Sábado, 23 Noviembre 2013

Ser afrodescendiente en Medellín

¡Negro!, ¡negrito!, ¡niche!, ¡nigga!, ¡calimeño!, ¡moreno! Los llamas como quieren, menos por su nombre. Su color de piel se vuelve un obstáculo para conseguir empleo, para ser incluidos en una sociedad que tiene ideales físicos.

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Por: Vanessa Márquez 

Andrés Guaraca

 

Las comunidades afro, después de las comunidades indígenas, tienen el porcentaje de analfabetismo más alto del país, en la zonas rurales es del 75% y en las urbanas alcanza el 45%. A  semejanza de Buenaventura, el 98% de los centros urbanos carecen de bibliotecas y librerías; en ambas zonas hay déficit de escuelas y colegios.
Juan de Dios Mosquera, “La población afrocolombiana: realidad, derechos y organización”, 2007, pág. 47.

 

Mientras la selección Colombia festejaba su victoria frente a Chile en un resultado 3-0 el 11 de septiembre del 2012, Luis Armando Viveros asumía una derrota y no precisamente de fútbol, sino en un encuentro en el que su color de piel fue el detonante ante una riña discriminatoria. 

Fue una fecha para no olvidar, en donde el día y la hora se confabularon para que un episodio de racismo afectara física y psicológicamente la vida de Armando, un joven de 21 años proveniente del municipio de Apartadó quien llegó a Medellín en el 2010 para construir su profesión como bailarín.

Eran las 11:00 de la noche. Armando vestía tenis de color verde, pantaloneta blanca y una camiseta verde fosforescente, ropa adecuada para hacer deporte. Al salir del gimnasio, caminó por la Avenida Oriental, se detuvo en un puesto de comidas rápidas y aprovechó para hacer un par de llamadas.

Ring… ring, el número repicó pero nadie contestó. Lo intentó por segunda vez, creyendo que en esta oportunidad si le contestarían, pero lo que no se imaginó era que un hombre dañaría la oportunidad de hablar con su madre.

“Me miraba de arriba a bajo, pero yo seguí en lo mío y no le presté atención”. El pensamiento racista de este hombre salió a frote cuando lanzó uno de los muchos insultos que alteró los ánimos de Armando.

 

“Yo no entiendo porque una persona como vos, tan negra se pone una camisa de ese color… pareces un bombillo”

“Es que ustedes lo negros desde que llegaron a esta ciudad la putiaron”

“Si yo fuera Dios exterminaba a todos los negros de la faz de la tierra”

 

 

Estas frases corresponden a un tipo de racismo epistémico, en donde se utiliza el lenguaje para inferiorizar al otro desde su condición física, específicamente desde el tono de la piel. Para el politológo y docente de la Universidad de Antioquia Melquiced Blandón, este hecho corresponde a un racismo cotidiano que se basa en las relaciones interpersonales y desde el lenguaje, ya que los insultos no corresponden a la única forma de discriminación, sino que también se ve reflejado “en los chistes, refranes, cuando nadie quiere trabajar con un niño negro en el aula de clase, cuando no reciben las hoja de vida o no vincula gente afro en empresas como Bancolombia y en alguna época como sucedió en el Éxito”.

Mientras los insultos  continuaban, Armando se resentía por esas palabras.

—Vea señor, se queda quieto que yo no quiero tener problemas con usted, por este problema puede surgir uno mayor… yo lo mato a usted o usted me mata a mí.

—Ahhh es que me vas a matar, contestó el hombre.

—No le estoy diciendo que lo vaya matar, le estoy diciendo que evitemos problemas, si no quiere conocer el Armando que llevo dentro.

Su voz ya temblaba de la rabia, Armando no aguantaba un insulto más, pero el hombre no quedó satisfecho hasta tocarle la cara y decirle: “pero tranquilizate que sos negrito bonito”.

Una de las maneras para insultar a un afrodescendiente es llamarlo “negro” de forma peyorativa y con desprecio, lo vemos en la televisión, en el cine y en la vida real, en donde además los sujetos son reducidos a “cosa”, en donde mujeres y hombres son considerados como algo exótico, teniendo que cargar con paradigmas sexuales, físicos, mentales, sociales y económicos que han sido impuestos por otros. 

Esta acción más los insultos anteriores fue lo que generó en Armando una reacción violenta, “le metí una trompada en la nariz” cuenta, sin sentirse orgulloso por haber actuado de la misma forma que su agresor.

“El que discrimina no es tolerante, no es apto para convivir y aceptar la diferencia”, dice el sociólogo Francisco García, quien además piensa que el racismo es una situación degradante en la humanidad.

De un momento a otro empezó a escuhar unos gritos: “este negro pirobo”, “la unión hace la fuerza, vamos a cascarlo”, mientras el vendedor de comidas le decía “negro pierdase, corra… corra”.

Eran siete hombres quienes con sus zapatos Brahmas comenzaron una pelea que por fotuna no dejó ningún muerto, pero que si dejó a Armando varios días en cama y con un profundo resentimiento. 

 

 

Al igual que Armando muchos jóvenes afrodescendientes buscan en Medellín la posibilidad de realizar sus estudios, sin embargo, este ideal se ve irrumpido frente a la realidad, ya que las condiciones socio-económicas no contribuyen a un buen rendimiento en las pruebas de admisión. “El círculo de la discrimninacion afecta su rendimiento a la hora de presentar las pruebas. No es que sea más bruto o esas historias que han salido, sino que es una situación histórica en la que hay muchos elementos psicológicos que no te permiten rendir de la forma adecuada”, agrega Melquiced Blandón.

Los constantes acontecimientos de rechazo por el color de la piel, además de las diferencias culturales, han generado varias dinámicas en la ciudad; una de ellas es que se configuren espacios en los que convergen aquellos que pertenecen a una misma etnia, como es el caso del Parque San Antonio. Otra perspectiva permite identificar la creación de colectivos o agremiaciones que trabajan en pro de los derechos de los afrocolombianos a través de acciones afirmativas que ayuden a salir de la marginalidad histórica y a visibilizar los aportes que este grupo poblacional ha hecho al país. Y como tercer punto, que es bastante preocupante, está una especie de resentimiento frente a los “blancos” y la idea que si me discriminan yo también los voy a discriminar.

 

 -Solo el 11.5% de la población afro tiene nivel educativo técnico o superior.
-62.4% recibe un salario mínimo o inferior.
-2/5 partes de la población afro manifiesta haber sufrido discriminación por el color de la piel.
Alcaldía de Medellín, “Condiciones de la población negra, afrocolombiana y palenquera y raizal en Medellín”,2010.

 

El racismo también se naturaliza en la población afro, quienes por ser señalados aplican el adagio popular de “cómo me trates, te trato”, y una de las estrategias para ascender socialmente es mezclarse con otras etnias, como afirma Yeison Meneses docente y líder de la población afrodescendiente, “la típica expresión de que hay que mejorar la raza es una idea que empieza a calarse mentalmente por eso, algunos afros deciden lavarse un poquito más para escalar en el estatus social”. 

Este hecho de racismo no salió en los noticieros, pero sucesos como estos pasan todos los días, en el trabajo, en los colegios, en entidades públicas y privadas, en las calles.

El racismo no es una problemática nueva sino que viene de siglos atrás, en donde los colonizadores europeos llegaron a África en el siglo XVI y durante tres siglos más, desarraigaron a los pobladores y los esclavizaron. Al menos once millones de africanos fueron apilados en barcos, para luego, al llegar al país de destino ser vendidos como cualquier mercancía.

“Los esclavistas liberaron a los eclavos, pero ellos debían valerse por si solos. No hubo reparación psicológica, ni social, ni mucho menos histórica y económica. Ese es un ejemplo del racismo institucional, en donde el  Estado dejó las cosas así y por eso el racismo se sigue perpetuando”, agrega Melquiced Blandón.

 

 

Los diversos métodos de subyugación fueron utilizados bajo la idea que por ser “negros” eran seres sin derechos, sin honor y de condición inferior, todos estos discursos se convirtieron en la excusa perfecta para justificar la ambición y la riqueza que generaba someter a los hijos de África a trabajos de servidumbre y de fuerza, sin pagarles por su trabajo, era un negocio rentable.

“Los Europeos vieron la necesidad de tener esclavos que hicieran  las diferentes tareas para construir las edificaciones en América, pero la esclavitud es lo más repugnante porque sometió al ser humano a una condición de explotación”manifiesta García.

Hoy en día, aunque las condiciones de los afrodescendientes no son iguales si se asemejan a los de la época, en donde las poblaciones negras en su mayoría están asentadas en territorios pobres, donde la cobertura educativa no es de calidad y en donde toca trabajar en lo que sea para poder sobrevivir.

 

 

Para el politólogo Melquiceded, “en las regiones donde vive  la poblacion afro, no hay agua o el agua no es potable, no existen las mejores condiciones de vida, por lo tanto no hay empresas ni una buena educación. No hay trabajo y por eso la gente tiene que salirse de allá, a rebuscarse la vida. El sistema de salud opera de una forma muy precaria por decir que no opera”.

Para Yeison Meneses, las condiciones actuales no son solo históricas, sino que hacen parte del racismo institucional, en donde las políticas que tiene el Estado no permiten avanzar socialmente y generan más discriminación y racismo. 

Del lado legislativo, el panorama no es satisfactorio. Las leyes y resoluciones que pretenden eliminar todas las formas de racismo tampoco han dado los resultados esperados.

“Sale la ley y sale también como escaparse de ella. Tenemos la Ley 70 y  la Ley Antidiscriminación, pero eso no ha permitido que las prácticas sociales en la comunidad se transformen, y que de verdad se obtenga un cambio estructural”, comenta Meneses.

 

(…) El estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas a favor de grupos discriminados o marginados. El estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se comentan.
Constitución Política de Colombia, 1991, capítulo 1, artículo 13.                                               

 

Para Francisco “el racismo hoy está vivo, a pesar de tener la constitución el racismo se da todos los días, ahora lo que hemos ganado es el reconocimiento en la ley y que los afros han asumido uno niveles de conciencia interesantes que ya no tragan entero y están reclamando sus derechos”.

 

La educación una pieza clave

 

Una de la soluciones para erradicar el racismo es la educación, está por ejemplo la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, aprobada en el decreto 1122 de 1998,  que explícitamente dice: “Todos los establecimientos estatales y privados de educación formal que ofrezcan los niveles de preescolar, básica y media, incluirán en sus respectivos proyectos educativos institucionales la Cátedra de Estudios Afrocolombianos”.                                                                               

Entre los objetivos de esta Cátedra se encuentran la visibilización de la presencia histórica de los afros en el país, la erradicación de todas las formas de racismo, la construcción de relaciones interculturales y la entrega de un conjunto de orientaciones pedagógicas. Lo malo de este proyecto es que no se ha impartido. 

El docente Meneses piensa que impartir la Cátedra es voluntad política ya que “si existiera un compromiso real de la Secretaría y Ministerio de Educación los  procesos etnoeducativos permitirían dar un paso a entender las personas afrocolombianas de otra manera y relacionarnos”.

Al igual que el docente Meneses, Francisco cree que el sistema educativo no prepara a los niños para convivir con otros de distinta condición. “La primera formación está en el hogar, porque si le enseñamos a los niños que los distintos también son seres humanos aprenderemos a convivir y respetar en la edad adulta”.

Además agrega que se debe hacer una revisión exhaustiva de los contenidos académicos, y con los adultos hacer un trabajo de sensibilización social incluso mostrando la ley, “porque solo un insulto ya es un delito”.

Aunque Medellín es la cuarta ciudad con mayor población negra (138.032), según el censo del 2005 y a pesar de múltiples leyes nacionales y políticas departamentales, el racismo sigue siendo denunciado constantemente por los afrodescendientes, ya que en pleno siglo XXI se maltrata, se insulta, se amenaza y se mira por encima del hombro a las 'minorías'.

El caso de Armando Viveros es uno de los muchos que no han sido contados, ni denunciados, ni visibilizados que pasan a la luz pública como un tema sin importancia pero que tiene repercusiones en la vida laboral y social de los afrodescendiente no solo en Medellín sino en el país.

 

*Fotografías: tomadas de internet