Martes, 31 Julio 2018

Inis, alegría que viene desde el río

Inis Jhoana Mosquera Reyes, cuyo nombre en gaélico significa que “trae alegría” y “desde el río”, es una sobreviviente de la masacre de Bojayá que presta servicios de aseo en la UdeA y que cada tarde, después de su jornada laboral, acude a estudiar a la Biblioteca.

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Por: Pablo Muñoz – UdeA Noticias

Periodista 

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Desde noviembre del 2017, Inis trabaja en servicios generales en Easyclean, empresa que presta el servicio de limpieza a la Universidad de Antioquia. Pese a no estar vinculada ni laboral ni académicamente con la Institución, para Inis haber llegado de alguna manera a la Universidad ha sido uno de sus sueños cumplidos. Con la sonrisa que caracteriza a las mujeres afrocolombianas, presume de aprovechar al máximo su paso por la Alma Máter.

Inis Jhoana Mosquera Reyes nació en Apartadó hace treinta y cinco años. Allá creció como la cuarta entre cinco hermanos. Su padre era productor en una finca bananera y su madre trabajaba en el casino de la finca. Del lugar se fueron desplazados por la violencia.

“A todos nos reunían y llamaban a lista con nombre propio. A las personas que llamaban se las llevaban y luego las encontraban muertas”, recuerda la escena que tuvo que presenciar en repetidas ocasiones a sus escasos doce años, cuando su familia se vio obligada a huir para refugiarse en la vereda Briceño de Vigía del Fuerte, un inhóspito caserío de dieciocho casuchas ubicadas a la orilla de río Atrato. 

Con todo tipo de esfuerzos y dificultades, Inis terminó la escuela y un par de grados del bachillerato, alternando su estadía entre la parcela que logró adquirir su padre en Briceño y una casa de unos amigos en Vigía del Fuerte. A pesar de todo, asegura, tuvo una juventud feliz. Inis cuenta que en Vigía, el río es el lugar de encuentro, no solo porque allí se reunían a lavar la ropa, a bañarse, a jugar, sino también a coquetear con los muchachos. 

 

 

Ya entrada en la adolescencia, se convirtió en una mujer vanidosa y para no arruinar el esmalte de sus uñas, dejó a su madre la tarea de sacar brillo a las ollas con arena. Ansiosa de conocer el mundo, a sus 16 años dejó la casa materna y regresó sola a Apartadó, donde pretendía seguir estudiando el bachillerato, a la par que trabajaba aseando casas de familia. Lo primero no se pudo, así que dedicó su tiempo a lo segundo.

La lejanía de la familia y la falta de afecto la llevaron a enamorarse pronto. El amor ciego la llevó a quedar en embarazo, situación que se volvió compleja cuando su novio rehusó a ser el padre de la criatura que venía en camino. Decidió entonces regresar al seno materno, buscando dar a luz con tranquilidad y rodeada de sus seres más queridos. Pero el destino le tenía reservado otro trago aún más amargo.

Después de la felicidad de ver reunida la familia en la casa que con mucho esfuerzo había construido parcialmente su padre, Inis, con un poco más de ocho meses de embarazo, llegó a tiempo a Vigía del Fuerte para presenciar cómo, el dos de mayo del 2002, las fuerzas armadas guerrilleras y paramilitares tomaron por trinchera la casa, justo detrás de la escuela, que también fue destruida.

 

 

El hogar de esta familia fue paso obligado de los combatientes que durante setenta y dos horas de terror destruyeron la vida de las comunidades de Vigía del Fuerte y Bellavista de Bojayá. Fue la incursión y enfrentamiento entre guerrilla y paramilitares más violento de la historia reciente del país, que cobró la vida de ciento diecinueve civiles, entre ellos cuarenta y tres menores de edad.

Inis resistió el asalto bajo la cama donde cayó desmayada, después que hermanos y padre levantaran el catre para hacer que cupiera la barriga de casi nueve meses de embarazo. Sólo pudo salir de ahí al día siguiente, después de la barbarie, para subir en una chalupa que la llevaría a la ciudad de Quibdó, donde estuvo refugiada por unos días mientras la familia se recuperaba del asombro.

 

 

Como consecuencia de la masacre, la familia de Inis se desintegró. La madre permaneció alojada con las hijas menores en Apartadó, y el padre regresó con los dos hermanos mayores a intentar recuperar en Vigía del Fuerte, lo que por años y con tanto esfuerzo habían construido. Mientras estaban en esa tarea, un comando paramilitar reclutó a uno de los jóvenes, quien años después le contaría a Inis que estaba cansado de hacer una guerra ajena y estaba feliz porque pronto haría parte de una desmovilización masiva. 

Después de la desmovilización, ese excombatiente pasaría a engrosar la lista de las víctimas fatales de quienes no aceptan la reinserción a la sociedad de jóvenes que por muchas razones, en este caso el reclutamiento forzado, han empuñado un fusil para hacer la guerra.

Poco después de este suceso, Inis emprendía de nuevo el viaje para llegar a Apartadó, donde se albergó en casa de su hermana. 18 días después de la masacre nació su hijo, Iván Andrés. Gracias al deseo de luchar por él, Inis asegura que volvió a nacer.  

Una nueva oportunidad

La adversidad formó en ella el carácter necesario para emprender una lucha más fuerte de las que ya había sorteado. Sin haber nunca puesto un pie en la ciudad, esta madre soltera viajó a Medellín con su pequeño hijo en sus brazos.

Tras años de trabajo y después de pasar por todo tipo de esfuerzos, en la actualidad, Inis estudia dos técnicas en el Politécnico Mayor: Asistente Administrativo y Hotelería y Turismo. Además, después de validar el bachillerato, estudió Tecnología en Gastronomía en el Sena. 

Tras cumplir cada día sus funciones como aseadora del bloque 16, las que lleva a cabo entre las seis de la mañana y las tres de la tarde, esta alegre mujer se va a la biblioteca Carlos Gaviria Díaz, para realizar las tareas que le han dejado el domingo en el Politécnico.

 

 

Diana María Chalarca, bibliotecóloga en la Universidad, quien cumple funciones de asesora académica del Sistema de Bibliotecas, recuerda la primera vez que vio a esta mujer, a quien advirtió un poco perdida. Su decisión fue acercarse y ofrecerle ayuda. Inis le dijo que necesitaba un computador para visualizar unos archivos sin sospechar que, desde ese momento, la funcionaria se convertiría en uno de esos ángeles que le han guiado el camino. 

Diana no solamente le facilitó el equipo, sino que le recomendó sentarse al lado de su escritorio para darle las recomendaciones necesarias. “Ojalá todos tuvieran esa iniciativa de superarse un poco más, y con toda seguridad que aquí estamos todos dispuestos a ayudarles”, aseguró.

En la actualidad, Inis vive en un barrio periférico de Medellín con su hijo adolescente, Iván Andrés, su mayor tesoro, quien cursa noveno grado y se prepara para hacer parte de la Universidad de Antioquia.

 

Este texto fue publicado primero en el sitio web de la Universidad de Antioquia www.udea.edu.co 

 

 *Fotografías: Juan Pablo Muñoz.