Martes, 30 May 2017

Como pez en el agua

Un saber ancestral, que es indeleble a las transformaciones y exportaciones en alimentos. Ahí es donde radica su atractivo y su riqueza gastronómica, casi establecido a esas mujeres que ponen magia en sus manos para enamorar a sus comensales.

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Por: Yuliana Mina

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La gastronomía colombiana es tan diversa como lo son sus etnias, culturas, música o biodiversidad. Y en medio de esas diferencias al estar rodeada por dos océanos, es inevitable que la comida de mar sea fundamental para la dieta del país.

Tanto en la costa pacífica como la atlántica la base es el pescado y los mariscos en todas sus presentaciones. Pero es en esta región que comienza en los límites con Panamá y termina en esa unión sociocultural con Ecuador, donde le da un plus por mezclar las riquezas del mar con lo afrodisíaco  que da la selva espesa que cobija a una región reconocida y catalogada por su sazón única al que casi ningún paladar se le resiste.



Una mixtura de colores, texturas, olores y sabores que brota de su tierra, sin necesidad de ser exportado de otro lugar y heredado de generación en generación desde aquellas épocas en que se asentaron en estos lugares, luego de abolirse la esclavitud  y decidieron aprovecharlo al máximo.

Es tal la mística en las preparaciones que pocos, aparte de ellos, conocen o llegan a tener la misma sazón; serán sus manos negras, sus risas resplandecientes que brillan a través de sus dientes blancos, el ritmo de su música y movimientos cadenciosos que no se pierden ni siquiera por tener unas cuantas arrugas o un paso lento.

“Para nosotros los afrodescendientes la cocina representa fraternidad” Miguel Antonio Abadía, uno de los chef más reconocidos del pacífico.

Fraternidad: esa palabra que a través de la historia, por los hechos que les ha tocado vivir, ha logrado que en el mundo entero se genere una especie de hermandad, donde cada evento relacionado con su cultura lo hacen con el toque de amor, porque al existir ese lazo familiar, siempre se va a querer lo mejor.



Lo cierto es que en cualquier ciudad se puede encontrar un restaurante con comida de esta región y siempre tendrá el toque secreto que la llevó al punto de ser catalogada como afrodisíaca, para según sus creadores, ayudar a potencializar las capacidades sexuales de los hombres.

Sea eso, su sabor, lo saludable de sus ingredientes y la mezcla entre el mar y la selva, sin perder su esencia a pesar de trasladarse a otro punto geográfico; convierten la gastronomía del pacífico como una de las mejores del país, solo que sin tener el prestigio que tiene por ejemplo la peruana. Sin embargo es una invitada esencial en todas los festivales gastronómicos del país y por supuesto una de  las más concurridas por sus visitantes.