Lunes, 01 Septiembre 2014

Movimientos sociales afrodescendientes para la reivindicación social

 

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Por: Vanessa Márquez

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En el siglo XVI y durante tres siglos más, los colonizadores europeos llegaron a África, desarraigaron a los pobladores y los esclavizaron. Al menos once millones de africanos fueron apilados en barcos, para luego, al llegar al país de destino ser vendidos como cualquier mercancía.

Los diversos métodos de subyugación fueron utilizados bajo la idea que por ser “negros” eran seres sin derechos, sin honor y de condición inferior, todos estos discursos se convirtieron en la excusa perfecta para justificar la ambición y la riqueza que generaba someter a los hijos de áfrica a trabajos de servidumbre y de fuerza sin pagarles por su trabajo.

Hoy en día, aunque las condiciones de los afrodescendientes no son iguales se asemejan a los de la época, en donde las poblaciones negras en su mayoría están asentadas en territorios pobres, donde la cobertura educativa no es de calidad y en donde toca trabajar en lo que sea para poder sobrevivir. Es allí donde aparece un primer signo de racismo o discriminación racial, ya que no solo se discrimina por ser negro sino también por ser pobre.

A pesar de múltiples leyes y políticas sobre discriminación, el racismo sigue siendo denunciado constantemente por los afrodescendientes, ya que en pleno siglo XXI se maltrata, se insulta, se amenaza y se mira por encima del hombro a las minorías.

Ese pasado de subyugación, más los constantes acontecimientos de rechazo por el color de la piel, además de las diferencias culturales, han generado varias dinámicas en los afrodescendientes en Latinoamérica; una de ellas es la configuración de espacios en los que convergen aquellos que pertenecen a una misma etnia, como es el caso del Parque San Antonio en Medellín y la segunda perspectiva permite identificar la creación de colectivos o agremiaciones que trabajan en pro de los derechos de los afrocolombianos a través de acciones afirmativas que ayuden a salir de la marginalidad histórica y a visibilizar los aportes que este grupo poblacional ha hecho al país. 

Para hablar de los movimientos sociales afrodescendientes en América Latina es necesario remitirse al pasado, en especial con dos hombres líderes e íconos de los pueblos afros, primero se encuentra Nelson Mandela jefe de la organización Umkhonto We Sizwe o la Alianza de la Nación, considerada como guerrillera, pero movimiento con el cual llegó a la presidencia de Sudáfrica. Otro de los líderes es Martin Luther King quien creó todo un movimiento social en busca del reconocimiento de los derechos civiles de los afroamericanos, con diversos mecanismos como el boicot en autobuses y en restaurantes que generaban segregación.

Estos dos líderes y sus respectivas organizaciones permiten introducir un primer elemento que caracteriza a los movimientos sociales; el esfuerzo por generar inclusión, democracia y garantiza a los derechos humanos, que son universales y no deben tener distinción de etnia. Estos elementos se convierten en la lucha constante de las actuales organizaciones afro.

Por otra parte, una de las problemáticas que deben afrontar los movimientos sociales es la asociación con palabras como rebeldía, desobediencia, lucha, resistencia, protesta. “Sin embargo el resultado de su acción suele ser mucho más positivo, proactivo y transformador de lo que dichos sustantivos y calificativos dan a entender”, afirma Marisa Revilla autora del texto América Latina y los movimientos sociales: el presente de la rebelión del coro.

Es por esto que se crea en la población unos imaginarios que deslegitiman el verdadero trabajo de los movimientos sociales, especialmente porque este lenguaje es el que utilizan los organismos de poder -gobierno- para referirse a cualquier acción que implique una manifestación de descontento, reclamación o visibilización de la discriminación.

Teniendo en cuenta que las personas de descendencia africana en América Latina representan aproximadamente un tercio de la población latinoamericana y han hecho contribuciones importantes en los diferentes campos del saber, el siglo XXI ha sido marcado por la reivindicación no solo de los derechos sino de la verdadera historia, una historia que ha sido contada solo por los “blancos”, que ha omitido información y que ha generado una visión negativa y contraria de los afrodescendientes.

Para la autora Marisa Revilla los movimientos sociales han logrado “presentar demandas y poner en jaque, en algunas ocasiones a los gobiernos nacionales”. Para ampliar la mirada en este punto, pondré como ejemplo a la Organización Chao Racismo que nació por la indignación causada por una fotografía de portada de la revista Hola de España, en la cual se presentaban a las cuatro mujeres más ricas y prestigiosas de Cali, y en el fondo aparecían dos mujeres negras como la servidumbre.

 

Esta publicación generó polémica en el sector académico, ya que según algunos académicos de la Universidad Autónoma de Occidente el trasfondo de discriminación racial se mantiene: “en palabras de Pierre Bourdieu, genera representaciones diferenciadas de clase social, de género y de raza para quienes las observan; reproduciendo discursos de los roles y estatus que la sociedad ha trasmitido y que ciertos grupos sociales simbolizan dentro de la estructura de la sociedad, que para nuestro caso evocaría el papel de las mujeres afrodescendientes. Mujeres que, por lo general, cumplen roles de servidumbre en casas y haciendas de mujeres poderosas (ricas, afamadas, influyentes y con reconocimiento social) que los medios de comunicación intentan imponernos como un patrón a seguir, sin detenerse a pensar lo que implica alcanzar dicho estatus, en materia de derechos, dominación y violencia cultural”.

 

Después de publicada dicha portada, pasaron pocos meses para que Chao Racismo se convirtiera en movimiento social, que además de trabajar por la inclusión y la no discriminación se ha convertido en una de las organizaciones más fuertes actualmente en el país en materia de derechos afrodescendientes y “va encaminada a crear una revolución mental, a la transformación cultural de las prácticas racistas y a difundir nuevos referentes que eleven el techo aspiracional de quienes han sido excluidos”, puntualiza su director Ray Charrupi. Tanto así que fueron los primeros en utilizar la ley antidiscriminación 1482 de 2011 demandando al director, productor y al fotógrafo de la Revista Hola.

 

Aunque producir demandas de reconocimiento hace parte esencial de las acciones de los movimientos sociales, en el caso de los movimientos contemporáneos “se involucra la producción de una concepción alternativa de ciudadanía. Así estos movimientos sociales están implicados fundamentalmente en la multiplicación de escenarios públicos en los cuales se pueda cuestionar y volver a dar significado a la exclusión sociocultural, de género o étnica” finaliza Revilla.

 

Es así como los movimientos sociales afrodescendientes por medio diversas acciones como la protesta, las demandas, las toman en lugares públicos, las celebraciones de las diferentes fechas como el día de la afrocolombianidad, buscan un reconocimiento de los aportes que han hecho a la cultura, al deporte, al arte, a la ciencia y demás disciplinas.