Viernes, 16 Junio 2017

Entre balas y sueños, nace Esperanza

Como en Medellín no hay ríos para pescar yo estoy pescando con los pies.

Esperanza Perea

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Andrés F. Guaraca

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Como su nombre lo indica, Esperanza Perea López no se dejó vencer por el miedo que dejaba la guerra en el Municipio de Vigía del Fuerte a  pesar de haber sido desplazada en tres ocasiones. Ella es una madre cabeza de familia,  alegre, amorosa, emprendedora y una guerrera amigable que decidió ganarle a la violencia  sonriendo, creyendo en su talento y ahora emprendiendo un sueño que es fortalecer su empresa de calzado en crochet en la ciudad de Medellín.

Vive en el barrio Santa Cruz de la comuna dos de la ciudad, hace dieciséis años llegó de Vigía del Fuerte para recorrer las calles, casas y almacenes en búsqueda de enamorar con sus productos a todas las personas de la capital antioqueña. Su larga trayectoria de once años en el mercado y en la elaboración del calzado le han permitido tomar decisiones que hoy por hoy le permiten soñar. Esperanza,  con la dulzura y amabilidad que la caracteriza, decidió creer en sí misma, y en  la esperanza de consolidar su empresa para ayudarse económicamente y generar empleo a madres cabeza de familia.  

“Yo soy madre de seis hijos, y me he considerado esa madre alcahueta de siete nietos. Vine a Medellín siendo víctima del conflicto armado en Vigía del Fuerte en tres veces. La primera vez me desplacé hacia Medellín, la segunda a Quibdó y por último me devolví a la ciudad antioqueña en el 2012. Catorce años es lo que llevo de estar separada, y no podía quedarme con las manos cruzadas. Cuando llegué a Medellín, una señora llamada Gloria me enseñó el arte tejer, a pesar de saber un poco y en esas estoy, innovando con mis productos de calzado, vestidos y demás cosas que me permiten soñar”. Dice Esperanza.

 

 

Sus zapatos, sus tejidos, la creación innovadora le ha permitido llegar hasta Colombiamoda con la ayuda de Crisálidas, emprendiendo sueños,  una marca  desarrollada por la Unidad Municipal de Atención y Reparación a las Víctimas, que le permite soñar a la población afectada en comercializar, impulsar sus productos y servicios con sus propias marcas.  Según Esperanza,  ha estado en dos ocasiones en colombiamoda, algo de gran ayuda para darse a conocer a nivel nacional e internacional.

“En estos eventos fui expositora con mi calzado Jhalis. Las personas que nos visitaban quedaban encantadas, personas extranjeras y de diferentes regiones del país, gracias al señor me fue bien, ellos quedaban satisfechos con los productos y algunos me han comprado uno que otro zapato para enviarlo al exterior” señala Esperanza.

Su vida ha estado siempre en el comercio, mucho antes de venirse a la ciudad, en su pueblo tenía un pequeño taller de confección donde se le medía a todo lo relacionado con la innovación de vestidos y demás, por eso, con esa experiencia, Esperanza, también crea vestidos en crochet para primera comunión y de igual manera vestidos de baño. Esto, según ella, le ha permitido darle estudio a sus hijos y sacarlos adelante y de ese modo ayudarse económicamente como también generar empleo para algunas madres cabezas de hogar que trabajan con ella cuando tiene muchos pedidos.

 

 

Esperanza es  una mujer empírica con alma de diseñadora que sueña con cosas grandes. Realizó sus estudios hasta el bachillerato, pero sus creaciones la hicieron consagrarse como una tejedora hábil y experimentada. “Los tejidos vienen de nuestros ancestros, porque las personas mayores nos enseñaron a tejer, no soy estudiante, soy bachiller, no estudié diseño, pero aprendí empíricamente”, dice Esperanza mientras sonríe  y exhibe sus zapatos en crochet.

Los zapatos hablan por sí solos, como dice Esperanza, o “Espe” como la llaman sus hijos y nietos, “son los únicos en el mercado con una garantía de cuatro meses, también con diseños exclusivos y con elementos resistentes. El calzado en crochet es elaborado con materiales para la pesca, de ese material se hacen redes. Y como en Medellín no hay ríos para pescar yo estoy pescando con los pies, y ha gustado mucho”. 

 

 

Al ver la buena aceptación de su calzado y vestidos, decidió montar un negocio en el Centro Comercial San Antonio, local 148, donde se encuentran todas sus creaciones, allá tiene varios estilos para que las mujeres y hombres se vean elegantes, innovadores y bien presentados, porque según ella, “es un calzado que donde uno camine, todo el mundo lo reconoce, lo admira, lo observa por ser un producto raro y nuevo en el mercado”.

Basta tres o cuatro horas para que ella teja algún estilo y poco a poco sus sueños, porque una de sus grandes metas para seguir creciendo empresarialmente, es ser exportadora. Ahora quiere dejar a un lado los recuerdos dolorosos que alguna vez le produjo la guerra, mientras hila lazos de amistad con Dios y con las personas que alguna vez la desplazaron de su tierra. “Para establecer lazos de  amistad, sería con nuestros enemigos, para andar tranquilo por las calles, para que nuestros hijos, nietos, parientes y amigos andemos libres sin dificultades, sin miedos”. Afirma Esperanza, que con una enorme sonrisa, demuestra que esa decisión que tomó de venir a Medellín fue la más acertada.

 

*Fotos: Andrés Guaraca