Viernes, 01 Febrero 2019

La Plomocracia

Luego de un largo y tortuoso proceso de paz con las FARC, Colombia pudo acariciar por un inusitado año, cierta tranquilidad de los fusiles, al punto en que el Hospital Militar registraba niveles casi absolutos de desocupación en las salas de atención a situaciones de guerra.

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Por: Arleison Arcos

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Con el cambio de Gobierno, los alcances que llevaron a Juan Manuel Santos a ser reconocido como el Premio Nobel de Paz se fueron erosionando, con cada nuevo anuncio y decisión del Gobierno de Iván Duque Márquez; a quien su patrón electoral designó bajo la lapidaria intención de hacer trizas los acuerdos de paz.

Como si no bastara con la estatura presidencial a la que se elevó el carácter pendenciero y retrechero de quienes avivan sus negocios con la brasa de la guerra; el ELN, las facciones guerrilleras que no negociaron en La Habana, los ejércitos del narcotráfico y los ejércitos anti restitución continúan sembrando el terror en pueblos y caseríos en los que ya se escuchan los bombazos, el aleteo de los helicópteros, el movimiento de tropas, las incursiones y tomas, los paros armados y la muerte de civiles que acrecientan el desangre momentáneamente detenido, cuando se pensaba que quedarían atrás las décadas de horror que el país ha padecido. Con sobresalto y perturbación hemos visto que, bajo los cantos de guerra, se justifica incluso lo no justificable, al hacer explotar abundante pentolita al interior de una escuela de formación policial.

Al mismo tiempo, la muerte al detal de líderes sociales, defensores de derechos humanos, reclamantes de tierras y activistas comunitarios no para. De nuevo se escucha hablar de falsos positivos con rostros indígenas y afrodescendientes. Mujeres y hombres de todas las edades aparecen muertos por atreverse a seguir siendo la voz de sus comunidades, mientras en los estrados judiciales nos enteramos que desde posiciones de gobierno el mismo Estado ha promovido la acción de sicarios y ha perpetrado sistemáticamente persecuciones, hostigamientos y actuaciones armadas en contra de quienes reclaman dignidad, tierra y derechos.

Puestos en la calle, los reclamos de diferentes facciones que se levantan contra el terror, la muerte y la desazón que generan las acciones bélicas resultan contradictorios. Mientras que para unos solo importan y convocan su solidaridad las acciones provocadas contra la fuerza pública, se hacen los ciegos ante los desmanes del Escuadrón Móvil Antidisturbios - ESMAD contra los manifestantes en defensa de la vida de los líderes sociales. Mientras que unos salen a la calle a reclamar que, incluso ante el horror, la paz sea por fin un deber y un derecho de obligatorio cumplimiento; otros azuzan a un adolescente que protesta contra la guerra de Duque y Uribe. Mientras unos imploran el cumplimiento expreso del mandato ciudadano por la paz; otros ofrecen plomo sin negociación alguna. 

La plomocracia nuestra se eterniza, alcanza incluso estatus gubernamental al autorizar de nuevo el porte y uso selectivo de armas de fuego, como si no hubiésemos aprendido nada de las décadas en las que por campos y ciudades campearon a su amaño las Convivir y los grupos paramilitares perpetradores de mil y una matanzas, masacres y homicidios indiscriminados y selectivos.

Bajo el impulso de la plomocracia, las ciudades elevan su cuota fatídica, los hospitales vuelven a llenarse de heridos y muertos, los bares de barrios y veredas cierran temprano y la gente mira al visitante de nuevo con recelo. Las carreteras vuelven a ser peligrosas y en los territorios afrodescendientes la noche vuelve a dar miedo y el día también.

 

Aún bajo el espanto y consternación de la plomocracia, se siguen escuchando las voces valientes e indeclinables de quienes persisten en su empeño por procurarnos, algún día, algo que se parezca a la paz.  

 

 

*Arleison Arcos Rivas: Activista afrodescendiente, asesor en procesos organizativos y de etnoeducación. Licenciado en Filosofía, especialista en Políticas Públicas, Especialista en gobierno y Desarrollo Local, Magister en Ciencia Política y Candidato a Doctor Ciencias Humanas y Sociales.  

 

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*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación. 

 

*Fotografía: Cortesía del columnista.