Miércoles, 21 Junio 2017

Porque no me gusta que me llamen “negra”

 

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Por: Soraya Palacios

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Después de la mitad del año 2014, empezó a nacer en mi el disgusto porque me llamaran “negra”, con ello también surgieron muchas preguntas como ¿por qué nadie me llama Soraya? ¿por qué me llaman por un color? ¿por qué cuando camina una mujer que no tiene el mismo color de piel que yo a mi lado, para dirigirse a ella le dicen señorita, dama, niña o algo parecido y a mí no?

Los anteriores interrogantes me llevaron a investigar y a preguntarle a algunos hermanos y hermanas afros su opinión sobre el término y el tema, muchos me respondían que no tenían problema en que los llamaran “negros” porque lo eran, algunos que solo permiten que personas de confianza los llamen así, otros que lo permitían sí era de cariño y unos cuantos me argumentaban que se autoreconocían como “Negros” y buscaban la reivindicación de dicha palabra, es decir, demostrar que lo negro no es malo y que puede acarrear connotaciones positivas. Sin embargo, algunos hermanos y hermanas afros no lo permiten por varias razones; la primera, es el significado y el peso histórico que tiene dicha palabra; la segunda, es que esa palabra te quita identidad, es decir, hace que te dejes de llamar Carlos, Sandra, María y te llames “Negro” o “Negra” y la tercera, porque no se autoreconocen como tal.

Esas respuestas causaron un poco de confusión en mí, a tal punto que mi desorden de ideas y mi falta de argumentos llevó a que mis relaciones interpersonales en la universidad y en otros círculos sociales se viera tensa y llena de conflictos, porque no me dejaba llamar así, aunque para algunas personas lo fuera; para otras yo estaba montada en una película que no era, como a algunos amigos y amigas les gustaba dicho término, yo también debía aceptarlo. Canalicé mucha rabia e impotencia, porque que me llamaran “negra” me disgustaba y además, no tenía las razones para que no se refirieran a mí con esa palabra.

 

 

En esos momentos de rabia, yo sentía que estaba equivocada, llegaba a mi casa y no hacía sino pensar en el tema, investigué en internet el significado de aquella palabra que estaba volviendo mi vida un “mierdero emocional”. Lo que encontré fue que el término se utilizó para deshumanizar, no es nombre de alguna comunidad africana, por el contrario es impuesto por los españoles para homogenizar a los africanos esclavizados, es decir, volverlos iguales y además, asemejarlos con la maldad, la oscuridad, todo lo tenebroso y además hijos del diablo e impuros. Entonces, pregunté a algunos hermanos y hermanas de lucha. Un rapero amigo llamado Emir Bejarano “El disidente”, me dijo algo muy particular, “la única diferencia que existía entre un objeto y un africano para esa época, era que el africano era un “objeto parlante””, yo creo que esa frase no se va a borrar de mi mente.

Estaba un poco más llena de argumentos a raíz de lo que había investigado y de las opiniones de conocidos y conocidas que sabían sobre el tema; pero, empezó a nacer cierta rabia, desilusión, rencor o no sé cómo llamar a eso que sentí al saber que tenía una venda en los ojos durante toda mi vida y como dicen por ahí, “abrir los ojos duele”; pero me está doliendo más recuperarla que haberla perdido. Me llené de carácter y empecé a pedir respeto, utilicé la rabia y dejé salir mi carácter templado y a exigir mi nombre, cuando me llamaban negra en la calle no miraba, a otras personas cercanas les pedía el “favor”, y a otras me les presentaba luego de llamarme así, “negra, mucho gusto mi nombre es Soraya Palacios”, el tono que utilizaba y mi mirada les dejaba claro el recelo, el disgusto que sentía por referirse a mí así.

Pero esas rabias y todas es molestias se han ido calmando, para principios de este año 2015, estaba un poco más clara en cuanto a lo que soy, de donde vengo y que quiero hacer por mis hermanos desde mi profesión. Me autoreconozco como una descendiente de africanos que fueron esclavizados, no acepto que nadie me llame por términos despectivos y tampoco por aquel término impuesto.