Martes, 07 Noviembre 2017

Un sueño que en la actualidad se pinta de paz

La violencia en Colombia y en el Chocó no ha sido comprendida. Lágrimas y sangre  han cubierto un territorio que años después todavía piensa en la paz. ¡Un hombre chocoano sueña con la paz!

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Por: Diana Patricia Bedoya

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El paso de los años le ha dejado huellas, le ha dejado saberes y experiencias. Momentos que se matizan en su arrugada piel negra, la cual  combina con el nevado color blanco de su pelo. Se ve contento, disfrutando cada hora, cada día, conmemorando un ahora … en el cual, la paz es la gran protagonista.

José Justiniano Aguilar Hinestroza, es un hombre chocoano de 90 años de edad, con su 1.78 centímetros de estatura, transmite seguridad, sin rastro alguno de la zozobra que le tocó vivir durante tantos años por la violencia de los  grupos armados.

Con su caminar lento  José Justiniano deja leer su edad, sus vivencias y hasta las historias que le faltan por vivir. Es una persona noble y honrada, valores que conmueven a su hijo Yirsen Aguilar Mosquera cuando habla de él.

José Justiniano no tiene muchos estudios, como era propio de la época, en lugar de estudiar, sus padres le indicaron muy pronto que la única opción de vida era trabajar. Siendo el mayor de cuatro hermanos, el hijo de Israel Aguilar y Rosalina Hinestroza acepta los consejos,  desde muy joven inicia  su vida laboral. La minería (bareque) y la agricultura se convierten en su modo de sustento.

Aprendió a leer, a escribir y las operaciones básicas matemáticas cursando solo 2 años de escuela. Aprendizaje que le sirvió para vivir y ser un hombre de aspiraciones. “Bailar y compartir unos cuantos aguardientes, esa era mi diversión”, aparte de trabajar, ya que según él disfrutaba la independencia.

José Justiniano nació un 5 de septiembre de 1927. Recuerda que desde niño le enseñaron a subsistir por sus propios medios. Desde los 17 años le han gustado los negocios, y es por eso que es un negociante en pequeña escala.

Las orillas de los ríos Ánimas y Quiadocito fueron testigos de su nacimiento, crecimiento, enamoramiento y hasta sufrimiento. Este último, ocasionado por la violencia del país y de su amado Chocó.

Los momentos de zozobra que han marcado gran parte de su vida a causa de la violencia, prefiere olvidarlos y pensar en la paz. La lucha entre liberales y conservadores, los llamados “Chusma”, fue su primera experiencia de dolor por la guerra.  Los últimos 54 años ha sido testigo de actos de violencia liderados por los grupos más reconocidos: FARC y ELN.

Con la llegada de los grupos armados ilegales a sus tierras, el temor se convirtió en un modo de vida- no muy amable-.  Este sentimiento  llevó a los campesinos de la región a convertirse en víctimas de los grupos terroristas.

“Esto hacía que en el campo no hubiera la paz que se vivía en el pueblo. Por eso, después de tener mi familia, el sueño era ir a vivir al pueblo, ya que se creía que el bienestar estaba allí”.

Es un hombre resiliente, de corazón y de intención. Nunca se sintió derrotado, mucho menos  frente de su familia. La zozobra de la violencia lo asustó más no lo invisibilizó.

No le encuentra sentido a la guerra y a sus fines. Ya, a casi un siglo de vida, sigue sin entender cómo las intenciones absurdas de algunos pueden acabar con la tranquilidad y felicidad de otros.

Del campo aprendió a ser honrado y solidario. “Antes existía lo que llamábamos la mano cambiada, todo el vecindario se convocaba para ir a la siembra de un miembro de la comunidad. Eso se rotaba, intercambiamos la semilla y la mano de obra”. Trabajo y convivencia que se hacía más fácil,  el único costo era la alimentación de las personas que se congregaban en función de la siembra.

Al hablar de los Acuerdos de Paz, José Justiniano considera que es una oportunidad para soñar juntos un país mejor. Una oportunidad que para el ahora de los campesinos y del campo, se define en escenarios de esperanza. “En los cuales, todos buscamos un campo mejor, un campo en paz”.

 

*Fotografías: Cortesía de la familia.