Miércoles, 21 Junio 2017

El pelo Afro, un tema enredado

*Fotografía de Soraya Palacios

El cabello Afro tiene trenzada una historia tan extensa, como los metros de pelo que se han maltratado, cortado u opacado. 

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Por: Mayra Bravo

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Pelo chontudo, pelo chuto, pelo de cuca o simplemente: pelo malo, son algunas de las determinaciones con las que la estereotipada sociedad se ha referido al cabello de la mujer negra. En un país como Colombia que tiene un total de 11.6 millones de colombianos afrodescendientes que representan el 27 por ciento de la población, el racismo es una situación que se vive a diario y utiliza formas tan sutiles que a veces ni se sienten. A las comunidades negras se les ha determinado por ciertos estigmas raciales, uno de esos el pelo y la forma de vestir.

 

“Dolía mucho, a mí me dolía, se me erizaba la piel, sentía escalofrío y mis ojos se empozaban luego de unos minutos de tener el alicer pellizcando mi cabeza, mejor dicho quemando mi piel, lacerándola, rasgándola. Suena trágico, para algunas quizás no lo sea, pero para otras el proceso de alisarse se convertía en una película de terror mensual”, asegura Soraya Palacios. 

 

Así como Soraya, una joven Afro de 21 años, estudiante de Comunicación Social en la Universidad Cooperativa de Colombia,  muchas mujeres afrodescendientes han pasado por el doloroso proceso de alisarse el cabello por querer lucir mejor, por obtener una mejor presentación personal para una entrevista de trabajo o para, según Soraya, seguir un patrón étnico ajeno. 

 

Soraya llegó a Medellín en el 2010, venía a terminar sus estudios de bachillerato, oriunda de Qibdó- Chocó, era su primera vez en la capital antioqueña, venía a cumplir algunas metas como jugar baloncesto, ser cantante y fotógrafa.

 

Soraya, recuerda aún el frasco de cristal con tapa café, donde su mamá embutía una grasa especial de olor fuerte, que preparaba con manteca negrita, vaselina simple y aceite de cocina, con la cual la peinaba para mantener su pelo brillante. Su madre la peinaba con el típico colero de dos bolas con el que muchas mujeres fuimos golpeadas en la cabeza de niñas, cuando sin culpa se soltaba una de las bolas. “Yo sufrí desde pequeña, primero por ese colero y segundo porque parecía Snoop Dogg”, me mira se ríe y agrega: “Nosotras las afro desde que nacemos estamos condenadas a sufrir por nuestro cabello”.

 

A los 15 años como es tradición en el país del divino niño, se pasa de ser niña a mujer. Muchos padres le celebran a sus hijas con una fiesta extravagante o una excursión por la cual ahorran prácticamente desde que nace la niña. En las comunidades Afro es diferente, se trata de otorgar un permiso. A la edad 15 años, más que pensar en la fiesta, las niñas desean que sus padres por fin les dejen aplicar el alicer en su cabello, dejar las trenzas a un lado, tener el cabello liso y así encajar por fin en el estereotipo social, anhelado. 

 

Cumplir 15 años significa dejar atrás el sufrimiento por no tener un pelo lacio y es el comienzo de uno peor, mantener un cabello liso a punta de químicos fuertes o extensiones costosas que alcanzan a superar un salario mínimo, un dolor de cabeza mensual, sufre la piel y sufre el bolsillo.

 

Cuando cumplió 12 años, Soraya sin el consentimiento de sus padres decidió alisar su cabello con un producto llamado TCB, a los días empezó a notar como su cabello empezó a desaparecer, pero este solo fue uno de los muchos productos con químicos fuertes con los cuales intentó mantener su cabello bajo estándares aceptables.

 

“Nunca se me va a olvidar cuando cumplí 15 años, yo ya vivía en Medellín. Para ese día compré extensiones, alicer y un tinte de color rojo. Yo no lloré con la esperanza de que todo ese dolor se iba a convertir en belleza”, me dice Soraya, mientras describe, con gestos, los dolorosos procedimientos. Ella padeció durante 7 años, la condena de ser linda o aceptada por la sociedad.

 

De acuerdo a una investigación sudafricana publicada en el British Journal of Dermatology en el 2007, hacer trenzas muy apretadas, especialmente cuando se combina con productos químicos para alisar el cabello, puede dar lugar a alopecia y acné severo en el cuero cabelludo.

 

“A mi me dicen manos mágicas, todo empezó por una apuesta”

 

Sus manos se mueven a una velocidad asombrosa, el pelo se va cruzando con gran rapidez y las trenzas van apareciendo mágicamente.

 

Nevis Niletta Salazar Ortíz recuerda cuando empezó a trenzar el cabello, a hacer sus primeras trenzas, al principio era como un juego de niñas. Con el tiempo se volvió una pasión, al principio, cuando apenas tenía diez años, Nevis trenzaba a sus compañeras de la escuela, una por una después de clases se llevaba un buen peinado a casa. A la edad de 14 años ya era muy popular en Apartadó-Antioquia, su pueblo natal, tanto así que llegaban a su casa personas para ser peinadas e incluso iban de municipios aledaños a cumplir una cita puntual con ella, pues desde pequeña a manejado una agenda estricta. “A los 14 yo ya era muy popular porque era muy joven y sabía hacer peinados, especialmente trenzas con figuras que en esa época era muy novedoso”, asegura Nevis.

 

https://www.instagram.com/nevis_salazar/

 

Las trenzas pegadas al cuero cabelludo o más conocidas como trenzas africanas se remontan al 3,500 a.C. En Colombia las trenzas están arraigadas a la tradición e historia Afrocolombiana, significan liberación. San Basilio de Palenque fue el primer pueblo libre de América literalmente, fue tejido con el pelo de sus mujeres. El camino a la libertad lo tejieron las esclavas de una forma muy particular: en su pelo, a través de las trenzas.

 

 

Como las mujeres no eran tan vigiladas podían husmear por los caminos que recorría el amo. Divisaban el paisaje, los ríos, las montañas y las tropas del ejército español. Y en su pelo tejían lo que veían, a través de mapas de huida en marañas trenzadas, delimitando los senderos transitados. De esta manera los esclavos, planearon la fuga, armados de lo que sería una brújula peluda, Así se escabulleron desde Cartagena por entre las faldas de los Montes de María hasta llegar al lugar donde hoy se levanta Palenque, como es conocido este corregimiento del municipio de Mahates (Bolívar), de cerca de cuatro mil habitantes, por eso es acertado afirmar que las trenzas representan un patrimonio cultural y ancestral dentro de las comunidades Afro.

 

“A mí me dicen manos mágicas, todo empezó por una apuesta en el barrio Obrero allá en Apartadó”, afirma Nevis con voz tímida. Según ella el apodo nace de una apuesta entre dos jóvenes negros, uno de ellos había dejado crecer su cabello para posteriormente trenzarlo, sus amigos incrédulos decían que era muy difícil que alguien lograra hacer una trenza en su cabello tan arisco, así que apostaron una trenza. Nevis ya era conocida por su capacidad de trenzar el cabello, así que el joven acudió donde ella y fue la única que logró hacer la trenza, desde entonces empezaron a hablar sobre la magia que tenía en sus manos. El joven ganó la apuesta y Nevis el apodo con el que es reconocida desde los 15 años.

 

 

Cuando YouTube se puso en marcha en el año 2005, las trenzas se convirtieron en una sensación en internet. Actualmente hay millones de videos en dicho portal que pueden ofrecer inspiración infinita en materia de peinados trenzados, aunque Nevis nunca necesitó instrucciones, pues sus peinados surgían de su imaginación y con cada persona que llegaba a su casa intentaba un peinado nuevo, así fue perfeccionando su técnica y velocidad.

Nevis no solo se hizo popular por su talento en Apartadó, a comienzos del 2008 cuando llegó a Medellín por una propuesta de trabajo, “yo me hice popular acá en esta ciudad también gracias a una anécdota” me cuenta Nevis con una sonrisa, ella peinaba a un amigo cantante, popularmente conocido como “Gagoman”, y en una de sus entrevistas en un programa de televisión de Antioquia, le preguntaron por su peinado novedoso y respondió que a él lo peinaba “manos mágicas” y fue un boom, su nombre tomó fuerza en Medellín, apareció en varios medios de comunicación y su clientela se multiplicó así como sus seguidores en Instagram. Actualmente su peluquería se encuentra ubicada en el Centro Comercial Pase de La Playa, en el local 234 y si por alguna razón olvida el número del local, ya sabe por quién preguntar.

 

 

Nevis tiene dos hijos, estudia Derecho y le gusta el metal, su banda favorita es Metallica y su hijo menor se llama Kurt Cobain. Su trabajo le ha permitido, así como a muchas mujeres Afrodescendientes quienes primero aprendieron a trenzar que a escribir, a salir adelante convirtiendo la tradición en una oportunidad de empleo, de trenzar un futuro, borrando prejuicios y dejando entrevisto que el “pelo malo” no es tan malo como lo tildan.

 

En Cali se realiza anualmente el Encuentro de Peinadoras y Concurso de Peinados Afro ‘Tejiendo Esperanzas’, organizado por la Asociación de Mujeres Afrocolombianas Amafrocol. El encuentro es un espacio donde se reafirma esta práctica ancestral como una de las manifestaciones culturales más importantes de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, al mismo tiempo que se asume como un espacio político, de identidad étnica y que reivindica una estética propia frente a los modelos eurocentristas de belleza. Así como el foro ‘Nuestro Cabello, Nuestra Resistencia’ y el ‘Encuentro de Afrudas, Chontudas, Peliquietas y Afro-rizadas’.

 

“El pelo es algo que a todo el mundo le gusta, todos quieren lucir bien y acá ofrecemos la opción de tener el cabello de sus sueños”.

 

Las trenzas no son la única opción de empleo que brinda el “pelo apretao”. Debajo de la estación Prado del Metro, se compra todo tipo de cabello, se vende todo tipo de extensión y se realiza cualquier tipo de procedimiento en el cabello Afro. 

 

María Nelly Chaverra es de Quibdó-Chocó y así como muchas mujeres llegó a Medellín desde los 13 años con el fin de iniciar su propio negocio. Al principio inició trenzando y realizando trabajo social en conjunto con un grupo de mujeres emprendedoras en un proyecto del gobierno de Alonso Salazar, pero después de realizar un curso extensivo en la Academia de Belleza Orly brindado por el Presupuesto Participativo, se dio cuenta que la técnica de coser el pelo y hacer pelucas le brindaría una mejor fuente de ingresos.

 

“El pelo es algo que a todo el mundo le gusta, todos quieren lucir bien y acá ofrecemos la opción de tener el cabello de sus sueños” afirma mientras sostiene en su mano izquierda un puñado largo de pelo humano lacio, de aproximadamente 30 centímetros, que en el mercado llega se paga a un precio entre 150 mil a 200 mil pesos y se vende al doble, “Muchas mujeres viven de vender su pelo, yo compro todo tipo de cabello el requisito es que no esté maltratado y que no tenga piojos” agrega María Nelly al tiempo que acaricia el puñado de pelo que será convertido en peluca o que posiblemente se pegará en forma de extensión con el fin de tener el pelo soñado.

 

El negocio de esta atrateña de 56 años se divide básicamente en dos tipos de clientas: las primeras dejan crecer su pelo para después desprenderse de él por una suma de dinero que les permita cubrir algunas necesidades económicas; las segundas dejan de cubrir algunas necesidades económicas para adquirir un cabello por una suma de dinero absurda. Las segundas buscan cumplir cánones de belleza, las primeras ven la “bendición” de haber nacido con un cabello lacio alejado de la estética, más bien lo ven como fuente de ingreso.

 

María Nelly vende todo tipo de pelo o producto que se pueda convertir en extensión, desde el pelo humano, el natural y el sintético, hasta el más económico como el Kanekalon, que es una fibra de resina resistente al fuego, y el pelo lana que cuestan entre los 8 mil y los 15 mil pesos. 

Su peluquería Adelin se popularizó tanto en la venta y compra de cabello que incluso ha llegado a comprar cabello de mujeres de La Guajira, que según ella son quienes tienen el mejor cabello, y hace envíos de cabello hasta el Chocó.

 

Ella conoce muy bien todos lo procedimientos para hacer una peluca, pegar una extensión o aplicar un alicer, también es consciente de lo mucho que se puede maltratar el pelo y el cuero cabelludo al someterse a estos métodos de belleza, pero afirma que gracias a la moda pudo sacar un negocio adelante.

 

Entre Chontudas es una asociación de mujeres Afro a la cual pertenece Soraya, que nace con la  filosofía de la aceptación del pelo Afro natural incluyendo todos sus tipos de cabello, no solo , busca que la mujer Afrodescendiente acepte su condición, su cultura y se reconozca ante la sociedad sin tener que cubrir u ocultar su naturaleza, sin tener que seguir patrones de belleza que cuestan mucho más que un valor monetario, que causan más daño que un simple maltrato al cuero cabelludo, patrones de belleza que oprimen a la mujer.

 

Soraya me pregunta: “¿qué pensaría si en la calle me llego a cruzar con un grupo de mujeres Afrodescendientes con su Afro al natural?”, la miro y realmente no sé qué contestar. “No es que esté de moda, o que no tengan dinero para comprar extensiones o aplicarse un doloroso alicer, dejarse el pelo al natural hoy para la mujer Afro es más que una moda, significa resistencia, hacerle frente al dolor que se padece en una peluquería, a la opresión del cabello, nosotras pertenecemos a una cultura que está en constante resistencia a una sociedad opresora”, afirma Soraya, luego de ver mi pelo, agrega: “para mí todo los tipos de cabellos son bonitos, no existe pelo feo o pelo malo, existe el pelo y ya”.