Miércoles, 01 Marzo 2017

Las Mujeres Qué Somos

 

twitter
facebook

Por: Yacila Bondo
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

 

Con el discurso, ¿Acaso no soy una mujer? pronunciado por la abolicionista negra, Sojourner Truth, en la primera convención nacional sobre los derechos de las mujeres, celebrada en Massachusetts - Estados Unidos, en el año 1850, ella cuestiona la construcción ontológica, teológica y social de la mujer negra en particular, y de todas las mujeres en general, según la cual las mujeres eran el sexo débil y no podían votar, porque no podían hacer nada que implicara esfuerzo físico, sin la ayuda de los hombres. ¿Acaso no soy una mujer? expone la experiencia que, como mujer negra nacida en la esclavización, tuvo que vivir Sojourner, experiencia que la obligó a trabajar de sol a sol y de par a par con sus compañeros hombres negros y a recibir los mismos maltratos físicos, que sólo distinguían de sexos cuando se trataba de violencias sexuales, que por lo general eran “castigos” /abusos reservado para las mujeres.  Este alegato se presenta como una ofensiva a los hombres asistentes a la convención, hombres blancos que cuestionaban los reclamos de las mujeres blancas y donde Sojourner era la única mujer negra, y fue quien, con su potente voz y su lógica indiscutible, silenció los cuestionamientos esencialistas de los hombres:



“Ese hombre de allí dice que las mujeres necesitan ayuda al subirse a los carruajes, al cruzar las zanjas y que deben tener el mejor sitio en todas partes. ¡Pero a mí nadie me ayuda con los carruajes, ni a pasar sobre los charcos, ni me dejan un sitio mejor! ¿Y acaso no soy yo una mujer? ¡Miradme! ¡Mirad mi brazo! He arado y plantado y cosechado, y ningún hombre podía superarme. ¿Y acaso no soy yo una mujer? (...) He tenido trece hijos, y los vi vender a casi todos como esclavos, y cuando lloraba con el dolor de una madre, ¡nadie, sino Jesús me escuchaba! ¿Y acaso no soy yo una mujer?”



Las mujeres que se pretende que seamos hoy, son las mujeres que construyó el sistema patriarcal/capitalista como proyecto fundacional de la sociedad, donde en una construcción dual del núcleo de la sociedad, que es la familia, se establecieron roles de género entre el hombre y la mujer que se fijaron como naturales; pero que no lo son, estos instrumentalizan la familia, instrumentalizan la capacidad de dar vida de las mujeres. Es en esta construcción normativa de las relaciones humanas, donde se nos roba el privilegio de la fertilidad femenina como regalo de la naturaleza para las mujeres, y se reduce a una función reproductora: reproducir la fuerza de trabajo para beneficio del capitalismo, es allí cuando el don de engendrar vida pierde su dimensión creadora y espiritual, para convertirse en una maldición. Es el proyecto patriarcal/capitalista el que ha hecho de nuestra capacidad creadora una limitación a nuestras aspiraciones de libertad, de independencia, el sistema patriarcal con todo conocimiento de causa, nos roba un privilegio que a ellos –los varones- les fue negado, nuestra capacidad de dar vida ya no es nuestra, es de ellos, es del sistema para sostener de modo egoísta la perpetuación de su poder.

El sistema patriarcal/capitalista construyó un modelo de mujer favorable al avance de su proyecto de sociedad, la mujer del hombre, la ama de  casa, la madre de familia, la reproductora de la especie humana y por ende, la responsable de su continuidad, la mujer paciente, sumisa, ignorante, incondicional, la mujer devota, con una gran capacidad de amar y renunciar a todo por su familia, la mujer débil, que no es capaz de hacer nada por sí misma, mientras nos niega la posibilidad de Ser, simplemente una mujer, una amante, una amiga, un ser con aspiraciones propias, con sentimientos mezquinos, ambiciosos, con odios, con coraje, con valentía, llena de errores, mientras nos niega la posibilidad de Ser Humanas.

Pero no contento con eso, el sistema patriarcal/capitalista, también es racista, y así se completa su “Santísima” trinidad, crea un mundo de opresores y oprimidos, un mundo maniqueo donde la humanidad se enfrenta contra sí misma cada día, y donde a las mujeres negras en todo el mundo, han tenido que padecer ese culto al odio más que a nadie. Como señala Davis (2004) cuando Sojourner Truth, cuestionó su femineidad frente a esos hombres blancos, también lo estaba haciendo frente a las mujeres blancas, porque para ella, era claro que, tanto para las mujeres como para los hombres blancos, ella no era una mujer igual a ellas, y que cuando se referían a la debilidad de las mujeres, no estaban hablando de mujeres como ella, negras, las mujeres negras no entraban en esa construcción decimonónica de la femineidad:



“Cuando esa mujer negra se levantó para hablar, su respuesta a aquellos varones machistas también contenía una instructiva lección para las mujeres blancas. Al repetir su pregunta, ¿Acaso no soy una mujer?  Nada menos que en cuatro ocasiones, exponía los prejuicios de clase, y el racismo que impregnaban al nuevo movimiento de mujeres. No todas las mujeres eran blancas y no todas las mujeres disfrutaban del confort material de las clases medias y de la burguesía. Ella misma era negra y ex esclava, pero no era menos mujer que cualquiera de sus hermanas blancas presentes en la convención”



Sojourner, en 1850, al igual que las mujeres negras de hoy, entendía como el sistema capitalista/patriarcal/racista operaba, para que las mujeres blancas abolicionistas, que acababan de emprender la marcha por la igualdad de las mujeres, no fueran consientes de cómo sus privilegios de clase y raza, las hacía insensibles hacia la causa de las mujeres negras esclavizadas, hacia su padecimiento, no solo humano, sino como mujeres, era una mujer adelantada a su tiempo, dirían algunos, sin ningún tipo de privilegio social, ni de conocimiento sistémico, solo la acompañaba el conocimiento que brinda toda una vida de padecimiento en un mundo de dualismos y taxonomías. Por eso Sojourner, al igual que las mujeres negras de hoy, emprendió su camino en solitario, no solo reivindicando su derecho a la libertad y a la dignidad humana, sino también, sus derechos como mujer negra.



 “Sé que ver a una mujer de color levantarse para hablarles de cómo son las cosas y de los derechos de las mujeres, suscita como un resquemor y algo parecido a deseos de silbar. Se nos ha hecho caer tan bajo, a todas nosotras, que nadie pensó que algún día volveríamos a levantarnos; pero ya se nos ha pisado bastante; nos alzaremos de nuevo y, por ahora, aquí estoy yo”  



Con el surgimiento del movimiento por los derechos de las mujeres y el posterior movimiento feminista, estas observaciones que hiciera Sojourner en el siglo XIX, permanecieron vigentes durante el dinámico siglo XX, y aún tienen eco hoy. Los diferentes movimientos por los derechos de las mujeres, no fueron capaces de entender cómo sus privilegios de raza y clase, oprimían también, a un gran número de la población femenina; las mujeres negras. Parafraseando a la activista francesa del XIX, Flora Tristán, cuando dijo “hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer” , las mujeres blancas, de clase media o alta, fueron también opresoras mientras luchaban en contra de la opresión.

Pero esa mujer que el sistema capitalista/patriarcal/racista, se empeña en que seamos, esa mujer amorfa, invisible, estereotipada, exotizada y erotizada, negada, esa mujer híbrido, no es la mujer que hemos sido, algunos dirán que sí, que efectivamente hemos sido pisoteadas, usadas, descorporeizadas, humilladas, deshumanizadas; pero la historia, que no es otra cosa que nuestras luchas cotidianas, que no es más que nuestra praxis libertaria y de resistencia, nos dice que no, Sojourner Truth abolicionista negra en el siglo XIX nos dice que no, Harriet Tubman, cimarrona liberta, líder del ferrocarril subterráneo, en una época donde los esclavizados libertos eran perseguidos hasta la muerte, nos dice que no, Rosa Parks, cuando dijo No, en una época donde los negros tenían que cederle todos los privilegios a las personas blancas nos dice que no, Wiwa, Polonia y Catalina Luango, mujeres cimarronas y guerreras en los ejércitos libertarios cimarrones de Colombia, en el siglo XVI , nos dicen que no, las hermanas Cárdenas (Petrona y Sebastiana), quienes cedieron las tierras que habían heredado a otros negros libertos para fundar el pueblo que hoy se conoce como el municipio El Cerrito, en el Valle del Cauca , nos dicen que no, mujeres como Angela Davis, Assata Shakur y Afeni Shakur, militantes del movimiento Black Panther Party, en los Estados Unidos de los 60´s nos dicen que no, mujeres como nuestra querida Ana Fabricia Córdoba, que vió la tragedia pasar repetidamente por su vida, y aun así tuvo la valentía y la esperanza de ayudar a construir un mundo más justo para las mujeres, nos dicen que no.
 
En Latinoamérica y en Colombia ahora, las mujeres que somos, nos encontramos desmitificando ese constructo social misantrópico que le niega la capacidad creadora y transformadora, a las mujeres negras en particular y a las mujeres de la otredad en general, voces desde la academia, desde el activismo social y feminista, desde los procesos comunitarios,  desde las luchas por el derecho al territorio, voces desde la cotidianidad de lo doméstico y lo profesional/laboral, se escuchan en todas partes haciendo lo propio por deconstruir estereotipos de raza, clase y género, mostrando como, al igual que lo hizo Sojourner en el 1850, el feminismo y las luchas por los derechos de las mujeres, no pueden sino entenderse desde la interseccionalidad, que el feminismo no puede sino ser heterogéneo, que la concepción dualista del sistema capitalista/racista/patriarcal, no puede, no debe aplicarse a las luchas de liberación de las mujeres, y a ninguna lucha de liberación, ya que el dualismo social se contradice con la libertad.

Nuestra historia está llena de mujeres negras indómitas, beligerantes, revolucionarias, rebeldes, creadoras, que fueron invisibilizadas por la historia del feminismo tradicional, pero que ahora, mientras seguimos haciendo historia, las estamos reivindicando, devolviéndoles el lugar que les fue negado, estas mujeres no fueron, no son obras del azar, Fueron, Son las mujeres que somos, las que estamos aquí, peleando siempre por salir, por liberarnos, Esas, son las mujeres que somos realmente.



“La utopía que hoy perseguimos consiste en buscar un atajo entre una negritud reductora de la dimensión humana y la universalidad occidental hegemónica que anula a la diversidad. Ser negro sin ser solamente negro, ser mujer sin ser solamente mujer, ser mujer negra sin ser solamente mujer negra.”



*Quiero dedicar estas palabras a las muchas mujeres negras que me han ayudado a ser, mujeres de las que tengo un poco de todas, iniciando por ti, Mamá.

*Quiero especialmente rendirle tributo a una mujer que conocí poco, pero lo suficiente para saber que fue y será siempre una mujer de Esas que somos, Eduvigis Potes, -Reina- Vigía del Fuerte, Antioquia, 21 de marzo 2017.


¡Las mujeres que somos nunca mueren!



*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.


Yacila Bondo
¡Politóloga y Soñadora!

1 Véase, Davis, Angela, Mujeres, Raza y Clase, 2004.
2 Extracto del discurso ¿Acaso no soy una mujer? tomado del libro Mujeres, Raza y Clase de Angela Davis.
3 Ibíd.
4  Ibíd.
5 Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia, (Compilación) Buenos aires, 2006.
6 Historia del pueblo Afrocolombiano, Perspectiva pastoral: http://axe-cali.tripod.com/cepac/hispafrocol/1.htm
7 ver episodio “Las hermanas Cárdenas” de la serie “Invisibles” de señal Colombia.
8 Carneiro, Sueli, Ennegrecer el feminismo, Seminario Internacional sobre Racismo, Xenofobia y Género, Durban, Sudáfrica, 2001.