Viernes, 30 Noviembre 2018

Nappily Ever After ¿una película reflejo de moda o de una lucha social?

la afroamericana Violet Jones enfrenta un viaje de auto aceptación en el cual tendrá que superar pensamientos, actitudes y conductas obsesivas con su cabello.

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Por: Isabel González Quintero

Psicológa

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Estas conductas adquiridas son el resultado de estar expuesta por años a comentarios que reprimen su auténtica apariencia física y personalidad. Criticas dadas principalmente por su familia.

 

 

Este fue el caso que nos presentó la película Nappily Ever After, una producción de Netflix que tuvo estreno el 21 de septiembre de este año. En ella se narra la experiencia de Violet Jones (interpretada por Sanaa Lathan) con el proceso de transición del cabello alisado al afro. La trama de esta historia se desarrolla cuando Violet toma la decisión impulsiva de rapar por completo su cabello. 

 

La apreciación que logró esta producción en sus espectadores, va en consonancia con las luchas públicas y privadas que existen alrededor del cabello de las mujeres (principalmente) y hombres negros. Movimientos sociales y políticos que para asombro de muchos, no son novedad. Ya en 1960 activistas políticos como Angela Davis (destacada teórica del feminismo negro), se oponían a la supremacía blanca y la segregación, queriendo mostrar a través sus afros, su lucha contra la opresión. Estas actuaciones fueron conocidas como el movimiento Black Hair que estuvo vinculado inicialmente al Black Power.

“Del término “afro-americano” se adopta “afro”, que se referirá también a todo lo que tiene que ver con la cultura de origen africano, incluido este nuevo estilo capilar que tendría por delante un gran auge” (Anaya, 2013). Por ello, al analizar uno de los papeles que tuvo el pelo afro en esos momentos de oscilación social, este lo encontraremos ligado al proceso de construcción de identidad. Realizando contrapeso a un sistema de creencias bastante arraigado en el cual se asocia la negritud (rasgos físicos, objetos, historia, etc.) con algo innatamente negativo. Llevando a muchas personas a elegir adaptarse (alisarse) con tal de pertenecer al sistema dominante.

 

 

 

“Hay que considerar al cabello como una entidad compleja e importante, con características materiales y semióticas que le permiten al ser social la construcción de significados. El cabello es un elemento crucial para la articulación de las diferencias y de la identidad, por ello se considera que las prácticas de peinado en las mujeres negras son relevantes en la producción cultural, la subversión ante el racismo y la negociación de las identidades”. Así lo afirma la socióloga Nicole Dawn Watson en su artículo “Making Hair Matter: Untangling Black Hair/Style Politics”.

Con esto, no es sorpresa que hoy en día estas luchas vuelvan a tomar fuerza, claro está que desde un nuevo formato. Ahora las redes sociales y los medios de comunicación, son la plataforma predilecta no sólo para manifestar el orgullo de llevar el cabello al “natural”, sino también como herramienta que brinda apoyo emocional. En espacios como Instagram, Facebook o YouTube se encuentran personas que desde su quehacer; desde su cotidianidad vienen apoyando estos procesos de aceptación del pelo al natural. Ofreciendo al espectador estrategias, desde cuidar del cabello, saber cómo peinarlo o incluso reconocer qué tipo de pelo se tiene y aprender a apreciarlo. 

Al respecto la comunicadora social y periodista Edna Liliana Valencia comenta que “Los medios de comunicación tienen un papel casi nulo en el tema de la transición del cabello alisado al natural, si bien ahora hay más telenovelas donde hay personajes con su pelo natural que influyen de alguna manera en que más personas encuentren un referente de inspiración. Aun así, sigue siendo un espacio mínimo y estereotipado en cuanto a cómo referencian al afrodescendiente. Sin embargo, Las redes sociales si han maximizado este movimiento social al permitir a las personas que antes no tenían acceso a los medios de comunicación. Estas plataformas han abierto un espacio más grande para entrar en debate con lo que estoy viendo u oyendo, aparte de darle poder al espectador al permitirle elegir a quien seguir y compartir con otros esa información”. 

 

 

 

No hay como negar el aporte que trae la exhibición de esta clase de filmes y demás movimientos sociales para la reivindicación de la población afrodescendiente en el imaginario social. Pero esto no descarta el mantener el análisis y la crítica respecto a los impactos que recaen a nivel personal y grupal con dichas iniciativas. Esta idea se asocia con el argumento de que si bien el pelo afro que ronda en el imaginario de cada persona podría variar, en general, se muestra un consenso que a decir verdad representa un perjuicio para aquellas mujeres negras cuyo cabello difiere de dicha descripción.

“Existe tanto desconocimiento frente al tema, que la gente no sabe la gran variedad de cabellos rizados que hay (3c, 4a, 4b, etc.). Yo siento que en el imaginario colectivo del pelo rizado, este está muy ligado a la imagen de un pelo con rizos abundantes y definidos, igual que al de las mujeres negras que salen en los comerciales” Comenta Liliana Valencia.

 

 

“Esto también va afectando a la mujer que va en transición, porque ellas en su mayoría no conocen su pelo, lo que provoca que esperen como resultado un cabello afro o rizado como el que vieron en televisión cuando sabemos que eso no va a pasar. La importancia de las redes sociales en este tema es que ahí se encuentran muchas mujeres que hablan sobre los diferentes tipos de cabello rizado, y cuando se abren todas estas opciones ya las personas se van enterando de que no existe una sola forma de llevar el afro” puntualiza.

No obstante, en las redes sociales también se encuentran estereotipos que develan la forma como el racismo utiliza el cabello y el color de la piel para marcar la diferencia. Y son aquellas figuras públicas quienes pueden estar consciente o inconscientemente apelando a un discurso discriminatorio. Tal como lo afirma la profesional de la Secretaría de Inclusión Social Jhassy Rodríguez.

“Los medios solo dicen que lo afro está de moda y ya, hasta el momento no he visto un reportaje con un cabello 4c incentivando al amor propio y al cuidado. Las Youtuber han aportado en este tema pero de nuevo ponen la vara súper alta con el uso de productos que resultan imposibles de adquirir para muchas”.

 

 

Con todo ello, queda clara la existencia de las diversas experiencias que enfrenta cada mujer en torno al proceso de transición de su cabello afro, crespo y rizado. Realidades que no han cesado de ser invisibilizadas y de cierta forma desacreditadas como procesos legítimos en la reafirmación identitaria.

Tal como lo relata Edna Liliana Valencia: “El proceso de transición entre cabellos es totalmente diferente. Cuando a la del pelo 3b o 3c al año de haber comenzado su transición ya lo va a tener enorme - respondiendo sin lugar a duda a ese imaginario colectivo del que ya hablamos- en cambio una mujer como yo que tiene su pelo 4b, podrán pasar cuatro años y no crecerá de la misma manera. La transición siempre será más fácil para ese primer tipo de mujer, porque estas no llevan la carga de estereotipos sociales tales como entre más grande el pelo, más bello”.

Por su parte, la modelo Luna Córdoba también relata su percepción sobre las diferencias en el proceso de transición. 

“Es más dramático el cambio de una textura a otra y más difícil concebirse en una nueva estética, que tarda más en aparecer. Las texturas tipo 4 son generalmente de personas de piel más oscuras -no en todos los casos, como en el mío- y al racismo que se da por como luces, se le suma,  no solo la piel, sino también el cabello natural en transición. Esto lo veo muchas veces cuando me han manifestado personas del común, que creen que me halagan al decirme que mi pelo es lindo “porque no es despeinado y alborotado como esos otros, que son todos apretados”.

 

 

 

Son estereotipos que recoge y contextualiza la mayoría de las escenas de Nappily Ever After, ideas preconcebidas que a lo largo del filme la protagonista va resignificando. “Pensar el racismo requiere adoptar una mirada crítica y una posición activa, implica reconocer que no sólo se limita a lo estructural o lo ideológico; por el contrario, se produce rutinariamente y se consolida a través de las prácticas cotidianas” (Villarreal, 2017). Es menester de todos analizar la información que consumimos, debatir ideas propias y compartir puntos de vista con los demás. Quizás en ese ejercicio se haga consciente las veces que se ha vulnerado los derechos de los demás.

En definitiva, la película devela el proceso que hay que emprender para sanar viejas heridas emocionales y el reafirmar la identidad como mujer negra ante una sociedad con estándares de la belleza femenina limitantes.  Nappily Ever After le ha abierto el camino a nuevas producciones con las cuales las mujeres negras se sientan cómodamente representadas. 

 

 *Fotografías: cortesía e Internet.