Martes, 07 Noviembre 2017

Las crispetas que están encantando a los Envigadeños

Como en los mejores sitios, aquí también se hace fila para comprar las crispetas que hace Lucía.

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Por: Maria Carolán Agudelo

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“Crispetas: La delicia Envigadeña”, así es como comenzó a llamarse este sitio, uno que inició hace más de 40 años el papá de Lucía, ahora ella es la persona encargada del punto.
En el año de 1977, en la ciudad de Medellín, cerca de las iglesias del parque Bolívar y de la América, cierto día llegó una cliente a comprar crispetas y se convenció tanto de que eran un buen producto, que como sugerencia le dice al vendedor que debería irse para Envigado, pues según ella, en este municipio solía gustar mucho el maíz bien preparado.

Esta idea de trasladarse a Envigado le quedó “sonando” al vendedor y el 31 de octubre, del mismo año, decidió visitar el municipio para mirar qué tanto se podía vender, pues se llevó una sorpresa porque las ventas fueron exitosas, sumado a esto el fallecimiento del crispetero del municipio poco tiempo atrás, razones suficientes para que el nuevo vendedor de crispetas iniciara los trámites para quedarse en este lugar.

A nivel familiar, muchos migraron de Quibdó a Medellín y aquí aprendieron a hacer las crispetas; y aunque el padre de Lucía fue el que inició el negocio y solo tienen un punto de venta, tienen un tío que también emprendió con lo mismo y actualmente trabaja en un centro comercial de la ciudad.

Las deliciosas crispetas pueden encontrarse a solo media cuadra del parque, actualmente cuenta con cuatro personas de la familia, que se rotan para trabajar todos los días de la semana entre las 2:00 p.m. y 8:30 p.m.

Cuando se le pregunta a Lucía por el secreto que utiliza para atraer tantos clientes, dice: “no es un ingrediente especial sino una suma de diferentes eslabones entre los cuales prima la calidad y las cualidades humanas”, también, que su padre le enseñó a no solo ofrecer un producto que le guste al público sino a tratar bien a los clientes: “prestar un buen servicio debe estar por encima de todo”, decía él.

Aparentemente todo siempre ha funcionado bien, se puede observar un establecimiento que es bien visitado e incluso con filas de personas para realizar sus compras, pero como en todo, ellos también pasaron por un momento de dificultad, hace aproximadamente 2 años se sintieron desestabilizados porque les prohibieron seguir en el punto donde estaban localizados, afortunadamente la alcaldía les permitió reubicarse y volvieron a recobrar su estabilidad trabajando arduamente.

Parece mentiras que las personas dejen de comer otros alimentos para comprar crispetas, y hablando con Diana, una cliente que conoce a Lucía desde que llegó a Envigado, manifiesta que “no cambiaría las crispetas de Lucía por irme a comer a otra parte, nunca pierdo la bajada al parque” y cuando se le pregunta qué es lo que tanto le gusta de estas crispetas, ella contesta muy segura: “¡Todo! El secreto consiste en el amor con el que las hace y la atención para con sus compradores, ¡Es demasiado amable!, porque uno las hace en la casa y no le quedan ni en la sombra de las de ella”.

El producto no solo es delicioso sino también abundante, estas crispetas no las empacan en bolsas pequeñas de papel como tradicionalmente se hace, las delicias Envigadeñas vienen en una bolsa plástica con cargaderas. Cabe aclarar que en este momento Lucía tiene la intención de contribuir con el cuidado del medio ambiente y se encuentra buscando la mejor idea ecológica para sustituir la bolsa plástica, hasta el momento tiene 2 propuestas: la primera es el uso de unas bolsas que están surgiendo en el mercado, biodegradables, y que están hechas con la cáscara de la mazorca del maíz, la  segunda opción tiene que ver con unas bolsas hechas con la cáscara de plátano, eso sí, dice ella: “lo más importante es que no afecten el tamaño del empaque porque fueron los clientes quienes así lo pidieron”.

Las crispetas son dulces, saladas o mixtas, y aunque por muchos años las dulces eran las preferidas de los clientes, hoy en día va en incremento el consumo de las mixtas.

Llegando al sitio, solo se puede descubrir por qué son las favoritas y el porqué de las filas, hay que darse la oportunidad de probarlas, porque si algo está bien claro es que estas crispetas las prefieren desde niños hasta ancianos, aquí no importa la edad, llegan personas locales, visitantes, incluso los extranjeros, y hasta las palomas las disfrutan.



 

*Fotografías: Fernando Hurtado.