Martes, 07 Noviembre 2017

Negro no come negro

¿Porqué no puede existir, o porque no empezamos por crear o poner en práctica la solidaridad étnica o solidaridad negra?

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Por: Robinson Mena Martínez

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Existe un adagio popular en latín “Canis caninam non est” que en nuestra lengua castellana significa “perro no come perro” en nuestra sociedad, dicha premisa suele utilizarse, para dar a entender, que los miembros pertenecientes a un determinado gremio, etnia, clan, colectividad, horda, grupo etc. No deben o no deberían agredirse a sí mismos, o entre ellos, conservando así, el principio de la hermandad o la solidaridad.

Sin embargo, en la ciudad de Medellín, es común ver a los negros (soy negro y no uso el término en forma despectiva, lo hago para darle mayor énfasis y significación al texto.), agarrados de las greñas, por diferentes motivos, primando entre ellos, el odio, la envidia, el irrespeto, las ínfulas de superioridad, además del auto-racismo y la auto exclusión, entre otros.

Para ejemplificar lo anterior, me remonto al año 2014, cuando en el marco de la celebración de la fiesta de “san pachito” que se realiza en Medellín, se observó a dos negros blandiendo machetes, agarrados con machetes o como decimos coloquialmente, “boleando rubla” en plena vía pública, entorpeciendo así, el recorrido del evento, además de dejar mal parada la raza en cuestiones de comportamiento, condición humana y respeto por el otro.

En el parque de San Antonio, también es común ver este tipo de comportamientos de personas pertenecientes a nuestra etnia, quienes por actos simples, como quebrar un envase de cerveza, mirar a una mujer, derramar una copa con trago, entre otros, fácilmente te pueden sacar una navaja, un cuchillo y hasta un machete, para que respondas si has cometido alguno de los actos anteriores, los cuales por lo general, no son cometidos a propósito. Esto, sin mencionar a fondo que, en algunos barrios donde abunda la población negra, también se presentan riñas, por volúmenes excesivos al departir, egos superlativos, celos de todo tipo, envidia y otros asuntos que amenazan la sana convivencia, y ni hablar de lo que a menudo vemos en las redes sociales.

Para quienes de pronto no sepan, las fiestas de san francisco, más conocidas como “San pacho”, se realizan en la ciudad de Quibdó, empiezan con una alborada general a principios del mes de septiembre, se retoman entre el 19 y/o 20 del mismo, y culminan el 4 de octubre, es un evento cultural, y artístico, rodeado de desfiles, comparsas, bundes, alboradas y procesión general. Las mismas, desde el año 2012, han sido declaradas patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad por la UNESCO.

Es así, como dada la diáspora del pueblo chocoano en la ciudad de Medellín, en el mes de octubre se saca un día y se realiza una réplica de las mismas, denominada “San Pachito’’.

Retomando el tema inicial, es pertinente decir que, el hecho de que en una colectividad, sus miembros se agredan mutuamente, como ocurre con algunos afros residentes en Medellín, no es nuevo, en palabras del filósofo Tzvetan Todorov, cuando Cristóbal Colón llegó a América, notó que los indígenas que la habitaban, sostenían entres si, cruentos enfrentamientos, los cuales no obedecían a obtener más poder ni por extender su territorio, ni tampoco impulsados por deseos irracionales, toda esta lucha, obedecía a un odio antiguo alojado en ellos desde tiempos inmemoriales.

Con lo inmediatamente anterior, no estoy invitando o no quiero decir que “negro deba comer negro”, la invitación que quiero hacer es a que utilicemos el principio de la solidaridad, la invitación es a que los negros dejemos de lado el odio, el rencor, la cizaña y empecemos a vivir en paz, ya es hora de que mostremos nuestra mejor cara y obsequiemos nuestras mejores sonrisas a una ciudad como Medellín, que nos ha abierto sus puertas y nos ha brindado las mejores oportunidades de progreso. Ya es hora de abolir del imaginario social esa premisa “el negro que no la caga a la entrada, la caga a la salida”, con mejores maneras de actuar, de pensar y de resolver las diferencias que afloran en toda sociedad de mortales.

Para ejemplificar la solidaridad, es conveniente decir que la misma se manifiesta de varias maneras:

Solidaridad Animal:

Hace un tiempo, en las redes sociales se hizo viral un video, en el que dos hipopótamos, salvan a un bóvido conocido como ñu azul, de las garras de un cocodrilo, el ñu, aunque no se había dado por vencido, su muerte estaba segura, era cuestión de tiempo, y que el cocodrilo lo fuera llevando poco a poco a lago abierto como lo estaba haciendo, hasta que llegaron los hipopótamos y solidariamente le prolongaron la existencia al ñu, alejando al cocodrilo del lugar.

Solidaridad Femenina:

Por naturaleza y en un alto porcentaje, las mujeres se ayudan mutuamente, esto ocurre por ejemplo, cuando una mujer ve al novio o esposo de su amiga saliendo o coqueteando con otra, por el principio de solidaridad femenina, esta le cuenta a su amiga de lo sucedido, intentando que se haga lo mismo con ella, cuando la situación la desfavorezca en este sentido.

El principio de solidaridad se ve en muchas esferas de la vida y en muchas capas de la sociedad, como las anteriores, existe también la solidaridad periodística, la solidaridad deportiva, la solidaridad artística etc. Si existe la solidaridad animal de quienes consideramos no poseen las facultades de los humanos, como el discernimiento y la transigencia ¿porqué no puede existir, o porque no empezamos por crear o poner en práctica la solidaridad étnica o solidaridad negra?

Queda pues el interrogante, queda la tarea para que decidamos si realizarla de manera inminente, a largo plazo, o en su defecto, nunca, y exacerbar así, lo que de manera peyorativa se dice de nosotros.

Pensemos, coloquemonos la mano en el corazón, saquemos a flote nuestra excelente condición humana y no nos causemos daño así mismos, ni  a los demás.

Mural en el bloque 19 de la U. de A.

 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

*Fotografías: Robinson Mena Martínez e Internet