Martes, 07 Noviembre 2017

Eliminar la palabra “negro” en Colombia

Estamos en la colectividad del siglo XXI, en una Colombia que ha vivido negociando el destino del país, debido a los malos actos de períodos gubernamentales y las sublevaciones por parte de distintos sectores sociales.

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Por: Edwin Andrés Mosquera Sánchez
Politólogo

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En esta pugna, el ciudadano de a pie siempre ha sido la víctima principal, aportando mujeres, niños, afros, indígenas, mestizos y demás sabores y texturas que riegan las matas con la sangre de la guerra; lo anterior, para acotar solo un poco, sobre el licuado sinsabor que hoy se le denomina Estado Social de Derechos.

La formación de lo que hoy llamamos Estado Colombiano, bien o mal ha necesitado del aporte de las distintas etnias y culturas, en ello, el Afro-descendiente (como nos han categorizado políticamente), siempre estuvo ahí, realizando desde el forjamiento de este territorio el trabajo forzoso que otros no eran capaces de realizar, pero, si el afro no hubiese existido para realizar el trabajo duro que los indígenas no eran capaces de realizar, ¿Qué hubiesen hecho los españoles? ¿Quién hubiera trazado los caminos para el nuevo territorio? Claro está, el trabajo del afro no sólo fue desde este ámbito. Hubo negros que con garras lograron que se les reconociera su inteligencia y capacidad a través del destello de sus grandes destrezas y habilidades, pero en la sociedad colombiana siempre le tocó demostrar de lo que estaba hecho por partida doble: por ser hombre y por ser un hombre afro, en especial en las ciudades principales del país.

Muestra de lo anterior, es el reconocimiento que reciben hoy en día deportistas como Juan Guillermo Cuadrado, Carlos Sánchez, Duván Zapata y muchos más que dejan en alto el nombre de este país en materia futbolística, que cuando están en un buen nivel dejan de ser para la sociedad unos “negros” comunes y empiezan a distinguirles por su nombre. Aun en este escenario, disgusta escuchar a narradores de partidos de fútbol realizar un “halago” a estos jugadores, cuando realizan una buena jugada y ellos replican: “Mi negro” ¡Qué ofensa! ¡Respeto ante todo! Para muchos otros “negros” en este país, ese no es ningún cariño, simpatía o demostración de afecto por la cual sentirse orgullosos.

Por acontecimientos como estos y muchos más, surge la dicotomía entre los afros del país, que representan según el DANE, un 10,62% de la población, y sostienen la discusión nacional sobre sí dejarse llamar o no: negros.

También suelen llamarte “negro”, cuando transitas por la calle, cuando te atienden en un negocio, compañeros de la universidad y hasta en el mismo trabajo; te observan, no te conocen y lo primero que suelen decirte es ¡Ey, “negro”!, ¿Qué se le ofrece, “negro”?, ¿Cómo estás, “negro”? ¡Bien pueda pase, “negro”! Pero con los mestizos, mulatos, zambos y demás, no utilizan una palabra que se asemeje, según algunas personas, a su color de piel. Este tipo de actos o llamados hacia una persona afro, pueden ser contraproducentes para quien los emite, porque no tiene certeza de que la persona que lo recibe, le gustará o no que le llamen “negro”.  Aunado a ello, se escucha también decirle al afro: niche, prieto, mono ¡qué ofensa!, ¡cuánta indignación!

Ahora bien, para dar fin a este dilema, ¡Acabemos con la palabra NEGRO en Colombia! Que nadie utilice ese adjetivo para referirse a alguien, porque todas las personas tienen nombre, a menos de que en su cédula diga: Negro. Y si es que a todos los afros les van a llamar así, pues que ni los cedulen porque la sociedad ya les dio un nombre ¡pues seremos hijos de ustedes, atrevidos!

En Estados Unidos, está prohibido utilizar el adjetivo “nigger” (negro) en público,  pues es un término despectivo utilizado para referirse a la comunidad afroamericana. Si bien Estados Unidos ha tenido una historia de luchas más fuertes contra el racismo, como es el caso de Martin Luther King y los boicots a mediados del siglo pasado, allá han existido fuertes corrientes como el Ku Klux Klan con un altísimo sesgo racista, movimientos Neo-nazis y otras organizaciones que han sostenido la discriminación por cualquier tipo de consideración hacia el “diferente”. En Colombia, especialmente en sus ciudades principales, el tema de la discriminación racial, fundamentalmente hacia los afros, se ha convertido en el pan de cada día, esta se vive en las calles, centros comerciales, establecimientos públicos, privados, en el transporte y otros lugares. Incluso, en una universidad aparecieron grafitis de un grupo autodenominado Neo-nazi, empecinado en asesinar afro-descendientes dentro del claustro académico.

Cuando ocurren casos particulares de discriminación, el afro puede que concurra a denunciar, pero ésta poco se hace efectiva.

Se sugiere a partir de todo lo anterior, elevar a rango constitucional la prohibición pública y en todos los espacios, de utilizar el adjetivo “Negro”, para referirse o hacer un llamado a otra persona, debido a las repercusiones, discusiones y discordia que esto pueda generar. Esta prohibición, debe hacerse efectiva en las ciudades principales del país: Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena.

Ojalá naciera de aquí, un: Publíquese y ejecútese.



*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.