Miércoles, 03 Julio 2019

Julissa Mosquera: Una líder social incansable

Julissa es oriunda de Quibdó, capital del departamento del Chocó, es consejera distrital de comunidades negras y madre de 4 hijos. Su ardua labor por ayudar a los demás es lo que hoy en día le permite ser quien es. Julissa es una sobreviviente, la víctima, según ella, se quedó en el Chocó.

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Por: Valentina De la Hoz

Estudiante de Comunicación Social - Periodismo

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Julissa Mosquera Murillo llega al Kilombo Yumma, ubicado en el Centro Local de Atención a Víctimas, allí es conocida como la matrona al Kilombo. Trae en su cabeza un turbante con colores y sus candongas plateadas hacen juego con su maquillaje. Su mirada es expresiva y su manera de hablar resulta interesante. Aquí empieza la historia de una mujer que hoy en día demuestra que las cicatrices del pasado pueden ser las oportunidades del futuro y que vale la pena perdonar para sanar.

 

 

En el año 2006. Julissa culmina sus estudios en Bogotá y está recién casada. En su retorno al Chocó comienza a trabajar con una organización todo lo relacionado con empoderamiento a jóvenes y mujeres del Pacífico, quienes, según ella, todavía son mujeres sometidas. Todo esto resultó convirtiéndola en ‘la piedra del zapato’ para los grupos armados al margen de la ley. Las amenazas no demoraron en llegar, pero Julissa hizo caso omiso a eso.

En el 2010 llega un panfleto en el cual se le dan 24 horas para salir del Chocó, pero nuevamente, ella ignora la petición. En abril del mismo año, la organización se encontraba planeando algunos eventos para los niños de la mano de las madres. Alguien les informa que les van a hacer una donación pero que solo puede ir Julissa a recogerla.

Una mujer que había entrado a la organización hasta hace poco acompañó a Julissa a recoger la donación. En el trayecto, a las afueras de Quibdó, le pusieron una capucha en la cabeza. “Esta es la sapa, la lambona” fueron tan solo algunas de las agresiones verbales que recibió. La mujer que la acompañaba se había infiltrado en la organización y se convirtió en cómplice del secuestro.

Cuando llegaron a algún lugar de la zona, se encontró con una de las escenas más difíciles de asimilar: su hija menor estaba en el lugar también. Escucharla llorar tan solo avivó su impotencia. Las personas encargadas de su secuestro pusieron audios de su hija llorando para hacerle creer que la estaban torturando. El secuestro duró 5 días, los cuales, según Julissa, han sido los días más largos de su existencia.

 

Además de todo lo anterior, Julissa estuvo 4 días en coma, cuando abrió los ojos se encontraba en el hospital San Francisco de Asís. Los médicos se preguntaban ¿cómo hizo para resistir tanto? Ella atribuye eso a su fe y a su responsabilidad de madre.

 

 

Su llegada a Manizales fue con la esperanza de evitar que la situación empeorara, pero allí, estuvo a punto de ser víctima de un atentado. La propuesta siguiente fue salir del país. A lo cual, se negó rotundamente por no dejar a sus hijos, madre y hermano. Dos actos de suicidio son tan solo algunas de las secuelas que dejó este fatal hecho.

Después de esto, Julissa tomó la decisión de vivir en Bogotá. Llegó a la localidad de Antonio Nariño, específicamente al barrio Policarpa, esperanzada, llena de ilusiones, de comenzar de cero y con muchas ganas de seguir con la misión por la que llegó a este mundo: ayudar a los demás.

El proceso de visibilización de la comunidad se conviertió en lo primordial. Julissa es una de las creadoras de la primera mesa afro de la localidad. También es Consejera Distrital de Comunidades Negras desde hace 3 años y dentro del proceso debe trabajar de la mano con entidades del distrito y salir a la defensa de los afro.

 

 

Detrás de esto, empieza a nacer en un proyecto con la medicina ancestral como una forma de poder sanarnos desde nosotros mismos y desde el contacto con la naturaleza. Los kilombos nacen de un grupo de mujeres -la mayoría víctimas del desplazamiento forzado- como una forma de sanación.

Julissa encuentra en el teatro el complemento para su vida y la reconciliación. En su recorrido por esta nueva experiencia conoce y empieza a trabajar de la mano de la actriz y activista Alejandra Borrero. En 2016 nace ‘Victus’, una obra de teatro que explora a través del cuerpo y de la imagen el conflicto armado por el que ha pasado nuestro país. La obra reúne en un mismo escenario a víctimas civiles, militares y policías en retiro, ex autodefensas, ex guerrilleros de las FARC y ELN.

  

El proceso de reconciliación para Julissa no fue fácil, pero tampoco imposible. Reencontrarse consigo misma le permitió levantarse de nuevo. Cada cicatriz en su cuerpo solo le recuerda que es una mujer luchadora y que sí es posible comenzar de cero.

 

 “Mis cicatrices solo atestiguan que yo he vivido” – Julissa Mosquera.

 

 

 *Fotografía: Cortesía.