Lunes, 21 Agosto 2017

Hay que empacar la ropa en la maleta de viaje, pero también la historia

La interculturalidad es un fenómeno social que no acepta hegemonías regionalistas ya que éstas apuntan a la negación de la pluralidad.

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Por: Xiomara Tejada Tejada

Estudiante de Artes UdeA

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Medellín es una ciudad construida entre gigantes montañas que se extienden a lo largo del Valle de Aburrá y que se contrastan con el color naranja de las pequeñas casas y alargados edificios. Apodada como la eterna primavera, la ciudad naranja, la más educada y recientemente la más innovadora. Un territorio bautizado bajo el hábito del cura, trajinado en el camino del arriero, alimentado por el campesino y masacrado por la violencia. 

Algunos prefieren llamarla Medallo, término bastante cercano al parlache común de sus habitantes, otros más “intelectuales” la han llamado MedeYork, habría que visitar esta ciudad extranjera a ver cuál es el parecido, debe ser porque en las dos vende Nike, Adidas y CocaCola, en fin.  Medellín es la cuna de un gran número de pobladores y se ha convertido en el anhelo de muchos otros para vivir y emprender nuevas posibilidades, algo así como un sueño americano, que en palabras más criollas sería el sueño paisa.

El término paisa tiene una connotación social que trasciende la necesidad de nombrar la región, pues además ésta palabra se ha convertido en un ícono de identidad bastante fuerte al cual la población se ha arraigado de manera radical. Los regionalismos en nuestro país han promovido la dispersión de la conciencia nacionalista, igualitaria y unificada. 

 

El problema no son las formas de denominar los distintos territorios, si no las consecuencias de cualificar las poblaciones con respecto a sus dinámicas y procesos de desarrollo colectivo, pues estas determinaciones conllevan a adoptar una única forma de “ser” comunidad, dejando de lado la construcción de procesos interculturales que apoyan la pluralidad en ámbitos de desarrollo ciudadano.

Preguntarle a un paisa ¿qué opina de su cultura? es todo un espectáculo, la sonrisa se engrandece y empiezan a aparecer apreciaciones como “los paisas somos alegres, emprendedores, pujantes y berracos” y no puede faltar la de “somos muy solidarios”. Estas autodefiniciones dan cuenta de una conexión muy intensa hacia la propia cultura, pero ¿qué sucede cuándo alguien que es ajeno a estás dinámicas de vida llega a la ciudad?

La capital Antioqueña en su índice poblacional presenta un porcentaje bastante considerable de personas Afrocolombianas las cuales han llegado desde distintas partes del país, no solo del Chocó como la gran mayoría piensa. La presencia de éstas en la ciudad ha sido fundamental en la cimentación de nuevos paradigmas de evolución en el tejido social, sin embargo, la idea del “paisa” desde su postura ególatra ha pretendido silenciar la historia, los conocimientos y costumbres de dichas personas como una forma de persuadirlos hacia la desapropiación de su identidad Afro.

 

Es claro que el traslado de otras culturas a lugares que no son de su origen implica una hibridación de tradiciones y comportamientos propios de cada lugar, pero esto debe ser solo la consecuencia natural de habitar un territorio que no es vernáculo. Estos lugares que acogen el desplazamiento libre o forzoso de otras regiones, no pueden contribuir a la omisión de las formas de expresión y de vida autóctonas de tales culturas, por una parte, porque se deja a un lado la posibilidad de enriquecer los procesos interculturales, y por otra, porque se da pie a la aniquilación absoluta de todo el conjunto de comportamientos, valores y herencias ancestrales que vinculan a estas poblaciones con sus verdaderas raíces.

Medellín tiene entonces la gran responsabilidad de proponer más escenarios mediante los cuales se siga dando espacio al empoderamiento, la divulgación, y conservación de sus distintas culturas, en este sentido la Afrodescendiente. No se puede pensar lo Afro en términos de lo paisa, esto sería ilógico pues son dos polos demasiado distantes. La intención de reconfigurar los métodos de convivencia intercultural en nuestra ciudad, debe obedecer al reconocimiento del otro como un ente dinámico e importante en la comunidad, pero que no precisamente debe celebrar y vibrar por las mismas situaciones ya que no le atañen ni mucho menos lo identifican. 

*Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad de la autora y pueden o no coincidir con las de este medio de comunicación.

*Fotografías: tomadas de Pinterest.

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