Lunes, 02 Abril 2018

Semana Santa negra

Nuestra etnia tiene unas dinámicas diferentes al vivir la Semana Santa, estas son nuestras tradiciones y aunque algunas de ellas ya no se vean , yo quiero recordar lo que en mi época me hacía muy feliz.

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Por: Robinson Mena Martínez

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En mi época de estudiante en la ciudad universitaria de la Universidad de Antioquia, lugar que me trae tantos recuerdos, no olvido a una profesora que me decía, que en el imaginario social, están impregnadas ciertas locuciones, que es muy difícil que la gente deje de utilizar y que sin embargo, nosotros los que pertenecemos a la etnia negra, no debemos dejar de luchar en aras de erradicarlas.

Si el título de este escrito “Semana Santa negra”, lo encontráramos en la portada de una revista o periódico amarillista, lo más probable, es que la noticia hiciera referencia a asesinatos, a siniestros, a robos, a accidentes e incluso a secuestros y demás sucesos lamentables, ya que esa es la connotación que se tiene interiorizada por parte de la mayoría, al término “negro-a”. Sin embargo, como pertenezco a la orilla negra, lo que quiero es resaltar o recordar nuestras costumbres para esta época del año.

La semana santa de los negros, en nuestros lugares de origen, es diferente, como olvidar por ejemplo, el pan y el dulce de papaya que hacían nuestros padres y que además de disfrutar en familia, se le mandaba su porción al vecino en un recipiente hecho de totumo. Como olvidar el jugo y la ensalada de remolacha, que se hacía “dizque” para limpiar el organismo, como no recordar el suculento almuerzo amenizado por el arroz de coco, la sopa de fríjoles blancos (hay quienes le echaban azúcar), la ensalada cocinada y el pescado de mar frito, como olvidar los mitos de aquella época, en donde se nos decía que prácticamente no podíamos hacer ni decir nada: que si jugábamos fútbol, se nos partían los pies, que si decíamos groserías, nos llevaba el moan, que si caminábamos hacia atrás, no llevaba el diablo etc. Y nosotros, que hemos pertenecido a una buena generación, desde luego, creíamos en todo esto y eran días en que nos convertíamos en santas palomas. Esto por hablar del chocó.

En el Urabá antioqueño en donde he tenido la oportunidad de pasar una que otra Semana Santa, uno de los platos fuertes es el arroz de fríjoles cabecita negra, con ensalada, pescado frito y boleja (banano verde) cocinada, y en cuanto a otras costumbres, las veces que he ido, he jugado mucho fútbol, y se bebe el sábado de gloria.

En la costa (atlántica), que no he tenido la oportunidad de pasar días como estos, y que además no conozco aún, me dicen que uno de los platos fuertes, es el mote de queso con ñame, además del tradicional suero. Esto por mencionar las culturas más cercanas a nuestra etnia.

De la parte gastronómica y la mitológica, pasamos a la lúdica, al juego o la diversión, como olvidar las maneras de divertirse y pasar el rato en esta época, en donde el más fuerte es el juego de dominó, en donde no tiene chiste organizar varias mesas, se organiza solo una y quien va perdiendo lo van eliminando, al ser un juego de corta duración por partidas, afuera esperan turno más de 10 personas. Se juega revueltos, es decir; jóvenes y adultos mayores, estos últimos en épocas de antaño, nos sorprendían cuando aun quedándoles entre tres y cuatro fichas en las manos, las bajaban o se viraban como se dice coloquialmente, manifestando que ya habían ganado, gracias a su inteligencia y lectura del juego, práctica que hoy día, los que para esa época éramos jóvenes, ya mas o menos dominamos en este juego.

 

 

A otros, le encanta jugar cartas, el popular pájaro o pinche que llaman en Medellín, a las mujeres en su mayoría, les encanta jugar bingo, y cantar los números de manera particular, como olvidar por ejemplo el denominado “para arriba y para abajo o como lo pongan da” “69”, “hacha y machete” “7”, “paticos en la laguna” “22” y cuando se les sube un poquito la euforia, “seco, güevón y redondón” “40”, “niñas, cuando las habían porque ahora…” “15”, “maricas” “13”, sin olvidar también que cuando la que está cantando deja caer o tira la bolsa, es porque ya ganó, además de decir que la de menos, lleva como mínimo 8 tablas y que se saben de memoria. Uno de novato, juega con ellas y sale pelado, ya que saben cuando uno se monta o está esperando un ficho para ganar, se conocen este juego al derecho y al revés.

El juego particular de los niños es la bola, cuyo objetivo es introducir la misma en un hoyo hecho en la tierra, o pasarla por medio de dos palitos clavados en el suelo que denominamos meca, el uútimo que logre estos objetivos pierde, y de castigo, el resto de jugadores le dan palmadas en la mano, lo que conocemos como pachá o papirote.

En el Urabá antioqueño, además del bingo que allá también es poderoso, se realiza un juego denominado “siglo”, se practica con las fichas del dominó, y hasta donde me acuerdo, se barajan las fichas, los participantes escoge cada uno de a una, con derecho a escoger otra para subir el puntaje, o en su defecto, si sacas una alta, no coges y esperas que cada quien vaya diciendo que tiene, quien posea el mayor puntaje, con menos ficha hace el siglo, es decir; o, este juego es de amanecida, y al día siguiente dependiendo los participantes, se sigue de largo (sin dormir). En este juego se apuesta dinero.

La mayoría de estos juegos se realiza al aire libre y en ropa cómoda ya que hace mucho calor. 

Vale decir, que a pesar de la pobreza de nuestras familias, el jueves y el viernes santo, son dos días sagrados, en los que nuestros padres no se mueven de la casa, pues ya han hecho economía, para quedarse en el hogar con sus hijos y el resto de la familia, echando chistes y contando como era la Semana Santa en sus épocas, todo esto alrededor de un dulce de coco o cocadas hechas por ellos.

El sábado santo se bebe aguardiente y se juega todo el día, en la noche se baila, se sigue bebiendo, se hace arroz clavado (arroz con queso), se frita plátano y pescado y se amanece departiendo.

El domingo de resurrección, se va a los ríos, de esos sí que hay, a pasar guayabo, a bañar, hacer sancocho, y se sigue bebiendo, pero en menor cantidad, primando la cerveza, la mejor cura para la resaca.

 

 *Fotografías: Cortesía.