorpresa suya, la primera vez que su padre la vio en una presentación, con una bocanada de orgullo y admiración, le dio la libertad de ir tras ese sueño que ya estaba más que decidido.  

 

 

Luego llegó Sankofa, una compañía de danza que nació en 1997 por iniciativa de Rafael Palacios. Con este proyecto llegaron los días de ensayar, aprender, viajar. Yndira fue de las primeras bailarinas y ha permanecido allí durante 21 años. Es cofundadora,  maestra y bailarina intérprete. 

La lista de reconocimientos y viajes que ha tenido con Sankofa son incontables. Los kilómetros recorridos, los idiomas, acentos y geografías que ha visitado le han servido para confirmar sus raíces. 

 

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Wangari Danza afro

 

Yndira ama danzar y enseñar. Quiere hacerlo toda su vida. Quiere seguir narrando historias a través del cuerpo. Para ella, más que una profesión, es su refugio y estilo de vida. Por eso no es raro, que sea hoy una importante maestra de la danza afrocomtemporánea en Colombia y sus aportes desde la perspectiva de la mujer chocoana son indudables.

Cuando no está por fuera de la ciudad o del país, puedes encontrarla semanalmente en el Centro de Integración Afrodescendiente de Medellín, transmitiendo sus conocimientos en clases y semilleros. Puedes hablar con ella de Sankofa o Wangari Danza afro, su propia compañía que creó hace 6 años y de la cual es directora y coreógrafa. Desde este proceso cultural ha decido empoderar a jóvenes para que encuentren en la danza un medio de resistencia y transformación socio cultural. 

 

 

Wangari, ha recibido reconocimientos, entre ellos, como Proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Arte y la Cultura 2018, otorgado por la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín.

“Mi propósito ha sido difundir la cultura, enaltecer la herencia africana y rescatar nuestras  expresiones.  Es importante compartir nuestros saberes para que más jóvenes alcen la voz y fortalezcan sus talentos a través del arte y de esta manera seguir transformando estereotipos, imaginarios sociales y territorios”, dice.

 

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Aunque el camino para llegar a donde está fue todo un vaivén y un acto de valor insistir bajo la mirada desaprobadora de muchos, el sueño se cumplió pero el reto continúa. Ahora es llevar a muchos escenarios sus obras cargadas de crítica, conciencia social y  resistencia.  

 

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Muy seguramente, en algún lugar de ese sueño largo, su abuela la ha visto triunfar. Orgullosa de su valentía al decidir ser algo distinto a lo que señalaba el primer pronóstico del destino y al lograr hacer realidad lo que para muchos se queda en el intento. Justo por eso, Yndira es hoy hija de la danza, porque... ¿qué otra cosa es la danza sino justamente eso?... R E S I S T I R.

 

 

*Este contenido se realiza gracias al apoyo de la Alcaldía de Medellín, en el marco de la campaña Medellín Siente sus Raíces.

 

  

 

*Fotografías: Katerine Panesso.