Viernes, 09 Agosto 2019

La ancestralidad de las medicinas: una conexión con las raíces

Moravia, en Medellín, es un barrio cuyos inicios, en los años 50, se dan como una invasión en lo que llegó a ser el basurero municipal. Tras largas luchas y periodos de resistencia se constituye el sector como barrio, un espacio con gran población afrocolombiana, proveniente en mayor parte de Urabá, Córdoba y Chocó, como se puede apreciar en el sector “Chocó Chiquito”, quienes no dejan de lado sus raíces y tradiciones afro.

twitter
facebook

Por: Luis Alben Vélez Gómez, Gabriela Gómez Ossa

 

La mañana de aquel domingo en los inicios de agosto, comenzó como ya es habitual en medio del afán por lograr llegar a tiempo a un compromiso establecido, esta vez envuelto por la emoción de recorrer un barrio de tanta historia en la ciudad y aprender un poco más del mismo, es así como contra el reloj salgo de mi hogar rumbo a la estación Universidad del Metro, para emprender camino junto a algunas compañeras y compañeros directo al Centro Cultural del barrio Moravia.

 

En medio de mi carrera logré divisar a lo lejos el grupo, faltaba sólo una persona… Tras llegar y saludarlos, emprendimos el camino, en medio de las charlas escucho una palabra que en días anteriores había sido repetida por un compañero, de inmediato volteo y pregunto “Fredi ¿Qué es eso?”, su respuesta antes que aclarar algo despertó más dudas en mí, “Pipilongo”, me dijo y mi cara de sorpresa ante estas palabras fue pie para que él, un joven afro del Chocó enamorado de sus raíces y tradiciones, iniciara un acercamiento a lo que representa esta bebida para su comunidad, eso sí, para poder hablar de algo había que probar primero, por lo que las copas de esta deliciosa y tradicional bebida no se hicieron esperar.

 

 

Fredinson, de cariño “Fredi”, tiene 18 años, es un personaje carismático y alegre con quién había podido compartir previamente. Luego de servir unas copas para el grupo me mira una vez más, sus ojos se veían llenos de brillo y un reflejo de emoción por compartir un poco de sus raíces conmigo, quizá porque esta es una manera más de que puedan perdurar en el tiempo esos saberes y es reflejo del amor que tiene por sus ancestros y todo lo que representa su marca identitaria. Me dice “Mira compadre, esta gloriosa bebida la hacen mis ancestros, anteriormente ellos se tomaban su pipilongo en las mañanas antes de ir a la mina, así se calentaban el cuerpo para no enfermarse y soportar todo el trabajo porque todo el tiempo estaban en el agua”. Quedé sorprendido al escuchar esta historia, mientras sentía como el calor en mi sangre y cuerpo iba subiendo luego de unas copas, la curiosidad de quién conoce algo nuevo me llevó a preguntar ¿cómo se preparaba esta bebida?, la respuesta que recibí me dejó con más intriga y fascinación “El secreto completo no lo tengo, mi abuelo no me lo ha dado, pero el pipilongo es una planta, se le echa al viche y se mezcla con otras plantas más”, con esas palabras inicia mi acercamiento por las medicinas y prácticas medicinales de las comunidades afro.

 

La alegría era incontenible al pensar que aún sin llegar al lugar dónde comenzaría nuestro recorrido ya había aprendido sobre estas tradiciones y había probado una de sus bebidas tradicionales, que aunque con grados de alcohol por ser un destilado, contenía propiedades medicinales como por ejemplo, para evitar la hipotermia.

 

Al llegar al Centro Cultural de Moravia, vemos el resto de compañeras y compañeros, pocos minutos después se ve llegar a una mujer negra, de estatura imponente y engalanada por unas trenzas que adornaban su cabeza, llega donde nosotros a presentarse, su nombre es Yecenia Palacios. Ella es una lideresa de la comunidad y activista por los derechos de las comunidades negras en el barrio y para nuestro privilegio, era la guía del recorrido por Moravia. Tras dar unos breves pasos fue inevitable sucumbir ante el impulso de acercarme a ella para preguntarle si sabía algo de las prácticas medicinales tradicionales dentro del barrio, su respuesta casi que inmediata fue un rotundo “si”, lo que me llevó a indagar un poco más de estas prácticas y para qué cosas en particular las usan más.

 

Dentro de su respuesta se torna muy importante el momento en que expresa “Acá la gente no va al hospital ni nada, acá si alguien tiene algo va donde el que sabe, para que lo sobe, le ayude con el mal de ojo o le ayude con lo que necesite”, esto sólo me hacía pensar en la profunda conexión que tienen las personas de la comunidad con sus prácticas ancestrales que incluso dan prioridad a estas sobre la medicina occidental, como dice el viejo adagio “cuando el río suena, es porque piedras lleva” y si las personas se apoyaban tanto en sus formas ancestrales es porque funcionan, esto me llevaba sólo a querer conocer más testimonios y palabras sobre esto.

 

Pasando las primeras calles rumbo al sector “El Oasis” se evidenciaba la fuerza de la unión comunitaria y la resistencia de la población enmarcada dentro de varios muros, los cuáles gritaban resistencia, gritaban siembra, paz, buen vivir… Gritaban tanto que entre paso y paso fue una epifanía sentir que en todo aquello expresado por las paredes también se gritaba medicina ancestral, porque lo que veía y escuchaba de las personas era la resistencia contra un sistema que da pasos abismales y tacha de retrogradas e ineficientes las prácticas medicinales ancestrales de las comunidades afro (también de las indígenas), imponiendo un modo de ver, entender y tratar las enfermedades, una resistencia que se aferra a toda una cosmovisión milenaria que durante los años, las comunidades negras han llevado de la mano de plantas, bebidas, rituales y prácticas medicinales propias.

 

 

Al son del camino, Yecenia decide contarnos un poco sobre este barrio que desde las cenizas y los tugurios se ha levantado orgulloso y unido, nos manifiesta que a finales de los 50 inician los primeros asentamientos en la zona con personas provenientes de distintos lugares del país, en especial de Córdoba, Urabá y Chocó, al pasar los años aproximadamente para 1974 la Junta Administración Local decide instalar el basurero en la zona y se empieza a conocer a los habitantes del sector como “tugurianos”, cuya resiliencia ha sido tal que en medio del caos encontraron una forma de subsistir mediante el reciclaje, quienes recibieron gran apoyo de los procesos eclesiásticos del momento.

 

Con el paso de los años y luego de una resolución del Ministerio de Medio Ambiente, que obliga a las entidades ambientales a iniciar el cierre de los rellenos sanitarios a cielo abierto en el año 2004, la Subdirectora Ambiental del Área Metropolitana asume la función en el morro “El Oasis”, iniciando de esta manera un periodo de avances y retrocesos para la comunidad debido a las acciones administrativas de la Alcaldía y las repercusiones que han tenido en la población.

 

 

Luego de salir del barrio “El Oasis”, tuvimos el privilegio de pasar por la ruta de la esperanza y el jardín de Moravia, para llegar al sector “El bosque”, donde en medio de la cuadra se escuchaban los sonidos característicos del folclore afro provenientes de una barbería, al acercarnos en esta se encontraba un joven negro feliz con su música y esperando a las personas del barrio que se acercarían a recibir un corte de cabello, cuando Yesenia nos manifiesta que él es un líder de la comunidad y se destaca en el rescate de las raíces afro, se desata una avalancha de las personas del grupo para realizarle preguntas y conocer un poco más de él, de su trabajo y del patrimonio cultural afro. Con la paciencia que me caracteriza esperé tranquilo un momento en el que pudiese entablar un diálogo con él.

 

Al dispersarse el grupo tuve la oportunidad de acercarme a quién daría las puntadas finales en mi tejido de sentires frente a las medicinas y su conexión con la raíz identitaria de las comunidades afro. Algo que ya venía sonando en mí era la importancia de las plantas, por lo cual antes de iniciar las preguntas frente a las prácticas medicinales. Pregunté por la importancia de las plantas a lo que me responde “Parce, pues es que las plantas son parte de la vida misma, nos dan alimento, aire, en las plantas está también la historia de nuestra comunidad, por eso para nosotros la siembra es vital, es más, vaya mire el mural que hay abajo frente al parquecito de los niños”.

 

 

Vi que este personaje de apariencia fuerte y carácter firme contrastante con su apodo en el barrio “Shakira”, desde su reconocimiento como afro llevaba de la mano una conexión con sus ancestros y todo el legado que de ellos había recibido. Ya entrados en calor frente al diálogo de las plantas, él me da unos ejemplos de aquellas que son empleadas para situaciones comunes y cotidianas que como humanos podemos pasar, me dijo que para la fiebre era bendito el mata ratón ya fuese en pañitos o en baños, eso también ayudaba mucho a los niños a regular su temperatura, también me habló del uso de mentol con ceniza para fortalecer y apoyar el trabajo de los sobanderos ante los problemas de huesos, esguinces, fracturas, etc.

 

Además, me manifiesta palabras que en las distintas personas con quiénes tuve la oportunidad de hablar respecto a la medicina habían expresado, “Acá la gente si se enferma no va al médico, para eso buscamos a los que tienen el secreto, los viejos que conocen las matas, si acá alguien se quiebra un pie va donde el sobandero para que se lo arregle, si viene un bebé llamamos a las parteras; aparte de que son nuestras creencias, es también nuestra resistencia”. Esas palabras movieron mi alma, por todo ese amor a lo propio que transmitían, esa identidad marcada. 

 

Ante todo esto tuve una nueva duda, entonces decidí preguntar en dónde conseguían las plantas que usaban para las distintas enfermedades, la respuesta que me llevé fue “Pues las conseguimos acá en las tiendas de productos naturales; si son plantas que no se consiguen, las sembramos en las casas para poder usarlas”, esa respuesta para mí fue la cúspide en la resistencia y lo apropiado de las prácticas medicinales en esta comunidad.

 

 

Viendo que “Shakira” sabía bastante del tema decidí preguntarle por esa palabra que me llamó la atención desde el principio y que al probar deleitó su sabor herbal, entonces le dije “¿Vos qué sabes del pipilongo?”, las risas de su parte no se hicieron esperar y entre carcajada y carcajada manifestaba “Este man quiere es otra cosa”, en medio de la inocencia de quién no conoce, quise saber más, entonces me dice “Eso sirve para la frialdad”, con lo cual me manifestaba su uso para las situaciones de impotencia sexual, lo que explicó rotundamente sus carcajadas.

 

Al retornar al punto de inicio para despedir el recorrido, se sentía en el aire el llamado a sembrar, el impulso y deseo por conocer a los mayores, sabedores y sobanderos, y por qué no, ser un paciente que viva de primera mano la esencia mística de la medicina ancestral afro, al despedir el grupo sólo me llevo la conclusión y el sentir de la fuerte trascendencia que tiene para las comunidades afro su conexión con la tierra, las plantas y formas de ver, comprender y practicar la medicina. 

 

*Este artículo es el resultado del diplomado Contar lo Nuestro: Narraciones Ciudadanas sobre el patrimonio cultural inmaterial de las comunidades negras, afrodescendientes, raizales, palenqueras e indígenas de Medellín, un proyecto apoyado por la Alcaldía de Medellín en la línea de Movilización y participación ciudadana y certificado por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.

 

 

*Fotografía: Cortesía

Lea También

  • Mujeres: mucho más que un género

    ¡Seamos mujeres que brillan, mujeres que aprenden a prescindir de la valoración externa como alimento para sentirse grandes!

  • ¡Con tu participación, Medellín crece!

    La rendición de cuentas de Contralores Escolares reconoció la gestión de cada Contralor Escolar en sus entornos educativos y el impacto positivo que generaron a su comunidad.

  • Censo 2018: la invisibilidad estadística del pueblo afrocolombiano

    ¿Qué pasó con la población Negra, Afrocolombiana, Raizal y Palenquera en el Censo Nacional de Población y Vivienda 2018, realizado por el DANE?

  • ¿Quieres que tu emprendimiento esté en la Feria de Cali?

    Hasta el 15 de noviembre se encuentra abierta la convocatoria para que emprendimientos caleños participen en la muestra empresarial “Caleñidad hecha emprendimiento”, que busca visibilizar el talento local y conectarlo con potenciales clientes.