Martes, 30 May 2017

Una lucha que entre amor y odio racial terminó en el fusilamiento

En la larga historia de los grandes exponentes afros y sus luchas contra el olvido y la dignidad, grandes nombres también se han sabido olvidar, es por eso, que hoy, uno de ellos se hace necesario recordar.

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Por: Juan Andrés Bustamante

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A yo que soy ignorante
Me precisa preguntar
Si el color blanco es virtud
Pa’ yo mandarme a blanquear.

La población afrodescendiente del país pasa por una época de crisis. Un momento en donde el Paro Cívico es la forma de exigir respeto y dignidad al Gobierno Nacional por su desconocimiento de los acuerdos y el olvido a algunas regiones como en el Chocó y Buenaventura.

Mientras los días transcurren con las noticias de las protestas en son de lucha y el Gobierno sigue con sus leves deseos de negociar, se hace válido saber y comprender que esta querella no es de ahora. Es por eso, que Revista Vive Afro te invita a hacer memoria y conocer a otros hermanos afros que en la actualidad no son tan visibles, pero que hoy se hace necesario estudiar. Es por eso, que se precisa preguntar: ¿De quién es la estrofa de la poesía que leyó al inicio del texto? Si no lo sabe, ¡no se preocupe! Solo siga leyendo y la respuesta con el nombre del valiente escritor que a finales del siglo XIX se atrevió a escribirla la encontrará. 

Poeta, pedagogo, músico y hasta dirigente popular, hacen de este autodidacta, Manuel Saturio Valencia Mena, un hombre ícono e incluso, para algunos un mártir, en la lucha racial en contra de la opresión “blanca” en Colombia.

Él era un hombre chocoano que desde muy pequeño comprendió que progresar en su vida era un tema que siempre lo llevaría a trabajar por lo que quiere. O por lo menos, eso se puede interpretar de forma atrevida, al conocer apartes de su vida. Grandes logros enmarcan su trascender, pero a la vez, momentos no tan emotivos lo hacen recordar.

La escritora Úrsula Mena Lozano, quien publicó un libro sobre la maestra Teresa Martínez de Varela autora de Mi cristo negro, texto que habla de Manuel Saturio, expresa que él fue uno de los grandes líderes de la lucha afro por su reconocimiento y derechos en el país. “La maestra Varela sentía demasiado orgullo por él”.

Manuel, como muchos grandes escritores de la época de opresión en diferentes partes del mundo, encontró en la escritura una forma de hacer sentir su descontento y por medio de la crítica e ironía complementaba sus textos. “Era un hombre que, como erudito, encontró en la poesía otro método de expresión contra la presión popular”. Son pocos los escritos que se conocen de él. Uno es la poesía A yo que soy ignorante y el otro “forma parte del texto Del Sentimiento de la poesía popular chocoana, de otro maestro de la literatura del Chocó, Miguel A. Caicedo”.

Dos hombres y una mujer
Todos somos descendientes
Porque al negro solamente
Con desprecio lo han de ver.

La especialista en procesos socioeducativos y docente Ángela Mena Lozano, renombrando la historia general que la gran mayoría de personas conocen de Manuel Saturio, menciona que en el poema A yo que soy ignorante, él hace una crítica a la discriminación que los blancos mestizos e incluso hasta en la religión, tenían sobre ellos.

“En efecto, cuando uno lee el poema se encuentra con interrogantes como ¿por qué los negros tienen que pagar por el pecado de los blancos?, de inmediato se interpreta que él está resistiendo y por eso hace crítica a la discriminación racial”. Además, la docente indica que, desde la primera línea del poema, utilizando ‘a yo’ en vez de ‘a mí’, una expresión del costumbrismo, Manuel demuestra perfectamente una ironía sobre el tema. “Es tan ignorante que pregunta cosas absolutamente inteligentes”.

Manuel Saturio fue el último hombre sentenciado a ‘pena de muerte’ en Colombia, que en realidad “fue un fusilamiento”. 110 años han pasado desde que fue acusado de haber incendiado la Carrera Primera de Quibdó. Lo que, según documentos de la historia, todo fue un complot para culparlo.

En la biografía publicada por el portal EcuRed se explica cómo se logró fraguar todo el plan para llevarlo a la muerte. “La venganza de la familia ofendida no tuvo que esperar mucho, en la madrugada del primero de mayo de 1907 se dieron las circunstancias para el desquite. El plan que habían diseñado era sencillo. Había que embriagar a Manuel Saturio y quitarle algunas prendas que lo inculparon luego en un incendio que ellos mismos provocarían. Fue así como se quemaron un par de casas de techo pajizo, en la famosa Carrera Primera”.

La razón de la venganza fue a causa de un embarazo. Manuel Saturio se metió con una joven blanca, de nombre Deyanira Castro, hija de un importante líder liberal, el cual no soportó lo sucedido.

Si al negro no se le encuentra
Un delito que culpar
Me dirán que no es verdad
Que el blanco no tiene pena
O si es que no sea condena
Pa’ yo mándame a blanquear.

Al parecer, el plan fue muy certero, pues entre las pocas pertenencias que encontraron en el lugar de la conflagración se hallaron “una bola de trapo con restos de petróleo, el cinturón de Manuel Saturio, y unos documentos con su nombre”. Evidencias que en su momento fueron suficientes para condenarlo bajo las leyes de la Constitución Política de 1886.

Pero este hecho, no es válido para conmemorar y realzar la labor de un hombre ilustrado que se convirtió en un líder comunal.  Estudió por ayuda de los sacerdotes de la época y su formación académica e intelectual fue de envidiar.

Como estudiante destacado, Manuel Saturio fue el primer hombre negro admitido en la Escuela de Leyes de la Universidad del Cauca. Después de estar un tiempo por fuera, regresó a Quibdó apoyando la ideología del conservatismo, logrando en la Guerra de los Mil Días, ser el capitán en las tropas gobiernistas.

Se cree que aproximadamente a las 4 de la tarde del martes 7 de mayo de 1907, con tan solo 40 años, fue fusilado Manuel Saturio Valencia.

Alrededor de su vida, se han creado muchos interrogantes, la idea de que si en realidad lo mataron por incendiario o por el enamoramiento ‘indebido’ o sí porque era un crítico del racismo y de la clase blanco mestiza en el Chocó, quedan en ese sin sabor y hasta frustración de los hechos. Pero lo cierto, es que, por los sucesos de la historia y las dinámicas sociales de ese momento, una de las causas predominantes en su muerte lograría ser la discriminación.

El desconocimiento de su historia en la actualidad es algo notorio en el país y en parte de la población afro que no incursiona con la literatura. Para Úrsula, eso sucede por el solo hecho de ser chocoano, pues “esa invisibilización es la común que se ha venido haciendo a todos los aportes que los afros del Pacífico entregan a Colombia”.

*Fotografías: Cortesía Internet.