Lunes, 02 Abril 2018

El debate casa adentro y la Constituyente Departamental Chocoana

A través de una Constituyente Departamental se establecería una ruta de gobernabilidad yprogreso desde un mandato popular, cívico, político, étnico, ciudadano, plural y democrático que se convertiría en Ley de la República; entonces todos los gobiernos siguientes estarían comprometidos a cumplirle al Chocó y a sus gentes.

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Por: Yeison Arcadio Meneses Copete*

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Este breve y sencillo escrito lo inspiran noches de tertulias y pensares sobre la situación del departamento del Chocó. Los meses abril y mayo del año inmediatamente anterior estuvieron marcados por una fuerza creciente, que espero sea de concienciación y un nuevo tejido político regional, LA PRIMAVERA PACÍFICA, en los pueblos del pacífico; particularmente de Buenaventura, Chocó y Tumaco (poco visibilizada esta última). Al son de: “El pueblo no se rinde, carajo”, una consigna que se escuchó en diferentes artes del mundo bajo la voz del gran hermano músico y director del Grupo de Chirimía Rancho Aparte Dinko Manute, y que hoy ya inicia a recorrer Latinoamérica (Perú); se impulsaba el grito y las demandas contra el Estado colombiano por la salud, educación, el territorio, agua potable, empleo, proyectos de interés regional, desarrollo económico, crecimiento en infraestructura y vías. Miles y miles de personas afrocolombianas, indígenas y mestizas de la región y sensibles se levantaron en un paro cívico contra el abandono del Estado y del gobierno central actual en cabeza del Presidente Juan Manuel Santos Calderón, continuidad en términos estructurales del gobierno anterior del expresidente Álvaro Uribe Vélez. 

El notablemente rico departamento del Chocó vive contrastes que deberían motivar mucho más la reflexión de la academia y la ciudadanía. Aunque solo por motivos de la explotación aurífera y platinífera son miles de millones de dólares producidos; lo real es que lo que queda con la política del extractivismo es la contaminación de los ríos, deterioro en el tejido sociocultural, y sobre todo una destrucción al medio ambiente la cual tendrán que pasar décadas, bajo una intervención de recuperación decidida, para que se transformen en suelos productivos y se elimine la contaminación, que hoy tiene a madres lactantes con Mercurio en la leche materna. Pese a su riqueza humana y natural, por décadas el departamento ha mantenido una desproporción en su progreso cultural, económico, político y social respecto a ciudades como Medellín y Bogotá. Aunque hay que adentrarse más en este debate para las grandes ciudades dado que no es un progreso homogéneo. En fin, los paros cívicos se levantaron y los comités después de semanas de negociación dieron un parte de conquista al pueblo de forma dialógica. Llevaron los acuerdos y se dio apertura y lugar a las voces de la gente. Reitero, esta ha sido una de las marcas de ciudadanía que debemos sembrar en el corazón de cada chocoanx y en la mente de las nuevas generaciones, si pretendemos transformaciones radicales de nuestras realidades. 

Sin embargo, también se alzaron voces que sustentaban la necesidad de un debate interno, un casa dentro, puesto que hay una gran responsabilidad en la  clase política chocoana en la desesperanza creada en el Departamento. De modo que, para algunos antes que dar un debate nacional era necesario abrir la discusión en nuestras tierras con nuestra clase gobernante. En el momento, por otra parte, se consideraba necesaria la unidad política frente al debate nacional mientras el músculo de mentes pensantes, críticas, creativas y decididas crecía; pues por décadas he visto como el silencio y el silenciamiento triunfa en la mayoría de los coterráneos. Indudablemente, es necesario cultivar una verdadera ciudadanía, masa crítica, para enfrentar el reto de sepultar de una vez la corrupción que carcome gran parte de la clase gobernante del Chocó. Hasta donde vamos, casi un año después, parece que este debate está aplazado hasta una tardía nueva orden. Antes por el contrario, actualmente vemos como esa misma clase politiquera, corrupta y mediocre a la que le ha quedado grande nuestro terruño, que avergüenzan la chocoanidad por sus malos gobiernos y que no comprenden aún la complejidad potencial del Chocó para el progreso, ante las elecciones parlamentarias estaban en las calles haciendo de ciudadanos críticos y cívicos promoviendo un regionalismo o una identidad política regionalista que nunca crearon y menos tendrían autoridad moral para establecerla y apersonarla. Fueron estos mismos clanes que vendieron a los politiqueros y empresarios nacionales nuestro potencial progreso. Ellos sin capacidad de gestión y menos voz en el Senado. Los mismos de las casas de mil millones en Quibdó, los carros de 100 millones, al lado de la miseria que han creado. Pero, lamentablemente, se quedaron nuevamente con las curules. 

 

 

Hace unos meses, en pleno paro, decía: “La ciudadanía chocoana y chocoanista no puede permitir que politiqueros vuelvan a ponernos en la palestra nacional como sociedad corrupta y que merezca a estos dirigentes que han sepultado la esperanza. El levantamiento de los meses pasados debe ser el punto de partida para avanzar en los próximos eventos electorales, comunitarios, sociales y políticos. Debemos volver a repensar las razones por las cuales nos levantamos en meses pasados. Volver a sentar esta clase politiquera es legitimar la corrupción y mostrar nuestra complacencia con la pobreza, la miseria, la humillación, la vergüenza y la exclusión. El gobierno central simplemente podría decir: ‘no fueron capaces de cambiar su clase dirigente putrefacta’.  Sin embargo, los resultados de las elecciones parlamentarias evidenciaron que el trabajo a realizar en términos de cultura ciudadana y empoderamiento popular contra la corrupción toma mucho más tiempo. La representación actual, además de estar vinculada a escándalos de corrupción y el clientelismo, que podrían dejar huérfanas las curules regionales del Chocó; tampoco nos dan muestras de poder enfrentar con solvencia los debates que se vienen contra la región en términos del destierro a través de la violencia sostenida, la construcción de paz y los retos de las necesidades básicas insatisfechas que siguen intactos. Además,  permitieron reconocer la dificultad o incapacidad que habita a muchos líderes y lideresas que guiaron el Paro Cívico y parte de la clase política para construir alianzas, articular acciones y coincidir en propuestas fundamentales de región, desde y para la gente, que garantizarían, al menos, una voz en el Senado de la República. De nuevo, se acudió a la dispersión y a la individualidad, sin negar que algunos sí hicieron esfuerzos, y finalmente todos quedaron como decimos “chamusca’os”. 

 

 

Para finalizar, aunque comparto la idea de promover una nueva clase política, creo que esta debe salir de las fuerzas que han venido articulando el Movimiento Cívico, Organizaciones Sociales y Etnico-Territoriales, Sectores Académicos Progresistas, Sectores Campesinos, Sectores Políticos, Sectores Empresariales y que no están circunscritos a las mieles del robo del erario público chocoano. Es el momento de un gran debate interno con esta clase política que ha fallado en contra de su propia gente por satisfacer sus ansias de poder y condenarnos a la vergüenza y la humillación; para situar un gran pacto largoplacista, 50 años, con cortos y medianos plazos, que al son del clamor de la gente , la ciudadanía, se mantenga. Una gran confluencia que camine sobre unos ejes fundamentales para los 50 años siguientes.

Este es el momento que la clase dirigente muestre la voluntad política para articular acciones de avanzada que garanticen el bienestar de las mayorías y contener la avanzada del destierro que silenciosamente estamos viviendo. De modo que este gran pacto podría tener grandes focos: la defensa territorial; la productividad; el fortalecimiento y aprovechamiento del talento humano a través de la educación situada; políticas por el derecho al agua potable; fortalecimiento y organización de la sociedad civil; las mujeres como vértebras del progreso (vivir sabroso); recuperar la institucionalidad y la gobernanza; arrebatar a la politiquería la UTCH y articular las universidades co-existentes a las necesidades de fondo regionales, nacionales y de cara al mundo; el reconocimiento de la memoria chocoanista; el aprovechamiento económico sostenible de las riquezas naturales; soberanía alimentaria; empleo y oportunidades; el repensar de la cultura chocoana como empresa; la construcción de paz duradera; fortalecer el pensamiento transcultural y plurilingüe chocoanista, desarrollo empresarial regional; el fortalecimiento del ecoturismo; el aprovechamiento de las costas en ambos mares como opción de empresa y de bienestar para la seguridad alimentaria chocoana y con miras a exportación; el posicionamiento de productos regionales en mercados regionales, nacionales e internacionales;  etc.

Desde hace algunos años la Mesa Permanente de Diálogo Ampliada por la Re-composición de la Gobernabilidad del Chocó, de la cual participaba, ha planteado la Constituyente Departamental como una opción política y democrática para asumirnos responsables de la transformación positiva de nuestras realidades históricas. Este debate es urgente, antes de la metástasis chocoana. A través de una Constituyente Departamental se establecería una ruta de gobernabilidad y de vivir sabroso (progreso) desde un mandato popular, cívico, político, étnico, ciudadano, plural y democrático que se convertiría en Ley de la República; entonces todos los gobiernos siguientes estarían comprometidos a cumplirle al Chocó y a sus gentes. 

Yeison Arcadio Meneses Copete: Miembro del Colectivo Ampliado de Estudios Afrodiaspóricos, CADEAFRO. Magister en Educación de la Unviersidad Pontificia Bolivariana -Sede- Medellín. Doctorante en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos de la Universidad de Perpignan, Francia.  

 

 

 

 *Fotografía: Cortesía.