Miércoles, 12 Julio 2017

Más allá de una buena Fotografía EtnogrÁFRICA

“La correcta contextualización de la producción de la imagen fotográfica exige el conocimiento profundo tanto de la cultura del fotógrafo como la de los sujetos fotografiados”. Demetrio E. Brisset

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Por: Xiomara Tejada Tejada.
Estudiante Artes plásticas UdeA

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África es un continente sumamente diverso del cual se ha reconocido que desciende la totalidad de la humanidad según investigaciones realizadas acerca de la Eva mitocondrial. Y sin pretender ahondar en esta situación, es válido mencionarlo al inicio del texto, por si acaso alguna persona lo ha olvidado. Lo que sí se pretende es establecer algunos argumentos acerca de cómo la fotografía etnográfica ha generado en diversas ocasiones la distorsión del verdadero valor y sentido de las manifestaciones artísticas y culturales de este continente, reduciéndolas a la mera estetización de sus costumbres.

El continente africano por su gran riqueza cultural, ha sido un foco ideal para muchos fotógrafos que han llegado allí motivados por el hecho de encontrar escenarios y realidades sorprendentes, en ocasiones impensables. Las exuberantes dinámicas culturales del continente se han mostrado al mundo mediante magníficas fotografías que apuntan a rigurosas investigaciones sociales que le competen a la disciplina de estudios etnográficos, pero, a diferencia de esto, muchos otros fotógrafos han pretendido visibilizar simplemente lo que han deseado. Encontrando su interés en lo primero que más morbo les produce. Imágenes amarillistas sin sentido con ideales que no responden a lo que realmente es África.

El mundo entero ha sido testigo y fiel partícipe de pensar a este continente como un lugar sumamente ‘exótico’, donde la gente se viste con trajes coloridos y enormes telas en su cabeza y que aparte, “bailan como los dioses” lo cual a muchos les resulta bastante simpático y se les hace motivo de chiste. Este mismo concepto errado lo tienen algunos fotógrafos que se han encargado de reforzar esas imágenes estereotipadas de un lugar del cual les falta muchísimo por conocer.

Es impensable afirmar que un continente tan diverso cultural y socialmente, que causa fascinación ante el lente de una cámara por sus escenas de vida, que han de resultar maravillosas, sirva solo como un ‘objeto’ de entretenimiento. El ideal, es que por medio de sus fotografías se evidencian las realidades tan inhóspita que hacen necesario la ayuda de las otras partes del mundo en general.

La cultura africana tiene unos cimientos asombrosamente fuertes donde cada habitante de allí conoce lo que hacen y el profundo significado que tiene, lo que conlleva a que se torne ciertamente incómodo el hecho de pretender abarcar lo que ellos son en una fría y vacía imagen, sin antes conocer su origen, su raíz. Muchos fotógrafos africanos pusieron en jaque esta situación y respondieron a este hecho con verdaderas fotografías dignas de ser arte.

Se hace justo indicar  que varios hacedores de la fotografía etnográfica han ignorado el hecho de que esas actividades de la tradición  africana, por las cuales se sienten atraídos, son el resultado de una constante ‘resistencia’ que esta población tiende  a dejar de ser quienes son y quienes sus ancestros les han enseñado ser. La imagen fotográfica, por tener la capacidad de capturar con precisión la realidad puede cometer el grave error de funcionar mecánicamente obviando asuntos de contexto que son relevantes.

La fotografía llegó a los países del continente africano a eso de 1840, en aquel momento un alto porcentaje de personas se dedicaron a explorar las posibilidades creativas de la imagen. No es un secreto para nadie que el arte estuvo muy ligado a los intereses de las altas clases sociales, esta misma situación sucedía en África por lo cual muchos de los fotógrafos debían trabajar para personajes de la élite, labor que duraría solo hasta que estos lograran independizar su quehacer fotográfico.

Uno de los mayores retos que ha tenido que enfrentar la fotografía etnográfica ha sido la superación del sensacionalismo que produce en el espectador el conocimiento de culturas y modos de vida que poco o nada se parecen a los de ellos. Lo diferente o desconocido siempre ha movido las emociones de la gente y mucho más si estamos hablando de que el factor  de estas emociones es la raza negra.

Algo muy similar ha sucedido con las diferentes comunidades indígenas, las cuales han cautivado a muchos artistas de la fotografía gracias a los comportamientos y actividades culturales que tienen que ver con sus identidades.

El problema de la fotografía como medio cultural, no radica en la visibilización de dichas comunidades, se trata más bien de qué tan conscientes son los artistas del respeto que merecen estas tradiciones y sus personas al momento de invadir sus modos de vivir y habitar sus territorios.

Por tanto, hay que ir más allá, hay que conocer el porqué de sus hermosas y sentidas danzas,el origen de sus complejos peinados, los rituales y creencias que tienen.

Además,entender la multiculturalidad y ese número increíble de lenguas habladas, identificar las dificultades y capacidades de su gente, su conexión con la naturaleza y el saber de sus ancestros. En conclusión, crear motivos a través de la imagen para pertenecer, aunque sea por unos cortos momentos, a esa numerosa familia, en donde no importa la tez de la piel pues allí todos son hermanos, miembros de la imponente familia de la madre África.

 

*Fuente de imágenes:  -http://www.dogguie.net/la-dura-vida-de-los-aborigenes-en-etiopia-dentro-de-pocos-anos-quizas-ya-no-haya-nada-de-esto/
-https://www.google.com.co/search?q=Okhai+Ojeikere.&lr=lang_es&tbs=lr:lang_1es&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwigyZv-zqnUAhWBWSYKHapDAx