Martes, 02 Abril 2019

Miziziya Mababu: raíces tumaqueñas, desde las montañas de Ciudad Bolívar

En la localidad de Ciudad Bolívar, una pareja de esposos provenientes de Tumaco, llevan 19 años realizando un trabajo social y comunitario con niños, niñas y jóvenes que buscan visibilizar las costumbres del pueblo afro y los saberes ancestrales a través de la música del Pacífico. 

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Por: Yeniffer Jiménez Molina

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Hace 30 años, a causa de las dificultades económicas que se presentaba en el territorio de Tumaco, don Omar y doña Paula deciden trasladarse a Bogotá, específicamente en el territorio de Ciudad Bolívar, allí vivieron un tiempo en arriendo, y después pudieron conseguir un lote; con el tiempo construyeron la vivienda donde ahora viven y en donde desarrollan las actividades del grupo musical Raíces Tumaqueñas. 

 

 

El trabajo social y comunitario que desarrollan los profes, empieza hace 19 años con la escuela de formación deportiva “El semillero” que desde el año 2015 logró su aval deportivo. En ella forman chicos de los 6 a los 17 años, la escuela funciona los días miércoles y viernes en el parque del barrio, en dos jornadas, para que todos los niños puedan acceder a ella. La escuela no genera ningún cobro a los niños que a ella asisten, ya que lo que se busca es que no deserten y tengan un espacio sano donde compartir. 

 

El fútbol es un sueño para muchos niños y niñas en distintas partes de Colombia, la imposibilidad de acceder a una escuela o a un proceso de formación deportiva ha generado que muchos de ellos accedan a otro tipo de posibilidades, en ocasiones nocivas para el desarrollo de su proyecto de vida. El profe Omar y la profe Paula, llevan 19 años gestionando un espacio, un refrigerio y diversas actividades que les han permitido a los jóvenes afro, mestizos e indígenas pertenecientes al barrio emprender su sueño como futbolistas, con grandes logros. 

 

 

Hacia el año 2012, empezaron su trabajo con la música tradicional del Pacífico, llamando a la agrupación Raíces Tumaqueñas, ya que la mayoría de los integrantes son de esta parte del país. La agrupación tiene como objetivo rescatar las raíces tradicionales y las costumbres Afro que se dan en la costa Pacífica del el sur colombiano.  Al iniciar, sus integrantes los conforman el núcleo familiar y luego se acercan nuevas personas a seguir con la propuesta. 

A demás, una característica importante de la agrupación es que sus composiciones, letras y ritmos los han aprendido empíricamente, solo teniendo el conocimiento ancestral de su pueblo tumaqueño. 

 

En el 2017 constituyeron una fundación llamada “Miziziya Mababu”, proveniente de la lengua africana, que significa raíces ancestrales. Desde allí el profe Omar y la profe Paula quieren vincular todo el trabajo que realizaban en una sola propuesta, además tener recursos económicos que le permitan a los niños pertenecientes a estos proyectos desarrollar su trabajo de forma más adecuada y tranquila, evitando fluctuaciones económicas e instrumentales, y que así todos los niños, niñas y adolescentes puedan participar de las actividades. Pero, hasta el momento no se ha generado ningún recurso económico en la fundación, y por ello todas las actividades propuestas siguen siendo autogestionadas, por esta hermosa pareja de profesores. 

 

 

El trabajo de esta pareja de profesores se ha enfocado en sacar a la población infantil de los distintos espacios de drogadicción y bandalismo que se presentan en el barrio y localidad, además han desarrollado actividades con adultos mayores, y trabajos intergeneracionales, en los cuales se busca que a través de estos procesos las personas puedan formar su proyecto de vida de una mejor manera.

 

“En Bogotá hay mucha población afro, pero las costumbres están desapareciendo por la inmersión de otros géneros musicales que lo que ha generado es que los jóvenes no conozcan sus raíces como propias y se alejen de la cultura ancestral. Por eso lo que buscamos es rescatar, las raíces, legados y saberes que nos han dado nuestros ancestros, divulgarlos, hacerlos conocer y que sean más visibles y se puedan mantener en el tiempo”. Nos comenta el profe Omar. 

 

La agrupación musical Raíces tumaqueñas, trabaja en conjunto de marimba, ya que tienen los bombos, el golpeador, el arrullador y, los cununos, que se identifican como hembra y macho;, además se tiene la marimba y las guasas, acompañado de las voces de las cantaoras y cantaores. “Con estos instrumentos, se practican los cantos tradicionales del sur del Pacífico, como los alabaos, arrullos, chigualos y currulao” dice el profe Omar. 

 

Los alabaos son cantos fúnebres y tristes que no llevan instrumentación, solo las voces de los cantaores y cantaoras del grupo. Algunos chigualos se cantan con instrumentos y otros sin ellos, en este tipo de canto no se incluye la marimba, únicamente van los bombos, cununos y guasas, y se les canta a los niños que fallecen entre los cero y ocho años, ya que a esa edad se les considera ángeles, por ellos el canto debe ser alegre. Los arrullos se cantan en festividades y en celebraciones religiosas como la virgen del Carmen, San Antonio y San Pacho, entre otros santos que se veneran. El currulao se canta en las festividades de los pueblos, son usados para las fiestas folclóricas y tienen distintas formas de tocarse e interpretarse. 

 

La agrupación compone sus canciones, desde varios enfoques que permiten hablar de las diferentes problemáticas que se viven, entre ellas está cantar por el territorio, el agua, la naturaleza, los santos, y demás. Sus cantos son la vida, a sus procesos históricos y a la memoria que vienen han venido construyendo. 

 

 

 “La creencia africana es que los instrumentos de acuerdo a la forma en la que se toquen o interpreten también son sanadores y tienen poderes curativos, por eso a los instrumentos hay que saberles dar, y darles con cariño, y eso es lo que buscamos enseñarles a los niños”. 

 

Las clases de música se realizan los días domingos a mediodía, tienen una duración de dos horas. Inician con el reconocimiento de los instrumentos, indicando para qué sirven, indicando su función en la música del Pacífico, identificando las bases principales de los instrumentos, sobre todo del bombo y del cununo; además tocan los instrumentos para al final de la clase, generando un pequeño ensamble de lo aprendido en la clase. Se busca que todos los niños canten, y participen de este espacio permitiéndoles apropiarse de la música y del manejo de su cuerpo. 

 

El profe Omar y la profe Paola reciben niños, muy diversos, no solamente niños afro, sino indígenas, mestizos y venezolanos, que han iniciado un proceso de reconocimiento de la cultura afro, hasta ahora se están formado, pero ellos van asimilando ese proceso. Los niños y las niñas son multiplicadores de lo que los profes vienen realizando, ya que se han convertido en referencia en otros espacios como la escuela y el barrio. 

 

Tanto la fundación, como la escuela de fútbol y la agrupación musical son muy visibles en la localidad de Ciudad Bolívar, y sobre todo en el Barrio Potosí, que es en donde residen y se desarrollan las clases. “Lal localidad nos acoge, tanto así que nos tienen muy presentes para distintas presentaciones y actividades que aquí se realicen”.

 

Este tipo de espacios, que se realizan genera en la periferia de la ciudad, con la fuerza y el corazón de esta gran pareja de esposos y profesores, ha generado nuevas ideas y perspectivas de lo que significa ser un afrodescendiente en una localidad caracterizada por la llegada de familias y personas de muchas partes del país, y sobre todo, en la representación y empoderamiento de la música del Pacífico sur como una posibilidad de vida, trabajo y sueño comunitario.   

 

 *Fotografías: Yennifer Jimenez.