Viernes, 01 Diciembre 2017

"En el comer está el vivir"

"La alimentación es una función biológica vital y al mismo tiempo una función social esencial". Claude Fischler.

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Por: Leidys Valderrama*

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Hablar de la comida puede parecer un asunto simple y sin mucha profundidad, pero no, la comida y los propios alimentos hacen parte de esas estructuras sociales que los individuos han diseñado para relacionarse entre sí.

 

Desde la sociología se da relevancia a la alimentación porque la misma está relacionada con las formas sociales de existencia de cada grupo humano en particular, es decir; comer no es satisfacer una mera necesidad biológica, es también el reflejo de los códigos sociales a los que nos suscribimos como sujetos miembros de una cultura, de una etnia, de un género y de un estrato social, el acto de comer es además un resultado de las particularidades geográficas, condiciones que no son espontáneas, a través de la comida se trasmiten las reglas sociales de cada comunidad. Por otro lado el acto de comer además tiene que ver con la posición política que asume cada persona sobre su alimentación y su vida en general.

En el comer está el vivir es una frase popular que representa el amor de los chocoanos por la comida, para la gente de este pueblo comer es un acto político en sí mismo, por ello han llenado de espiritualidad la actividad alimenticia. Para los chocoanos comer es sagrado porque es el momento cuando mayor conexión se establece con los ancestros, en esta comunidad la comida tenía la obligación de unir a las familias, por eso se acostumbraba a esperar que todos los integrantes llegasen a casa para comer juntos y hacer de la comida un espacio para la trasmisión de los saberes, era así como la vida social de los chocoanos se desenvolvía alrededor del fogón, para ese entonces el fogón era de leña; esperar a los demás para comer también es la mayor muestra de amor en los chocoanos. Desde esta lógica grandes músicos y cultores chocoanos se vieron evocados a escribir la canción "por mi comida me hago matar", que habla quizá de un amor irracional por la comida, pero no es así, es un amor cimentado y medido desde la racionalidad.

Los mayores enseñan que cuando se van a recibir los alimentos se debe disponer la mente, el cuerpo y el alma para ello. Era muy fácil hacerse merecedor de castigo si se profanaba la hora de comer, expresiones como "la hora de comer es bendita" así lo demuestran.

La cultura chocoana ha estado obligada a vivir sin el desarrollo tecnológico de otras ciudades pero nada ha impedido que se desarrolle la cultura alimenticia como condición insalvable del bienvivir; fue así como los mayores ingeniaron formulas y técnicas de conservación para los alimentos, dado que en el Chocó no había energía no se podían usar neveras o refrigeradores, entonces la sal y ahumar los alimentos se convirtieron en una característica de la gastronomía chocoana, al igual que injerir los alimentos frescos, elementos culinarios que perviven hasta el día de hoy.

Por esas mismas condiciones sociales los chocoanos le dieron a la comida el poder de resolverles los problemas o sin sabores que la estructura social del Estado le generaba, por lo anterior no todas las comidas de esta gastronomía se pueden comer todos los días, o a cualquier hora o por cualquier persona, debido a que la mística de la comida así lo impide.
Otros platos como los mariscos y pescados se fueron cargando de los estigmas raciales que sobre la gente afro se han construido, el arroz arrecho es un ejemplar de esa carga racista que atribuye a la gente negra un deseo sexual insaciable y voraz.

En la actualidad con los códigos de belleza que impiden el goce pleno de la comida, apelar a las categorías gastronómicas de la cultura chocoana puede ser una alternativa para vivir sin miedos ni remordimientos, entonces pudiéramos apelar a la idea de que lo que contamina no es lo que viene de afuera, sino lo que está dentro de nosotros, por eso reafirmo que en el comer está el vivir.



 *Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

 

*Etnoeducadora y Socióloga.