Martes, 26 Septiembre 2017

La ingratitud de los negros

“la ingratitud es hija de la soberbia” Cervantes Saavedra.

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Por: Robinson Mena Martínez

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Es común que cuando un negro (no utilizo el término “negro” de forma despectiva, pues negro soy, lo hago para darle más énfasis a la palabra como tal, al texto y a nuestra raza misma) , en su diáspora por querer mejorar su calidad de vida, tarde un tiempo en regresar a su tierra natal. Sus amigos, vecinos, conocidos y todas las personas que permanecen en el terruño que lo vio crecer, lo tildan de ingrato. Algunos de manera jocosa le manifiestan, al menos si se encuentra en la ciudad de Medellín, que ya se volvió Antioqueño, que ya es paisa, ¡eh ave maría pues!, qué haremos con “el nuevo paisa-negro”.

Para referirme a los negros residentes en Medellín, según Caracol Radio la población afrocolombiana en esta ciudad, es de aproximadamente 218,068 habitantes, lo que corresponde al 8,8% de la población total, dicha cifra, es un porcentaje bastante importante de personas que pernoctan en la Eterna Primavera, lo cual es un detalle no menor, además de ser un hecho bastante significativo, a comparación del total de habitantes de ciudades como Quibdó por ejemplo.

Y es precisamente desde allí de donde quiero partir, para manifestar que el hecho de que gran parte de estas personas, no se desplazan de manera recurrente a los lugares donde se ha nacido, sea sinónimo de ingratitud. Es importante aclarar, que entre los muchos motivos por los cuales se parte de los lugares de donde se es autóctono, se hace por: mejorar la calidad de vida, buscando un empleo acorde a los estudios que se poseen, para adelantar estudios técnicos, tecnológicos y/o profesionales, y en muchos otros casos, por desplazamiento forzoso y conflicto armado interno.

Es así, como hay que decir, que la permanencia en la ciudad de Medellín, a diferencia de los pueblos de donde se proviene, es totalmente diferente, en “Medallo” las dinámicas que se manejan son distintas, además de los hábitos de vida, que cambian casi que por completo.

Cuando se vive en la tierra al lado de la familia, es muy recurrente, para conseguir parte del pan de cada día, basta con desplazarse a la zona trasera de las viviendas, en donde se encuentran sembrados de plátano, yuca, banano, árbol del pan, borojó, chontaduro. En la mayoría de los casos, no se debe conseguir plata para pagar el arriendo, ya que se vive en casa propia, o al menos de la familia. Los servicios públicos no son tan caros, ya que no se poseen todos, es decir: hay lugares en donde solo hay luz eléctrica, no hay alcantarillado, no hay acueducto, no hay servicio de saneamiento ambiental, no hay televisión por cable ni tampoco internet, es poco lo que se paga por servicios recibidos, esto sin contar los racionamientos de luz, lo cual debe verse reflejado en la factura por la prestación de este servicio.

En un porcentaje aceptable, no se paga transporte para ir a los lugares de trabajo o estudio, pues hasta los mismos, se puede llegar caminando. Esto por mencionar algunas de las ventajas por decirlo de alguna manera, que se tienen al vivir en el pueblo. Con lo anterior no quiero decir que se viva feliz totalmente, o que todo sea benévolo, también hay sus dificultades y se viven sus propios dramas por supuesto.

Parque Lleras del poblado, escultura la bailarina y el flautista.

A lo que quiero llegar, es a manifestar que en ciudades como Medellín, que es la más innovadora del mundo, se carece de casi todas las denominadas ventajas anteriores, casi todo lo anterior lo hay, pero para acceder a todo, se debe pagar un costo, bastante considerable por demás.

En una ciudad como Medellín cuyo ritmo de vida es tan vertiginoso, no se puede uno estar quieto, porque se sucumbe ante las exigencias de la misma. En los pueblos hay menos vertiginosidad, hay menos preocupaciones y se disfruta más de la vida. En la ciudad hay más responsabilidad y digamos que menos festividad, cuando el ser humano se inmiscuye en el ritmo de vida de ciudades como Medellín, si lo que se quiere es conservar un vivir más o menos apacible, se debe ser responsable, se debe ser serio, no se puede estar viajando a los lugares de origen cada ocho días, por las múltiples ocupaciones que emanan de la ciudad misma. No se puede estar de rumba en rumba, porque se debe hacer economías para otros menesteres, es así, como no podría o no debería hablarse de ingratitud de quienes son intermitentes en sus desplazamientos a sus tierras natales.

Con lo anterior no pretendo decir que la vida de los citadinos es muy triste y derrotista, simplemente quiero dar razones de porque no se es más consecuente para visitar a los suyos. De hecho, en ocasiones es más fácil mandar a traer a los familiares, a que se vaya donde ellos, por las responsabilidades, ocupaciones, y desgaste, además, del estrés de los viajes en carreteras tan malas y los peligros aéreos que están al acecho.

Hay que decir también, que muchos lugares en los cuales las personas han crecido y en los cuales permanecen sus familias, están hoy día pasando por momentos difíciles, toda vez que la violencia se ha apoderado de ellos, son espacios en los cuales ya no se puede andar tranquilo, son sitios en los cuales las actuales generaciones tienen otras dinámicas de disfrute y utilización del tiempo libre; en donde la gran mayoría opta por la realización de actividades delictivas. No es justo, que en la actualidad se tenga que pagar para desplazarse libremente o vivir encerrado, So pena de ser lastimado, atracado, violado o en su defecto asesinado. Esa es otra de las razones, por las que en ocasiones, se evita visitar la ‘tierrita’.

Otro motivo por el cual muchas personas van poco a sus tierras natales obedece a que la vida les sonríe en los lugares a donde llegaron en busca de mejores oportunidades, es así como mandan a buscar a toda su familia para establecerse de manera definitiva en ese nuevo sitio, quedando sin razones de peso para querer regresar a su terruño.

Medellín, que es la ciudad de la cual se hace más énfasis, permanece con sus puertas abiertas para propios y extraños. Con el solo hecho de llegar a la misma no se triunfa, se trata de un proceso de adaptación y acomodación, lo cual también requiere su tiempo. Se trata también de esforzarse cada día, por querer ver realizados los sueños. Hay que esperanzarse en que todo puede llegar a ser mejor, lo cual se logra a través del esfuerzo y la lucha constante.

Es más factible que la vida te sonría, si te inscribes en sueños sanos y realizables. No podemos olvidar que el racismo existe en Medellín y en todas partes, pero es menos factible que aflore a tu alrededor, si te inmiscuyes en actividades bien intencionadas, es más fácil que con tinte racista le digan a una persona negro ladrón, porque se encuentra en corrillo, en el centro, a la salida de un centro comercial o un almacén de cadena, echando ojos para todas partes, que si se encuentra en corrillo trabajando construcción, vendiendo frutas en una carreta, repartiendo volantes en los semáforos o aun así estando solo, pero digamos que realizando actividades que dignifican al ser humano como lo es el trabajo juicioso, por ejemplo. Con lo inmediatamente anterior no estoy haciendo apología al racismo, estoy dando ideas para hacer más apacible este flagelo con el cual nos azotan a todos en todas partes.

Termino diciendo que los negros no somos ingratos, porque no somos omnipresentes, la omnipresencia se le debe solo a Dios, por lo tanto, no podemos estar en todas partes a la vez.

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación. 

 

 

*Fotografías: Robinson Mena Martínez.