Martes, 02 Abril 2019

La falsa dignidad de los hombres negros

Quieren los títulos de nuestras luchas políticas sin darle un golpe a la tierra por el simple hecho de ser hombres, quieren el reconocimiento por lo poco que hacen en las relaciones sexo-afectivas por ser hombres.

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Por: Fares Montaño*

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Quieren parecer aliados del feminismo negro pero jamás negociar sus privilegios ni ponerlos a favor, aparentan bajo una máscara un discursillo muy pro-black construido desde una falsa dignidad negra por ser hombres: por ser negros. 

 

 

Escuché al James Brown de 1976, hablar a través de su canción “woman” de las cosas y situaciones habituales que  construyen  a un hombre que ha escogido una mujer para estar a su lado, supongo, asumo, que era algo muy personal, puedo recordar exactamente estos planteamientos y luego las respuestas por él mismo: “¿Qué hace a un hombre...? -  ¡Una mujer!, lo dice tres veces con absoluta seguridad, no siendo suficiente la responsabilidad asignada de “hacerlos”, asegura: “ella hace que un día nublado parezca brillante, ella cambia una pesadilla en la noche más brillante” y añade la cereza del pastel: “you know, ella hace que los problemas parezcan más o menos, ella puede convertir una dificultad en algo fácil para cruzar… ningún hombre en el mundo jamás, podría soportar los dolores (para esto estamos nosotras), ella nunca le permite saber (a su hombre) cuando se siente mal y ella sonríe cuando se siente triste, ella sabe cual es su lugar, ¡JUSTO AL LADO DE USTED!” (dirigido a los demás y negándonos la posibilidad de mostrar los sentires y emociones para no causar incomodidad).

 

Yo no tengo idea mientras aún no nacía, qué pasaba en el mundo en 1976 respecto a hombres negros y mujeres negras, pero estoy segura que las que me antecedieron soportaron tanto y se negaron tanto, que dieron todo a sus hombres y ellos se quedaron con el reconocimiento de su construcción, ¿sabes?, un poco de amor incondicional falonegrocéntrico. 

 

 

De modo que, podría decir con certeza que el Brown de ayer y siempre, al igual que muchos de mis hermanos de hoy, están aún, después de tanto tiempo replicando estos conocidos discursos muy problack donde desean ser reconocidos en todos los espacios con todos los títulos amparados bajo la ley del mínimo esfuerzo solo por ser hombres y además por ser negros. Claro, yo no quiero desconocer que las masculinidades también vienen contaminadas por este sistema patriarcal heteronormativo vigente, donde a cada uno se nos ha asignado un rol: mujeres al lado de los hombres sosteniendo el cielo con las manos para que no se caiga (adagio africano) porque la política y el amor será falonegrocéntrico o no será, además no tenemos cómo crear una dignidad dentro de esta comunidad racializada sino es permitiendo que ellos den un paso al frente en representación de todo lo que nosotras hemos construido para ellos, así que nos limitaremos a sonreír y decir que nada ha pasado, que nada nos corresponde. 

De ahí, si actualmente damos una mirada profunda a lo que sucede a nivel político dentro de la comunidad afrodescendiente, nos encontramos con estas luchas particulares donde los hombres negros demandan constantemente los títulos de aliados de los afrofeminismos que lideran las hermanas; no por hacer, sino por ser, siendo lo primero lo más importante y considerando lo segundo un recurso al cual tiene acceso por su falo.

Hombres cuya fragilidad masculina recae en que sus privilegios no pueden ser señalados ni se les puede pedir que los pongan a favor de las mujeres que llevan años haciendo camino porque para ellos significa perder; aún dentro de un sistema capitalista patriarcal que también les afecta.

Luego si miramos las instituciones y colectivos destinados a nosotros en Colombia, hallamos unas estructuras con una cultura organizacional donde tienen a las mujeres en la parte más baja trabajando para que solo lo categorizado como masculinidad ocupe los espacios de poder y se queden con todo el reconocimiento aún cuando no les pertenece. Por último tenemos estos vínculos sexo-afectivos o carentes de afectos y empatía entre hombres y mujeres desde la heteronorma que deja ver a un montón de mujeres negras que no se sienten bien amadas, o se sienten constantemente usadas, o no se hallan en su propia feminidad debido a que deben sostener una relación porque para esto fuimos criadas, ya saben, nuestras abuelas, tías, primas, madres aguantaron todo...nosotras también. 

 

 

En otras palabras, la falsa dignidad de los hombres negros en Colombia parte del hecho de todo lo que demandan de las mujeres a su alrededor es para únicamente su propio beneficio, alimentar sus egos y acomodarse títulos, no puedo dejar de pensar en las veces que he sido testigo en la vida de muchas mujeres cuyos compañeros que las escogieron para la vida, son “talentosos” hombres en espacios de poder, se les puede observar en los escenarios mostrar esos brillantes discursos muy políticos, muy afrocéntricos, pero a puerta cerrada los cuerpos femeninos que han comprado son un saco de boxeo y/o el objeto donde pueden descargar toda clase de violencia, así que, así vamos con estas falsas dignidades que piden que se les reconozcan como aliados.

Bien recuerdo el día que los hombres negros se organizaron para hacer una persecución abierta a las feministas negras en el territorio nacional y nos llamaron por “alias” además que dejarnos saber que el único argumento era: que la existencia de las mujeres afrofeministas eran un cuerpo absolutamente carente de toda disciplina, control y violencia política por no guardar silencio, por no poder comportarse según los mandatos patriarcales. 

Por último, cómo hallamos la forma de estar a salvo de estas falsas dignidades que se presentan como la panacea de lo afrocentrico pero que son una caída al abismo sin posibilidad de que la víctima sobreviva, cómo hacer para desmentir aquel proverbio africano que dicta sobre aquella situación en donde: “si las mujeres bajan los brazos el cielo se cae”, cómo hacemos para que entiendan y entendamos que la responsabilidad es bidireccional y no unilateral, que las mujeres merecen ser reconocidas en sus luchas y en el fruto de su trabajo, que el cielo debe ser sostenido por ambas partes y no solo por las mujeres, finalmente si ellas solas lo sostienen y fracasan ellas mismas serán las culpables de ser lapidadas porque ellos nunca fueron capaces de subir sus manos y ser partícipes. Aun si al final las mujeres tuvieran con acertividad el todo, lo absoluto, lo insostenible algún falso en dignidad se quedará con un reconocimiento que no le pertenece, porque el amor, la política y las luchas serán falonegrocéntricas o no serán. ¿sería mejor dejar caer el cielo?

 

*Fares Montaño David: Líder del proceso organizativo ENNyE, activista, afrofeminista, defensora de derechos humanos - Amnistía Internacional.

 

 

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 *Fotografía: cortesía.