Martes, 09 May 2017

MACHISMO, EL AMIGO QUE MATA

 

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Por: Leidys Emilsen Mena Valderrama

Recientemente en Cartagena, un hombre asesinó a su ex–novia motivado por los celos, los cuales se incrementaron a causa de que un amigo del asesino le envió una fotografía de su ex–pareja en la que supuestamente ella aparecía al lado de “otro hombre”.
En la noticia también aparecen otras situaciones que dejan entre ver hechos de violencia sistemática que sufría Samaris Cassiani Berrío a manos de su ex–novio Nilson Herrera Valdez, algunos de esos fenómenos hablan de violencia económica. De acuerdo al informe noticioso el agresor era quien le cobraba el sueldo a la víctima, ella trabajaba y él cobraba.



El maltrato económico es una constante contra las mujeres en el país, a pesar de las luchas que las mujeres han adelantado por la equidad en los pagos y el respeto por el derecho a la subsistencia, aún hay mujeres que reciben menos salarios que los hombres cuando realizan el mismo trabajo que ellos.

La violencia económica no es inofensiva, ni surge del azar, es el resultado de la consolidación de estigmas machistas que sobre las mujeres han construido a lo largo de la historia las instituciones sociales, la principal razón para agredir económicamente a las mujeres es el hecho de que el dinero o el capital está asociado a una idea de libertad en cuya práctica no caben las mujeres.

La violencia doméstica es tan compleja, primero porque tiene miles de formas y micro¬formas de manifestarse, y segundo porque casi todas han sido naturalizadas por la sociedad en general, y bajo el sofisma de las relaciones amorosas se violenta la integridad física, emocional, sexual y económica de las mujeres, argumentado en el amor la justificación para todas las aberraciones de que llegue a ser objeto.


Algunas cifras de maltrato intrafamiliar


En el 2015, según Medicina Legal, en Colombia se presentaron alrededor de 1500 casos de homicidios de mujeres. Según Carlos Eduardo Valdés, director de la entidad, citado por Radio Santafé, la cifra se redujo en un 2% comparado con el año 2014. Esos 1.500 feminicidios fueron la consecuencia de los más de 120.000 casos de violencia intrafamiliar e interpersonal reportados a Medicina Legal en 2015. Los departamentos con los más altos índices de feminicidios son Bogotá, Valle del Cauca y Antioquia.
Por sus parte, El informe de Carga Global de Violencia Armada, elaborado por la Declaración de Ginebra, encontró que los países con tasas altas de feminicidio (al menos 3 por cada 100.000 mujeres) se encuentran en América: 4 países del Caribe, 4 del Centro y 6 de Suramérica, entre ellos Colombia. Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, Colombia es el país con más feminicidios en el continente de Hispanoamérica, por encima de México.


La inoperancia del Estado para atender eficientemente las violencias de género, promover la prevención de los feminicidios y desarrollar normas judiciales eficientes para estas conductas está ligado con la “cultura” popular que considera que las mujeres que sufren violencia es porque se lo buscaron, tanto los hombres como las mujeres asumen comportamientos de tolerancia y complacencia con la violencia que sufren las mujeres, pues dentro del sistema machista patriarcal las mujeres son educadas para someterse y los hombres son educados para someter.


El Estudio de Tolerancia Social e Institucional sobre idearios machistas en Colombia realizado por la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer demostró que “el 37% de los colombianos considera que las mujeres que se visten de manera provocativa se exponen a que las violen; el 24% que las mujeres que se relacionan con hombres violentos no deben quejarse de que las golpeen y el 19% piensa que una buena esposa tiene que obedecer a su esposo aunque no esté de acuerdo.”


Aunque estas afirmaciones son aberrantes, hacen parte del imaginario social de los colombianos, donde hombres y mujeres justifican el maltrato hacia las mujeres; estas creencias facilitan el trabajo de los agresores y de alguna manera les posibilita que sus conductas no sean castigadas jurídicamente, ya que la primera sanción, la moral no se manifiesta, entonces no sienten culpa ni remordimiento, por ello aunque paguen alguna sanción jurídica no dejan de creer que lo que ellos hicieron estaba bien, y lo vuelven a hacer.


Esos mismos imaginarios son los que poseen gran parte de los funcionarios encargados de velar para que las mujeres tengan una vida libre de violencias, por eso los “avances” en materia de garantía de derechos para las mujeres son tan mínimos, “el 78% de la población opina que “la ropa sucia” se lava en casa, deslegalizando la posibilidad de que las mujeres maltratadas acudan a las instancias policiales o jurídicas a denunciar su caso.
La violencia doméstica es tan imperceptible que la propia víctima no llega a ser consciente de que es maltratada y su victimario llega a estar convencido que la violencia que ejerce hacia su mujer no es violencia, pues todo el mundo lo hace y la sociedad lo justifica, se normaliza. Pero aun así es importante que las mujeres estemos alertas frente a comportamientos violentos que nuestra pareja pueda llegar a desarrollar.
Casi siempre el hombre que maltrata físicamente a una mujer termina asesinándola, y antes de maltratarla ejerció acciones de control y dominación contra ella. La violencia machista es una enfermedad que la padecen los hombres y las mujeres, y como la sociedad la ha normalizado no se emprenden acciones para curarla.


Para combatir eficientemente las violencias de género que padecen las mujeres debemos iniciar por construir nuevos imaginarios de lo masculino y lo femenino, donde lo uno no sea sinónimo de fuerza y lo otro no represente debilidad.


Algunas situaciones de alerta:


1. Que te revise el teléfono celular.
2. Pedirte que le suministres tus claves de acceso a tus redes sociales, e-mails, y demás. Si es tu deseo compartirlas puedes hacerlo, pero no puedes sentirte obligada o presionada a ello.
3. Querer saber todo lo que haces en detalle.
4. Que llame a corroborar que si estas donde dijiste que estarías.
5. Que te diga cómo vestir.
6. Que no te permita salir sola, con tus amigos y/o amigas.
7. Que se enoje si decides no tener relaciones sexuales con él. El que pareja no significa que tu eres su objeto del cual él puede disponer a su antojo incluso en contra de tu voluntad.
8. Que te grite.
9. Que use palabras soeces para referirse a ti.
10. Que te amague.
11. Que te amenace.
12. Que te obligue a hacer cosas que tú no quieres.
13. Que te manipule en la toma de tus decisiones.
14. Que sea celoso. Una persona celosa puede llegar a ser controladora excesiva.
 


*Fotos: Tomadas de internet