Miércoles, 21 Junio 2017

Hay oro entre la pobreza

 

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Por: Yessid Palacios Martínez

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En la ciudad de Rio de Janeiro compitieron por un país, 6 almas que llevan colgando en sus cuellos un metal, una presea, una ilusión, una etnia y tristemente mucho abandono, racismo y discriminación.

No encuentro más palabras para describir la heroica actuación de nuestros compatriotas afrocolombianos, al día de hoy en los Juegos Olímpicos de la hermosa ciudad brasileña, debido a que, con sus triunfos y actuaciones, más que llenar de alegría un país, contribuyeron de manera apoteósica a la reivindicación de nuestra etnia.

Yuberjen Martínez, Caterine Ibargüen, Oscar Figueroa, Yuri Alvear, Íngrid Valencia y Javier Mosquera nos brindaron la ansiada gloria que pedía a gritos un país lleno de dificultades sociales, políticas y económicas. Cada uno en disciplinas diversas, pasando desde el levantamiento de pesas hasta el salto triple, con personalidades e historias de vida con sus propias particularidades, pero unidos por una etnia discriminada, oprimida y rezagada por las élites del país a un segundo o hasta tercer plano.

Esas élites son las mismas que una vez que uno de los nuestros gana una presea olímpica, salen con el pecho en alto y la frente recta sin ningún tipo de vergüenza, a celebrar y bañarse en las cálidas pero hipócritas aguas del oportunismo, personas que lanzan expresiones como: “si uno pone a trabajar a los negros se agarran de las greñas”.

Esas mismas élites prometieron un coliseo de alto rendimiento para la preparación de los pesistas del país, pero nunca lo cumplieron. Esas mimas oligarquías no tuvieron voluntad política para sacar adelante en el Congreso de la República la Ley del Deporte, aunque aun así están orgullosas de los logros ajenos a su gestión. Todas estas y más, hacen parte de las grandes ironías que vive a diario nuestra querida seudonación.

Ahora bien, estas conquistas representan un escenario perfecto para sacudirnos, unirnos y adquirir una mayor identidad étnica, para poder reclamar lo que nos merecemos. Invito a todos los afrocolombianos a que alcen la voz con orgullo de su etnia, en honor a estos 6 grandes, como también en todos los que anteriormente triunfaron y los que triunfarán mañana, porque somos grandes y lo seguiremos demostrando.
Por todas estas razones yo estoy feliz y agradecido con estas 6 almas y todas las que nos representan, trabajando con las uñas en un país, desigual  con muy pocas oportunidades y apoyo para hacer lo que todos quieran hacer, sin ningún tipo de limitaciones, más allá de las que tú mente te imponga.

GRACIAS, ¡MUCHAS GRACIAS VALIENTES!


 
*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.